EROTICÓN

Esclavas de las mafias del sexo

Ellas no son como Marien: no cobran 600 euros por una ‘velada’ de cinco horas ni eligen con quién acostarse. Son muchas más –miles-, vienen engañadas

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Esclavas de las mafias del sexo
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    Ellas no son como Marien: no cobran 600 euros por una ‘velada’ de cinco horas ni eligen con quién acostarse. Son muchas más –miles-, vienen engañadas a España, no ganan dinero y no se prostituyen: las prostituyen. Son víctimas de explotación sexual, de mafias y de demandantes de sexo españoles.

     

    La Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituída (APRAMP) trabaja directamente con ellas a pie de calle. Rocío Mora, de APRAMP, ha explicado a El Confidencial que “nuestra unidad móvil acude a los focos de prostitución tres veces al día. No sólo a lugares abiertos sino también a pisos, saunas... Aunque lo más interesante son los pisos particulares. Atendemos a una media de 248 personas cada día, de las cuales la mayoría son víctimas de la explotación sexual. Nos presentamos, les damos información, les explicamos que pueden acudir al médico...”.

     

    “Si de tantas sólo llegan 20 al piso de protección, es que la inmensa mayoría no se puede mover. El 90% de las mujeres con las que tratamos están explotadas por lo que no entiende como se habla de tanto porcentaje de prostitución libre”, añade.

     

    El viaje desde sus países no es gratuito. Dependiendo del país del que provengan, de la mafia... varía el tiempo de explotación, que suele ser años, según afirma Mora. “La mayoría llegan captadas y están ejerciendo desde el primer día. Quienes las traen no son sólo proxenetas. Los nexos de muchas mafias son sus propias familias, sobre todo en el caso de las procedentes de Rumanía”.

     

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    Aunque existen, las hacen invisibles. Muchas mujeres son explotadas en pisos donde lo único que ven del exterior es la cara de los usuarios de la prostitución. Allí “son tratadas como animales. Viven en condiciones infrahumanas. Son violadas muchas veces y forzadas”.

     

    El mensaje que quieren enviar desde la asociación a los clientes de esta prostitución obligada es “que visualicen este problema como una violación de derechos humanos. Los clientes que acuden a estos pisos y las ven los magulladuras echan la vista hacia otro lado”. Cuenta Mora que a las mujeres obligadas a prostituirse en la calle “las visten perfectas y les hacen sonreir, por lo que muchos pueden pensar que están ahí porque quieren, cuando no es así. Cuando conseguir salir temen por su vida. Tienen miedo durante años. Arriesgan la vida denunciando”.

     

    El inicio de su nueva vida con la ayuda de APRAMP supone que “empiezan desde cero. No tienen dinero y se les ayuda a través de formación para la inserción laboral. Se les ayuda a recuperar sus documentos de identidad..., pero queda mucho por hacer”. A los políticos les piden que regulen la prostitución como un trabajo si quieren, “pero esto es no es prostitución, es explotación. Nosotros no trabajamos con prostitutas de alto estanding ni en la prostitución en Internet. Entendemos que habrá quienes estén a gusto prostituyéndose, pero porque lo hacen libremente”.

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