EL EROTICÓN

Anatomía erógena de los genitales masculinos (II)

En el artículo anterior hablamos de la sensibilidad del pubis, perineo, escroto y ano masculinos. En este artículo continuaremos hablando sobre la anatomía erógena de los

Foto: Anatomía erógena de los genitales masculinos (II)
Anatomía erógena de los genitales masculinos (II)

En el artículo anterior hablamos de la sensibilidad del pubis, perineo, escroto y ano masculinos. En este artículo continuaremos hablando sobre la anatomía erógena de los genitales de ellos, y las zonas cercanas...

Ya que vamos a hablar del pene, nos gustaría comenzar recordando que no es la única zona sensible del cuerpo, ni tampoco es necesariamente la más importante. Muchas personas aún piensan que la única sexualidad posible le viene al hombre (y de rebote a la mujer) por y a través del pene. Piensan que las caricias, los besos, los mordiscos, los susurros, las risas, los juegos... no son parte del sexo, que el sexo sólo tiene que ver con el pene y la vagina (o con situaciones en las que tengan presencia y protagonismo el pene y la vagina).

 

Pero la erótica tiene que ver con esto y con mucho más. La educación recibida por los hombres, por desgracia, normalmente está orientada a que centren su atención en las zonas genitales y descuida (incluso entorpece) el desarrollo de la sensibilidad del resto del cuerpo, y el gusto por las caricias recibidas y otorgadas como un fin en sí. Está claro que el pene es extremadamente sensible, pero el placer del hombre no sólo puede lograrse a través del pene. Algunas parejas lo descubren porque practican el arte de acariciar (y ser acariciado o acariciada) en partes del cuerpo diferentes a las genitales, y sin utilizar la caricia siempre como camino hacia el coito, o incluso el orgasmo. Por lo que respecta al ogasmo, cabe recordar aunque las caricias en los genitales pueden utilizarse de forma prolongada y rítmica para lograr un orgasmo, también se pueden ofrecer como un modo de dar placer sin más, sin perseguir dicho objetivo.

No obstante, en el caso del pene (al igual que el clítoris, por ejemplo), es posible que la estimulación continuada lleve a un punto en el cual la excitación sea tan intensa, que la interrupción de la misma sin haber llegado a un orgasmo sea desagradable.

Algunas parejas, por tanto, prolongan el placer durante más tiempo sin llegar este punto, prodigando la caricia con cuidado, con dosis moderadas y/o a intervalos moderados, incluso deteniéndose si es necesario. Las caricias en el pene también se pueden alternar y simultanear con caricias por todo el cuerpo (en zonas cercanas, como la cara interna de los muslos o las nalgas, más alejadas como los pezones, etc.)

 

 

El pene

 

Antes de nada queremos recordar que la mejor manera de conocer las preferencias en materia de caricias por parte del compañero, es preguntarle a él directamente. Los gestos de dolor producidos por caricias torpes (aunque bien intencionadas) en esta zona tan delicada pueden ser malinterpretados como muestras de placer, por lo que siempre es mejor comunicar los gustos, el agrado o desagrado que acompaña a cierta caricia. No hay que tener vergüenza de preguntar, ni de sugerir, ni de orientar y dejarse orientar. Tampoco hay que pensar que las instrucciones del tipo "más arriba", "más abajo", "un poco más lento" etc., restarán espontaneidad a la situación. La espontaneidad a veces no es compañera del placer. Además, también existe la posibilidad de comunicarnos mediante gestos, o guiar a la pareja con la mano. Por supuesto, esto es válido para los genitales de él y para los de ella.

Al inicio del pene, en la punta, se encuentra la zona denominada "glande" del pene. Más abajo vemos el cuerpo del pene, que se prolonga desde el glande al escroto (el escroto es la piel que cubre los testículos y los protege). El glande es la parte más sensible. Algunas parejas lo acarician con la lengua, o con la punta de los dedos humedecida (en esta piel la fricción sin humedad puede causar irritación). En general suelen ser más adecuados los toques y pasadas leves y delicados (siempre delicados en esta zona) hechos sin brusquedades y sin prisas, y con la zona lubricada o humedecida.

 

El cuerpo del pene también es sensible, aunque menos que el glande. Las parejas suelen acariciar esta zona con la mano en forma de anillo, rodeando al pene y estimulando en sentido ascendente y descendente.Si se desea retrasar la eyaculación, muchas parejas realizan caricias de este tipo, interrumpiéndolas cada pocos segundos para permitir que descienda el grado de excitación. Y de esta forma, se puede prolongar la estimulación. Otra posibilidad que utilizan algunas parejas para retrasar la eyaculación (o incluso impedir que se produzca), es realizar las caricias con un ritmo muy lento.

 

En las parejas heterosexuales, hay ocasiones en las que la mujer se molesta si el hombre eyacula “pronto” en este tipo de caricias o en el coito (o incluso, el propio hombre se preocupa si esto sucede). Lo cierto es que esto no tiene que ser un problema, ya que la relación y el contacto pueden continuar aunque él haya eyaculado. Haber tenido un orgasmo no impide al hombre seguir acariciando a su compañera con todo su cuerpo, aunque no tenga erección. Ni tampoco impide que el hombre siga siendo acariciado. La piel del escroto, desde la base del pene hasta el perineo, también es bastante sensible, aunque hay hombres que no disfrutan de las caricias en esta zona porque se encuentran inquietos ante el temor de una estimulación molesta en los testículos. Otros, en cambio, sí disfrutan de las caricias en esta zona.

 

En cualquier caso, y además de tener en cuenta los gustos particulares del hombre en cuestión, las mejores caricias en esta zona, al igual que en cualquier otra parte del cuerpo, son las que se realizan con ternura y olvidándose del reloj.

 

* Ana Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga

 

Asociación. Lasexología.com

 

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