O te sientes alegre o tienes mucha introspección que hacer

En estos tiempos tan inciertos que corren es un auténtico lujo mantener una mentalidad positiva, y sin embargo nos dicen todos los gurús del éxito y

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    En estos tiempos tan inciertos que corren es un auténtico lujo mantener una mentalidad positiva, y sin embargo nos dicen todos los gurús del éxito y la felicidad que el positivismo es un ingrediente crítico. ¿Pero cómo se consigue?   

    Tradicionalmente se pensaba que el pesimismo era un problema de carácter. Se nacía o se desarrollaba uno así, y al llegar a adulto la cuestión quedaba fijada de por vida. La llegada de la psicología, el coaching y las técnicas de crecimiento personal abren una puerta a cuestionar y cambiar el propio carácter, pero sigue habiendo mucha confusión y desacuerdo sobre los factores exactos que logran hacer cambiar a una persona.   

    En el campo de la psicología positiva se están desarrollando muchos estudios y teorías sobre los factores que llevan a alguien a pensar en positivo: si explica los eventos mediante causas externas o propias, si tiene buena autoestima o no, por ejemplo. Los conductistas, que buscan la reeducación de comportamientos, proponen así que sus clientes introduzcan mantras positivos y rutinas alegres en su quehacer cotidiano para desarrollar un nuevo modo de enfocar la vida.

    El interrogante, sobre el que ni siquiera los psicólogos se ponen de acuerdo, es si esto basta o no. Mientras unos afirman tener estadísticas de clientes que han cambiado por completo su modo de pensar, otros afirman que estos cambios no duran en el tiempo, o que son superficiales, por lo que los clientes volverían a ser negativos en la siguiente crisis a la que se enfrentasen.   

    Cambiar nuestra respuesta emotiva

    Yo creo que la respuesta es mucho más sencilla en cuanto a explicación, y más difícil en cuanto a ejecución. Los niños pequeños tienen muy pocos problemas de pesimismo o aburrimiento y pensamientos negros. Hasta que los aprenden de sus padres. El estado natural humano es un estado de optimismo y confianza en la abundancia futura, pero de algún modo lo estropeamos en el proceso educativo y luego de mayores nos cuesta mucho volver a ser niños alegres.    

    Para el niño alegre no hay pensamientos negativos. Y para el adulto que se siente joven, energético y disfruta ‘como un enano’ de las cosas tampoco hay catástrofes a la vista. El problema no es tanto lo que pensamos, sino lo que sentimos y por qué lo sentimos. Y los sentimientos no se arreglan con repetir veinte veces una frase optimista. No confundamos a los adultos alegres con los adultos adictos a la alegría que se niegan a ver nada oscuro y huyen de sus problemas con fiestas, compras y risas sin fin.     

    De modo que ser optimista no requiere un montón de disciplinas pesadas de auto-condicionamiento mental. Se trata más bien de cambiar nuestra respuesta emotiva ante el mundo. Si vivimos en una respuesta emotiva joven e ilusionada, todo aparece siempre en color de rosa, como un juego divertido a probar.    

    La respuesta emotiva es la reacción inconsciente que produce nuestro cuerpo ante cada situación antes de que nos dé tiempo a pensar. Como el sentimiento que tenemos al despertar por la mañana, antes de recordar dónde estamos y cómo nos llamamos. Este es el secreto del optimismo, del pesimismo, o del ‘huidismo’ tan expandido en nuestra sociedad moderna.   

    Si quieres ser optimista, empieza por prestar más atención al sentimiento con el que te despiertas por la mañana. Su estado natural es la alegría y la expectación. Si no te sientes así, es que tienes mucha introspección que hacer.

    *Pino Bethencourt es asesora de alta dirección, profesora del IE Business School y socia de IWF.
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