ENTREVISTA AL EXPERTO INTERNACIONAL EN LA ENFERMEDAD DE LAS EMOCIONES, FRANCESC COLOM

Trastorno bipolar, conviviendo con una enfermedad 'invisible'

Una de cada diez personas que usted conoce padece ciclotimia: el trastorno bipolar en su estado más leve. Ellos, junto con quienes padecen la enfermedad psiquiátrica

Foto: Trastorno bipolar, conviviendo con una enfermedad 'invisible'
Trastorno bipolar, conviviendo con una enfermedad 'invisible'
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    Una de cada diez personas que usted conoce padece ciclotimia: el trastorno bipolar en su estado más leve. Ellos, junto con quienes padecen la enfermedad psiquiátrica como tal, son más de dos millones de españoles. Viven episodios de manía y de depresión y requieren un tratamiento farmacológico de por vida. Correctamente tratados, llevan una vida normal. Están en su trabajo, aunque no lo note. La mitad de ellos lleva el tratamiento a rajatabla y su enfermedad, aunque presente, es invisible.

     

    No son genios, ni personajes excéntricos como muchos puedan pensar. Simplemente padecen “una alteración biológica de los mecanismos que regulan su estado de ánimo”. El doctor Francesc Colom, del Clinic de Barcelona, conoce la enfermedad a la perfección. Ha tratado a cientos de pacientes y varios libros sobre el tema le avalan. “Es una enfermedad del cerebro que provoca que aquél que lo sufre tiene alteraciones patológicas de su conducta, sus pensamientos y sobre todo sus emociones en forma de grandes elevaciones de la actividad, de la emoción, etc. y periodos de depresión caracterizados por todo lo contrario; por periodos de apatía, cansancio, tristeza...”

     

    La manía, coloquialmente y muchas veces mal llamada euforia, es un estado prolongado en el tiempo que puede durar desde 5 o 6 días hasta varios meses dependiendo del paciente y del tratamiento, que se caracteriza por la presencia de mucha hiperactividad, mucha disponibilidad de energía, una gran irritabilidad... Son pacientes que gastan mucho dinero y que presentan tendencia a cierta desinhibición social e ignorancia del riesgo. Todo ello provoca un gran sufrimiento y puede provocar sociales, afectivos y laborales”, ha explicado a El Confidencial.

     

    Una enfermedad invisible

     

    Francesc Colom dice que “se calcula que lo sufren, entre formas duras y suaves, entre el 2 y el 4% de la población lo cual en España equivale a algo más de dos millones de personas. Es una enfermedad relativamente invisible por ignorancia, porque hasta hace poco no se había diagnosticado bien. Es una enfermedad de estigma: no explican que la padecen, cada uno lo lleva en su vida privada, en su intimidad, en silencio. Puede parecer oculta pero la sufre muchísima gente de nuestro alrededor. Una de cada diez personas que conocemos sufre ciclotimia: el trastorno en su estado más leve”.

     

    ¿Avergüenza padecer una enfermedad mental? El experto afirma que “la sociedad castiga mucho a los bipolares. No es lo mismo tomarse un comprimido de clamoxil o de ibuprofeno en el comedor de la empresa con los compañeros que un antidepresivo, un antipsicótico o un estabilizador del ánimo. Se da la imagen de que las personas con trastorno mental puede ser personas agresivas, poco confiables, constantemente problemáticas... pero no es así. Si están bien compensados son personas tan agradables y funcionales como cualquiera”.

     

    Sin cura y de obligado tratamiento

     

    Colom confiesa que “no podemos hablar de cura sino de tratamiento. La enfermedad se puede tener compensada durante largos periodos de tiempo o incluso durante toda la vida siempre que se siga un tratamiento farmacológico adecuado y unas rutinas que implican no consumir tóxicos, controlar las situaciones estresantes y llevar un adecuado equilibrio de hábitos de trabajo y sueño. De no seguirse las recomendaciones, la enfermedad podría ir muy mal. Es la sexta causa de discapacidad en el mundo según la Organización Mundial de la Salud. Si no se sigue el tratamiento podría conllevar grandes problemas laborales y sociales, perder amigos, romper relaciones de pareja, familiares... Sin controlarla adecuadamente es una enfermedad fuente de gran sufrimiento y discapacidad. Las fases de manía y depresión o se dan o no se dan. Lo que hace la medicación es que estas fases sean mucho más infrecuentes pero el riesgo nunca va ser 0. Con medicación se dan más espaciadas, leves y breves en el tiempo”.

     

    “La enfermedad no se puede controlar sin la medicación. Es como la miopía: una condición crónica sin cura pero con tratamiento. Si el regulador de las emociones del cerebro funciona adecuadamente, será así durante toda la vida por lo que hay que medicarse de por vida”, explica. “La única terapia probada por la comunidad científica es la psicoeducación para enseñar al paciente a convivir con su enfermedad y a tratarla. Hay tratamientos que no solo no sirven sino que pueden ser dañinos”.

     

    “El estrés y las condiciones adversas en la vida pueden desencadenar nuevos episodios, pero no originan la enfermedad. La frecuencia de trastorno bipolar es igual en todas las partes del mundo –no tiene nada que ver con sociedades más o menos industrializadas- y pensamos que la incidencia ha sido la misma durante toda la historia. Es una enfermedad tan biológica como la diabetes o la esclerosis múltiple, en la que los factores externos pueden modificar la calidad de vida pero no la originan. La enfermedad puede surgir en cualquier momento de la vida aunque lo más común es que se surja entre los 15 y los 30 años y así como la depresión es más frecuente en mujeres, se da por igual en ambos sexos. Sólo requiere de en fases intensas: en una depresión muy aguda o en fases de manía incontrolables: siempre que el paciente presenta riesgo suicida o un descontrol importante de la conducta”, asegura.

     

    Una enfermedad antigua

     

    Aunque quienes la padecían no sabían lo que era, Francesc Colom recuerda que “hay escritos del siglo III antes de Cristo que ya hablan de algo parecido al trastorno bipolar. De hecho, en el siglo XVIII el rey español Fernando VI la padeció, descrito por su médico de cámara, pero como no existía un diagnóstico correcto ni un tratamiento eficaz, se les trataba como endemoniados o embrujados y se les hacía la vida muy complicada. A principios del siglo XX lo habitual era que el paciente estuviera ingresado durante largos periodos de su vida o incluso durante toda la vida. Desde que hay tratamiento, a mediados de los 50 y posteriormente con la revolución del tratamiento en los 80 y 90, pueden llevar una vida prácticamente normal”.

     

    “Los medios de comunicación están empezando a hacer un esfuerzo. Hasta ahora, o bien se había ignorado la enfermedad por vergonzante por parte de quien la padecía o bien se había hecho un uso un morboso desde los medios de comunicación. No se puede vincular con la agresividad, con problemas muy espectaculares en la vida o con personas excéntricas. Hay que diferenciar claramente las personalidades peculiares con un trastorno psiquiátrico en toda regla como es el trastorno bipolar”.

     

    Lo más importante es diagnosticar a tiempo la enfermedad. “No es que cada vez haya más gente con trastorno bipolar sino que cada vez hay más gente diagnosticada porque lo aprendemos a detectar mejor y vemos antes la enfermedad”, afirma Colom. Bien tratada y compensada, “la enfermedad puede quedar dormida durante diez o veinte años pero no es lo más común, como tampoco es común que el paciente se tome la medicación a rajatabla”. El error está que “muchos creen que ya se han curado y dejan la medicación”. Una desgracia que, según el doctor, “ocurre en la mitad de los casos”.

     

     

     

     

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