Sexo anal... Mitad mito, mitad realidad

Sexo anal... Mitad mito, mitad realidad

Durante muchos años es una de las prácticas sexuales que se atribuía sólo a homosexuales. Incluso se le ha tachado de no ser natural por no

Foto: Sexo anal... Mitad mito, mitad realidad
Sexo anal... Mitad mito, mitad realidad

Durante muchos años es una de las prácticas sexuales que se atribuía sólo a homosexuales. Incluso se le ha tachado de no ser natural por no cumplir con la regla de reproducción. Por eso todavía cuesta reconocer que gusta, que se practica y que puede ser de lo más placentero. Con un poco de práctica, los instrumentos adecuados y un cuidado “especial” por parte de la pareja, el sexo anal puede alzar a la persona hasta el orgasmo máximo, totalmente diferente y, según dicen los más entendidos, conseguir el clímax total.

Más o menos, entre un 30 y un 40% de los practicantes habituales de sexo admiten haberlo probado. Si se pregunta por una práctica habitual, el porcentaje se reduce. No se puede afirmar rotundamente qué parte de los españoles lo practican, porque no hay datos oficiales que recojan tales cifras. “Para disfrutar y hablar del sexo anal lo primero que debe hacer la sociedad entera es quitar los tabúes de encima”. Vicente Briet, sexólogo y miembro de la Federación Española de Sexología (FES), habla de un tema muy estigmatizado por una sociedad “muy homófoba y muy poco dada a comunicar qué prácticas sexuales nos gustan más”.

Briet echa por tierra el mito del sexo anal entre los homosexuales. “Aunque se crea que la práctica sexual más habitual entre homosexuales es el sexo anal es mentira. Practican mucho más sexo oral que anal”. En una pareja de heteros, Briet aboga por el famoso punto G que los hombres guardan en la parte más íntima de su trasero. “No sé por qué los chicos heterosexuales tienen vetado que sus chicas les estimule el ano con sus dedos… Están desaprovechando una zona de erotización inimaginable”. Falta comunicación. Ni ellos ni ellas cuentan a sus respectivos sus fantasías eróticas ni se dedican el tiempo que necesitan para alcanzar el máximo clímax.

Se busca el clímax total

¿A los dos os apetece probarlo? “Cuidado con cómo hacerlo, porque puede quitar las ganas de volverlo a hacer si no se hace sigilosamente. Recordad que el recto no admite un cuerpo extraño. Así que necesitáis excitarlo para que os acepte”. La base del éxito de esta práctica son los preliminares…. “No tengáis prisa. Alargarlos, alargarlos hasta que los dos estéis muy pero que muy excitados”, aconseja Briet.

Al conseguir la excitación máxima, la líbido subirá de tal manera que se elevarán las ganas de probar nuevas experiencias. “Lo más importante es que la mujer esté bien lubricada y él excitado al máximo”. Él acariciará el ano. Poco a poco. “Empezará por introducirle un dedo. Luego dos. Que pruebe con tres… Y que no falte lubricante. Sin miedo, poquito a poco”. Una vez que las caricias se confunden con el pene del chico, el camino ya está hecho.

Ahora toca entrar y disfrutar. “Chicos: tened cuidado al introducir el pene. No tengáis prisa: el tiempo es tuyo”. Se necesita mucha paciencia y no dejar de juguetear con las caricias, con la lubricación vaginal y el clítoris. “Si duele, necesita más lubricante. Colócalo en el ano o en el pene. Y no olvides de que debe ser una penetración suave, para que se convierta en placentera”. Al final, cada pareja marcará el ritmo y la intensidad. El clímax llegará solo.

Aquellos que no se avergüenzan de contar que lo practican y han compartido su experiencia con los demás, hablan de un placer en el que los músculos vaginales y anales se contraen, proporcionando un orgasmo que sólo analmente se puede conseguir. Un último consejo: higiene y mucha protección. “Es la práctica sexual que más enfermedades de transmisión sexual provocan”. Aviso de sexólogo.

Alma, Corazón, Vida
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