Educación (anticapitalista) para la ciudadanía

La izquierda no es relativista: cree en conceptos fuertes de verdad y de justicia. Nada que ver, por tanto, con esas ideas recientes según las cuales

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Educación (anticapitalista) para la ciudadanía
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    La izquierda no es relativista: cree en conceptos fuertes de verdad y de justicia. Nada que ver, por tanto, con esas ideas recientes según las cuales todo quedaba reducido a la opinión de cada cual, donde una cosa no era más cierta que otra, donde todo dependía de la mirada de los observadores. Al menos así es la izquierda que defienden Carlos y Pedro Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero y Miguel Brieva (ilustrador) en Educación para la ciudadanía; Democracia, capitalismo y Estado de Derecho (Ed. Akal), un libro que fue pensado como apoyo para esa asignatura últimamente tan cuestionada y que será ampliado el próximo año al objeto de convertirle en texto docente para los alumnos de 14 y 15 años.

    El punto de partida con el que los autores abordan la asignatura se hace, pues, muy evidente en el contenido de la obra: “Los libros de texto que van apareciendo se olvidan siempre de que estamos en una sociedad capitalista. Nosotros queríamos subrayar ese hecho, haciendo saber que no vamos a pasar por el aro neoliberal sin ningún tipo de espíritu crítico”. Carlos Fernández Liria espera los reproches, toda vez que “se nos acusará desde la derecha de estar haciendo adoctrinamiento marxista, pero sólo decimos la verdad: que una educación en valores no puede olvidar la realidad. El Estado de derecho y la ciudadanía, por ejemplo, son proyectos ideales, y teníamos que ver cuál era la expresión real de esos principios”. Pero esto, resalta Fernández Liria, “no significa que estemos politizando la asignatura; quienes están haciendo verdadera política son quienes dicen no hacerla”.

    En realidad, la postura política que invocan los autores fue poco apreciada en sectores de la izquierda del siglo XX, que veían en el Estado de derecho y en la democracia parlamentaria simples residuos ideológicos de la burguesía capitalista. Y que sean ahora reivindicados continúa generando ampollas en esos mismos sectores. “Nuestra defensa del Estado de Derecho ha sorprendido en algunos ámbitos de la izquierda, especialmente en sectores del partido comunista. Además, la izquierda más dogmática nos ha acusado de una deriva socialdemócrata. Pero no estamos dispuestos a aceptar esa clase de postulados”. Sobre todo porque, en opinión de Fernández Liria, “lo que ha demostrado la historia del siglo XX, y damos datos comprobables en el libro, es que el capitalismo y la democracia parlamentaria son estrictamente incompatibles. El parlamentarismo ha funcionado bien siempre que ha gobernado la derecha, pero cuando la izquierda ha llegado al poder y ha querido gobernar con su programa dentro de la democracia nunca se la ha dejado: o se han dado golpes de Estado o se ha hostigado duramente a los países que la izquierda dirigía. Por eso decimos que con el socialismo sí es posible que el Estado de Derecho funcione y que no lo es con el capitalismo”.

    Y es que la perspectiva de los autores trata, además, de recuperar para la práctica política conceptos ilustrados que la izquierda ha tendido a ignorar. “Lo que pretendemos – afirma Carlos Fernández Liria- es recuperar el nervio ilustrado del pensamiento de Marx, que se puede rastrear y que es plenamente válido: existe un Marx completamente ilustrado”. Pero si algo se ha resaltado del filósofo alemán en los últimos 50 años no ha sido precisamente esa vertiente. “Somos muy conscientes del desastre teórico y práctico de la tradición marxista. Por una parte se malinterpretó a Marx y por otra se generó, posiblemente a consecuencia del fracaso político, un Marx académico y posmoderno de escasísima relevancia práctica o política”. El resultado final es que “se trata a Marx como si fuera un perro muerto, como si ya no tuviera gran cosa que decir. Y más al contrario, su pensamiento está enteramente vivo y resulta muy pertinente si se trata de llenar de contenido algo como la Educación para la ciudadanía. Porque se trata de medir la sociedad capitalista con el lema ilustrado de la sociedad moderna”.

    Y uno de los asuntos donde más llama la atención su rescate de la vertiente ilustrada del filósofo alemán es en el análisis de los lazos colectivos. Mientras que la izquierda de los últimos tiempos ha prestado escasa atención a la disolución de los vínculos sociales, la derecha ha reparado en ellos con alguna frecuencia. Así, la invocación a la familia, a la conveniencia de sociedades estables y firmes y a una vida donde las expresiones culturales y religiosas podían tener cabida eran asuntos particularmente exhibidos por la derecha, que veía en los comunistas a quienes pretendían poner fin a ese mundo de valores necesarios. Pero, argumenta en el texto Fernández Liria, “si a ojos de pensadores reaccionarios tan perspicaces como De Maistre, Burke o De Bonald, el proyecto de emancipación puesto en marcha por la revolución amenazaba con reducir a los hombres de distintos pueblos y naciones a una vacía abstracción, la expansión del capitalismo ha dado pleno cumplimiento a esa amenaza”. Así, quien está acabando con la familia, la nación, la tradición o la religión no es el comunismo sino el capitalismo. “Cuando preguntaron a Hannah Arendt por su relación con el marxismo contestó que no compartía el entusiasmo de Marx por el capitalismo. Y es que al comienzo de El manifiesto comunista encontramos la mayor alabanza al sistema capitalista que podía darse en aquella época. Y es que, aunque Marx lo percibió con claridad, no le parecía mal del todo que el capitalismo estuviera disolviendo cualquier vínculo social, destruyendo la familia, la diferencia sexual y la separación entre vida adulta e infantil. A él no le parece mal porque cree que no va a durar mucho y que de ese caos surgirá alguna fuente positiva de desarrollo humano. Pero el capitalismo ha durado mucho y parece que va a durar más aún...”

    Por eso se hace necesario revisar esa postura. “Es lógico tirar, pues, de marxistas como Walter Benjamin, que insistían mucho en la idea de que el capitalismo es un tren sin freno y que el socialismo es un freno de emergencia; de que el actual sistema productivo va a toda velocidad, no puede ralentizar su ritmo y no puede detenerse por sí mismo”. Un buen ejemplo sería, según Fernández Liria, el ecológico, “ya que se han desatado todas las alertas y se prosigue por el mismo camino. Y no sólo eso, sino que tratan de sacar provecho, como prueba que EEUU y Rusia estén ya negociando la comercialización de las nuevas vías marítimas que se abrirán cuando se deshiele el Polo Norte. En otras palabras, tenemos un planeta finito para un sistema productivo que requiere de recursos infinitos”.

    Frente a eso, habría que luchar por el derecho a la lentitud. “El ritmo de la ciudadanía, de la vida ciudadana, es mucho más lento que el de la especulación financiera que viaja a la velocidad de la luz. La vida político-parlamentaria siempre irá a remolque de unas exigencias económicas que se mueven muchísimo más rápido. Todos los días da tres veces la vuelta al mundo un montante equivalente al PIB español especulando con los tipos de interés: no hay vida política que pueda amoldarse a un ritmo tan vertiginoso”. Con los grandes perjuicios que eso comporta para el hombre común, porque termina produciendo “la unión entre capitalismo y nihilismo: Una sociedad nihilista es una sociedad antropológicamente imposible. Y en ella el hombre pierde toda orientación moral. Y eso es lo que está ocurriendo con el capitalismo”.

    Alma, Corazón, Vida
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