Pedro Cavadas: “¡Dios me libre de creer en él!”

Es el Fernando Alonso de los trasplantes, pero no se considera el mejor porque haya sido el primero. Pedro Cavadas es un médico de competición. Lo

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Pedro Cavadas: “¡Dios me libre de creer en él!”
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    Es el Fernando Alonso de los trasplantes, pero no se considera el mejor porque haya sido el primero. Pedro Cavadas es un médico de competición. Lo sabe y lo dice sin problemas. Para unos es Dios. Otros lo tachan de escéptico y de que le falta ética. Él se define a sí mismo como un simple currito. Acepta, sin tapujos y sin pelos en la lengua, hablar con El Confidencial de cómo es el doctor Milagro de la cirugía cuando sale de quirófano.Tiene 44 primaveras, pero si multiplica los años trabajados por una media de 1.800 operaciones cada ejercicio, "ya tengo más de 90 años cotizados".

    Trata a los pacientes que otros médicos no quieren o no se atreven y llegan hasta su clínica como aquellos que peregrinan a Lourdes. Aún así, Cavadas no se siente un superhéroe. "Para que uno se crea que es alguien especial te tienes que creer inmune a todo tipo de complicaciones y catástrofes, y es mentira. Hay casos que no tienen solución, y otros que no salen bien. Yo también cometo errores y no hago milagros. Hay que asumirlo". No cree en los milagros ni en Dios. “¡Huy! ¡Dios me libre de creer en él!”. Por eso no se considera un Superman ni nada que se le parezca. "¡Pero si soy el último recurso al que acude muchísima gente!".
     
    Se dedica a devolver la sonrisa a las personas a las que todos los cirujanos se la daban por perdida. ¿Número de operaciones? Miles. Más de 11.000 en la Fundación Cavadas, que creó hace 14 años. Viaja tres o cuatro veces al año a Kenia para "abrir" a aquellos que son heridos de bala y en la vida han visto a un médico.
    ¿Por qué Kenia? "Porque un día fui y me enamoré".
     
    Él ya ha sido un cirujano rico y ambicioso. Tuvo que pisar África para aprender a vivir sin las cosas artificiales que parece que hacen la vida más cómoda. En cuanto pisó España, se deshizo de los lujos y cambió sus tres Porches por una bicicleta y un Jeep destartalado. "Aquí, en Occidente, nos hemos acostumbrado a tener comida a todas horas, a que no nos disparen nunca, a que si me pasa algo llamo al 112 y una ambulancia me socorre en cinco minutos. Pero la vida real en la mayor parte del planeta no es así”. No da ningún nombre de ningún cirujano estrella porque cree que es un error pensar en esos términos. "Yo soy un currante muy currante y un estudiante que no termina nunca de estudiar. Y no. ¡No sé qué voy a ser de mayor!". 

    "Mis hijas están acostumbradas a entrar en quirófano"
     
    Pedro Cavadas amanece en su Valencia natal a las 6.30 todos los días. Duerme seis o siete horas. A las ocho en punto está en su clínica. Quirófano todas las mañanas, y consulta casi todas las tardes. Ha conseguido adelantar la salida a las diez de la noche. ¿Conciliación? Pues como la zarzamora… “Llorando y llorando por los rincones”. A ratos, y los fines de semana. Separado y padre de dos niñas chinas de 9 y 5 años, le cuesta conciliar tanto como al resto de los españoles. Por eso reserva el fin de semana para la caza con arco ("me chifla") y para sus hijas, su gran debilidad. “Ellas siempre dicen que su papá es el más listo de todos. Pasan conmigo consulta muchas veces, y sí, han entrado cientos de veces en quirófano. Están muy acostumbradas”. 
     
    Su maratón más largo fueron 18 horas seguidas en quirófano. ¿La primera vez que pisó una sala? "¡Cómo olvidarme! Era estudiante de cuarto de medicina. Simplemente me puse la bata y entré para pasar gasas al cirujano responsable. Era un simple legrado, pero salí encantado de ver aquello”. Habla de la sanidad pública como un círculo vicioso en el que la factura sanitaria no para de crecer. "No hay Dios que pague eso, y alguien tendrá que ponerle el cascabel al gato. El problema es que, quien lo haga, que le quede bien claro que perderá las elecciones”.

    Sabe (y no niega) que posee unas manos de oro. "Es obvio que tengo una habilidad especial en las manos. Pero igual que miles de personas. He dedicado un trillón de horas a estudiar y otro trillón de horas a trabajar". Le “resbalan” las críticas, por eso no entra en la guerra de egos entre cirujanos. “Cada vez me socializo menos con los colegas de la profesión.Yo sé que soy un tío raro, poco social, y no. No voy a esas verbenas que organizan”. ¿Dónde están los límites del cirujano de las manos de oro? “Donde la ciencia médica diga. Todo se ha hecho conforme la medicina ha ido avanzando. No hay grandes conquistadores ni descubridores médicos”. Y él no se considera, "ni mucho menos", uno de ellos.

    Alma, Corazón, Vida
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