Cuando el terapeuta es el problema
  1. Alma, Corazón, Vida
AUMENTA EL NÚMERO DE PACIENTES QUE NO RECIBE EL TRATAMIENTO ADECUADO

Cuando el terapeuta es el problema

El número de problemas psicológicos que no reciben el tratamiento adecuado es mucho más elevado de lo que sería deseable. En algunas ocasiones no se trata

El número de problemas psicológicos que no reciben el tratamiento adecuado es mucho más elevado de lo que sería deseable. En algunas ocasiones no se trata de que el paciente se niegue a solicitar ayuda, o de que una determinada técnica terapéutica no sea eficaz en sí misma, sino de que es el terapeuta el causante de que la enfermedad no remita o incluso empeore.  Lo que conocemos como iatrogenia, la enfermedad o la patología causada por el sistema terapéutico que supuestamente debería curarla, es más frecuente de lo que cabe suponer a simple vista.

Hablando de dificultades psicológicas, un primer foco de errores terapéuticos proviene del choque entre dos perspectivas, la psiquiátrica y la psicológica. La primera pertenece al paradigma o modelo de la medicina y entiende las dificultades emocionales como producto de desarreglos en última instancia orgánicos, por lo que tiende a etiquetar las conductas en cuadros clínicos delimitados y susceptibles de ser tratados con medicación. La perspectiva psicológica entiende que el ser humano es conflictivo por esencia, que continuamente juegan en él distintas fuerzas y que, en consecuencia, sus dificultades deben ser abordadas mediante terapias basadas en la palabra y en la relación interpersonal. Si sólo administramos medicación, incurrimos casi inevitablemente en procesos de iatrogenia. Estas dos perspectivas, que no son excluyentes entre sí, se aplican cada una con demasiada frecuencia como si la otra no existiera o fuera de rango inferior, lo que hace que el sistema terapéutico se debilite o incluso deje de ser operativo.

Pero también algunos tratamientos psicológicos se convierten en el problema en lugar de en la solución. Hemos de tener en cuenta que la psicoterapia es una disciplina todavía joven (y en España, incluso muy joven), y la juventud suele llevar consigo inseguridad y rigidez. Es frecuente, por tanto, que haya terapeutas que apliquen de forma rutinaria y excluyente un único enfoque psicoterapéutico a todos sus pacientes, lo que conlleva que terminan escuchando más su modelo teórico de referencia que a su paciente, o que le comprendan demasiado mediatizados por su modelo teórico. Así, están más pendientes de ver cómo encaja el caso que tratan en el marco teórico en que se han formado que en aplicar el tratamiento que verdaderamente necesita el paciente. Se ven maniatados por el modelo teórico de su elección y por ello carecen de la suficiente libertad para entablar con el paciente una relación única y adecuada a la especificidad de la personalidad del paciente.

Avance de los nuevos enfoques relacionales

La solución a la iatrogenia tiene múltiples facetas. Es fundamental que se dé una mayor integración de los enfoques y las herramientas terapéuticas de modo que los clínicos puedan contar con instrumentos terapéuticos más flexibles. Pero el logro de esa meta se ve entorpecido por intereses ajenos a la propia ciencia, como sucede en la docencia y en la práctica clínicas. Con demasiada frecuencia el corporativismo médico, aliado y apoyado por las poderosas multinacionales farmacéuticas, excluye del sistema terapéutico  a buenos profesionales de la psicoterapia porque son psicólogos que trabajan con la palabra.

En la docencia universitaria española, el predominio de una concepción de la realidad que promulga soluciones rápidas y supuestamente científicas, junto a una insalubre endogamia, hace que en las carreras de psicología se enseñen casi con exclusividad los enfoques cognitivo-conductuales y se ignoren otras concepciones del psiquismo y de la psicoterapia de comprobada valía. No podemos seguir moviéndonos con información antigua, sesgada, rígida y dogmática. Lo lógico sería que, tanto en la clínica como en la investigación, pudieran confluir ópticas terapéuticas diferentes que nos hicieran avanzar en el proceso de la integración y que nos permitieran contar con instrumentos terapéuticos más efectivos y mejor adaptados a la personalidad de cada paciente.

Mientras llega ese escenario, los terapeutas debemos aguzar el oído a lo que los pacientes nos dicen, escucharles de verdad. Hay que tener en cuenta que se está produciendo un cambio de paradigma en las ciencias humanas. La terapia en particular está dejando de ser una relación entre un sujeto paciente y un sujeto supuestamente experto que ocupan lugares delimitados y claramente separados y, por el avance de los nuevos enfoques relacionales, se está convirtiendo en un campo común en el que ambos se encuentran y en el que el paciente comparte con su terapeuta sus vicisitudes vitales. La psicoterapia se vuelve así más humana, más flexible, más capaz de un diálogo fructífero con los pacientes, más eficaz en sus resultados y por ende menos iatrogénica.

*Manuel Esbert es psicólogo clínico y director de Psimática