Es tan difícil desengancharse de la heroína como de las compras compulsivas

¿Cuándo una persona se 'engancha' a algo o a alguna persona? ¿Alguien es más propenso que otro a sufrir dependencias emocionales o materiales? ¿Cómo llega el

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Es tan difícil desengancharse de la heroína como de las compras compulsivas

¿Cuándo una persona se 'engancha' a algo o a alguna persona? ¿Alguien es más propenso que otro a sufrir dependencias emocionales o materiales? ¿Cómo llega el cuerpo a depender de otra cosa? ¿Se puede dejar de sentir ese vínculo por ese algo o esa persona, o sólo se puede controlar? Cuando ya se asume que se está 'enganchado', son muchas las preguntas que se hace un adicto que no ve salida al ‘mono’ que lleva dentro.

 

Hay estudios que demuestran que casi la mitad de los seres humanos, sin distinguir entre color, sexo, nivel cultural, país de origen ni edad, se ha declarado legalmente adicta. Heroína, cannabis, cocaína, juego, compras, alcohol, tabaco, trabajo, teléfono, Internet, un novio… casi cualquier actividad de la vida diaria puede ser objeto de una adicción que marca el ritmo de tu vida y el modo de vivirla. Los expertos aseguran que es tan difícil desengancharse de una sustancia como la heroína que alejarse de un mal hábito, como echar todos tus ingresos en el saco roto de las máquinas tragaperras.

 

¿Uno nace con la predisposición de ser adicto o se ‘engancha’ por el camino? Para unos, es cosa de los genes. Para otros, influyen factores psicológicos como la personalidad o la inseguridad que una persona tiene en sí misma. Están también los que alegan que es fruto de determinados factores sociales. Dicen que cada persona desarrolla un tipo u otro de adicción en función del entorno social en el que se mueva. Eso sí: cada uno alega su particular calvario por el que no pueden dejar de ‘consumir’. José Antonio Molina, experto en adicciones, recuerda que cuando llegan a consulta casi siempre lo hacen empujados por algún familiar que se ha alertado ante un cambio en su personalidad. “A mí no me pasa nada”, “tampoco es para tanto”, “si lo hace todo el mundo” suelen ser frases que retumban en su sala de atención a adictos. Lo primero que tiene que aceptar el enfermo es que tiene un problema. “A partir de ahí, trabajamos en una recuperación personalizada que dependerá de la persona y la adicción”.

 

Toda dependencia nace en el momento de que aporta algún tipo de satisfacción que permite escapar del problema del que queremos huir. Unos beben porque quieren evadirse de la familia; otros necesitan tomar drogas para incrementar los momentos de euforia. Hay quien necesita hacer el amor todos los días a todas horas. Están los que necesitan echar todos sus ingresos en cualquier juego de azar o los que no pueden dejar de controlar a sus parejas porque alegan quererlos demasiado. “No hay un único origen del problema”, insiste Molina.

 

Una de las adicciones que más se se está poniendo de moda es la dependencia emocional, y no sólo es un asunto de mujeres. Se sienten enganchados a una persona y viven únicamente para y por esa relación. Si termina, entonces necesitan buscar compulsivamente a otra persona, que volverá a convertirse en otro objeto sentimental. Por el nuevo estilo de vida que se ha implantado en los últimos años y por la competitividad extrema que se ha multiplicado, se han extendido por el mundo, probablemente, las tres adicciones más internacionales: la ludopatía, la obesidad mórbida y el estrés laboral. Lo último en adicciones suena a Internet, y sus adictos cada vez son más jóvenes. “Todavía es pronto para incluirlos en el saco de los adictos. Pero los hábitos van cambiando. Hace diez años había mucho más heroinómanos en consulta. Ahora sobresalen los cocainómanos y los alcohólicos”, resume Molina.

 

Gustan los cambios emocionales

 

No todas las drogas son iguales y depende del consumo. Sí es cierto que todas desinhiben y disminuye las barreras de represión. Se ha llegado a cuantificar en un 10% la población occidental alcohólica, una droga que aunque esté legalizada destroza el hígado y el cerebro.

En el bando de las ilegales, la cocaína parece ser lo más cool entre los jóvenes. Gusta la excitación que provoca en el cuerpo, provocando cambios emocionales variados que pueden llegar a provocar crisis de ansiedad, destruye las neuronas cerebrales y puede producir alteraciones mentales si su consumo es frecuente. “Pero las drogas legales, el tabaco y el alcohol, son las que más daño hace en el cuerpo”, resalta Miguel Cárdenas, otro experto en adicciones. 

 

Los expertos insisten en que las adicciones son dolencias que sufren muchas veces en silencio sus protagonistas, pero es un problema social y familiar. Por eso creen que es fundamental conocerlas para poder hallar soluciones. Y, sobre todo, que el adicto reconozca que tiene una dependencia. “Hay que querer resolver el conflicto, reconocerlo, asumir la adicción, querer superarla, comenzar a hablar de ella, hacer una introspección a tu vida para averiguar la causa, llegar al conflicto, hablar de él, reconocerlo y visualizar la situación vivida y asumir el conflicto como algo que tuvo sentido en aquel momento pero que no lo tiene en el momento actual”, comenta Cárdenas. Si se quiere, siempre que uno sea consciente de que sufre una adicción, puede resolver el problema. Eso sí: se habla en clave de recuperación, mejora, evolución favorable. “Uno nunca está curado del todo. Las adicciones son crónicas por razones neurobiológicas como psicológicas”, dice Molina. Un simple “por esta vez no pasa nada” podría deshacer todo el buen camino andado. 

 

Alma, Corazón, Vida
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