Peculiaridades eróticas: los materiales del deseo (I)
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EL EROTICÓN

Peculiaridades eróticas: los materiales del deseo (I)

Si observamos las clasificaciones que a lo largo de la historia se han hecho sobre los denominados ‘trastornos sexuales’, encontramos una sospechosa tendencia a denominar

Si observamos las clasificaciones que a lo largo de la historia se han hecho sobre los denominados ‘trastornos sexuales’, encontramos una sospechosa tendencia a denominar enfermedad o trastorno (parafilias, en su denominación más reciente) a todo aquello que se aleje del coito heterosexual.

En una cultura como la nuestra, todo lo que se aleje o incluso no tenga relación ninguna con dicha práctica, pese a que produzca satisfacción o placer erótico, se considerará extraño, raro o anormal. Si se parte de un concepto de la erótica centrado en el coito reproductivo, toda la erótica no reproductiva no se entenderá, su sentido o significado escapará a nuestra comprensión. Pero es evidente que en la erótica humana hay muchas peculiaridades del placer y del deseo que nada tienen que ver con el coito.

Hace algunas décadas, por ejemplo, las caricias orales en los genitales (relación no reproductiva) eran consideradas una perversión, y aún son consideradas de esta forma por muchas personas. Freud consideró en su día que las mujeres que tenían orgasmos por estimulación del clítoris (con caricias orales o con la mano), pero no por el coito, eran inmaduras y padecían un trastorno del que debían curarse con años de psicoanálisis (cura que, por cierto, como el propio Freud reconocía, no solía dar resultado).

También la homosexualidad (que implica relaciones no reproductivas) ha sido considerada durante muchos años una enfermedad, un vicio y un trastorno, y se han intentado diversos métodos de curación sin, obviamente, el resultado esperado: la orientación del deseo hacia personas de distinto sexo.

Otro ejemplo sería la masturbación (otra conducta no reproductiva) que ha sido tildada en el pasado de vicio y práctica enfermiza o inmadura y, aún a día de hoy, si una persona disfruta o logra un orgasmo con más facilidad con la masturbación que con el coito, es considerada extraña o se piensa que tiene un problema. Y, por supuesto, las relaciones eróticas entre personas de edad avanzada (relaciones también no reproductivas) han sido condenadas durante mucho tiempo.

¿Trastornos o peculiaridades?

La larga enumeración de trastornos sexuales va poco a poco volviéndose más corta. La masturbación, la homosexualidad, las caricias orales en los genitales y los orgasmos femeninos no coitales salen paulatinamente de la lista negra.

Pero quedan aún muchas conductas y fantasías eróticas que son miradas con extrañeza y/o rechazo, o tratadas directamente como enfermedades. Peculiaridades como el gusto por exhibirse corporalmente y genitalmente ante otras personas, por observar las conductas eróticas de otros, por los juegos de roles (sumisión o dominación, los denominados masoquismo y sadismo), etcétera.

Lo cierto es que muchas de estas peculiaridades eróticas están presentes en mayores o menores dosis en la inmensa mayoría de las personas. Y también en la mayoría no llegan a extremos tales que dificulten o imposibiliten sus relaciones, o bien les induzcan a dañar a otras personas. Podemos encontrar casos de muchas peculiaridades eróticas (a veces catalogadas como enfermedades o trastornos), en pequeñas o grandes dosis, en gran parte de la población.

Un ejemplo: el sadismo de andar por casa

Existen frecuentes casos, por ejemplo, de sadismo en pequeñas dosis (llamémosle ‘sadismo de andar por casa’) que muchas personas usan para añadir erotismo a un encuentro. Una muestra sería el caso de los amantes que disfrutan dándose pequeños mordiscos (más o menos fuertes), dándose palmadas en las nalgas o clavándose las uñas. Cuando se habla de sadismo suele suceder que se piensa en los infrecuentes casos de sadismo extremo. Se olvida que esta peculiaridad está presente en pequeñas dosis, y sin causar daño alguno (incluso enriqueciendo la relación) en gran parte de la población.

Otro ejemplo de otra peculiaridad muy frecuente es el denominado masoquismo. Muchas personas disfrutan con los mordiscos suaves, con los arañazos, o con pequeños juegos de sumisión (como que su pareja retenga sus manos o le dé órdenes).

Estos juegos eróticos están presentes en los encuentros de muchas personas. Incluso otros muchos juegos, como jugar a ser atado, a obedecer órdenes, a recibir suaves azotes, etétera... son muy frecuentes. Y, sin embargo, cuando se utiliza el término masoquismo, parece que se está hablando de algo marginal y extraño.

En muchos casos, se habla de masoquismo para hacer referencia a conductas o deseos extremos, que causan incluso graves daños físicos o psíquicos (casos bastante infrecuentes), olvidando las pequeñas conductas o pequeños deseos masoquistas que comparte gran parte de la población y que enriquecen sus relaciones ofreciendo más oportunidades para jugar y para el encuentro.

Cuando se habla de conductas masoquistas o sádicas se suele mencionar que es muy importante pactar bien este tipo de prácticas y hacerlas de mutuo acuerdo. Por supuesto, esto es importante, como también pactar y hacer de mutuo acuerdo los coitos. Sobra decir que en toda relación erótica debe respetarse siempre la libertad y el deseo del otro.

Las peculiaridades son materiales con los que se va construyendo el deseo. Sin su presencia (usualmente en pequeñas dosis), muchos deseos se desmoronarían o se empobrecerían. Hemos hablado de algunas de estas peculiaridades, pero existen muchas otras. Dedicaremos el próximo artículo a repasar algunas de ellas.

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Asociación www.lasexologia.com.

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