LA GESTIÓN BRITÁNICA DE LA EDUCACIÓN ANTICIPA EL MODELO QUE SE SEGUIRÁ EN NUESTRO PAÍS

¿Es esto es lo que les espera a los profesores españoles?

Desde hace más de 20 años, Gran Bretaña ha apostado por un modelo educativo en el que las escuelas se conforman como entidades casi autónomas y

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¿Es esto es lo que les espera a los profesores españoles?
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    Desde hace más de 20 años, Gran Bretaña ha apostado por un modelo educativo en el que las escuelas se conforman como entidades casi autónomas y cuya gestión se determina desde criterios prácticamente empresariales. La obsesión por el presupuesto y por la captación de estudiantes y recursos es cada vez más determinante.

    Además, se ha apostado por la medición personalizada del rendimiento de los maestros, empleando una serie de variables que permiten analizar su desempeño de forma estadística. Y aun cuando siguen existiendo los elementos comunes (todavía hay convenios colectivos) también en los salarios se ha apostado por generar situaciones cada vez más individualizadas.

    Como tercer gran elemento, se ha prestado gran atención a la competitividad. Se ha fomentado un discurso en el que se prioriza la idea de equipos con identidad propia y con un líder al frente que compiten entre sí, extrayendo experiencias de la gestión empresarial y llevándolas al ámbito público. Esa visión ha hecho que se dé mucha mayor importancia a las listas que miden anualmente la calidad de los colegios y que se hacen públicas a través de varios diarios nacionales.

    Finalmente, esta insistencia en la descentralización del sistema y en el fomento de centros educativos con proyectos diferenciados que tratan de atraer el máximo de alumnos convive con un control estatal centralizado que es muy intervencionista y cuyos criterios están muy orientados hacia el cliente.

    Escuelas con forma de empresas

    El problema es que esta corriente (gestión casi empresarial de pequeñas unidades productivas, descentralización, medición estadística e individualizada de los rendimientos) tampoco está ofreciendo los resultados que promete, y en algunos casos está generando efectos contrarios. Esa valoración instrumental del rendimiento que lleva a cabo la Administración está provocando que los profesores actúen cada vez más desde la misma instrumentalidad, y que sólo se impliquen en tareas que les vayan a ser estadísticamente útiles.

    Por ejemplo, si tienen que realizar un número determinado de horas docentes, de administración o de investigación, es probable que se dediquen a contar rigurosamente las horas que dedican a cada parcela, porque saben que no hay una garantía de que les genere algún beneficio o algún reconocimento trabajar de más. O exigirán, en el caso de dedicar más tiempo, que les sea remunerado, algo que en el pasado raramente ocurría a nivel individual.

    Esta gestión con criterios empresariales también está generando una dualización acentuada, ya que cada vez aparecen mayores diferencias entre quienes aparecen como los líderes (los docentes más reconocidos) y el resto. Esto es especialmente notorio en la universidad, donde un catedrático puede tener una retribución salarial que oscila entre 60.000 y150.000 o más libras anuales (aunque la media sea de 75.000), mientras que el resto de docentes no pasan de 30-50.000 libras.

    Ya se empiezan a ver diferencias muy grandes entre este grupo, a lo cual se suma el hecho de que los profesores están viviendo una intensificación del ritmo de trabajo que está produciendo un descenso en la calidad del mismo.

    Estos factores, unidos a la congelación de los sueldos en los últimos años, han provocado algunos cambios llamativos. El nivel de movilización se ha multiplicado, hay un porcentaje mayor de docentes que se han afiliado a sindicatos del sector. Éstos, que antes actuaban como simples asociaciones profesionales, se han vuelto mucho más militantes. Por ejemplo, la ATL ha convocado este año la primera huelga en sus 100 años de historia.

    Toda esta movilización se hace más presente en un instante en el que están apareciendo problemas de violencia y de control en la escuela pública. Hay consenso social respecto de la crisis del sistema escolar, y sólo aparecen diferencias a la hora de abordar las soluciones. La derecha cree que la falta de esfuerzo y de valores es la causa última del problema mientras que la izquierda resalta como factores decisivos la falta de inversión pública y esa obsesión por las jerarquías que separa  a  los colegios públicos de élite de otros centros escolares cada vez más estancados en una crisis organizativa y social. En todo caso, la sociedad tiene claro que la crisis social y/o moral británica es en parte consecuencia de las tensiones en la escuela pública.

    Miguel Martínez Lucio* es profesor de International HRM en la Manchester Bussiness School.

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