diferentes versiones del líquido elemento

San Miguel, la isla de las Azores con aguas termales y lagos multicolor

Llevar vehículo propio le dará libertad total de horarios para que pueda programar a su gusto el recorrido por las preciosas carreteras decoradas con miles de hortensias de esta isla

Foto: Uno de los maravillosos paisajes de las Azores. (Shutterstock)
Uno de los maravillosos paisajes de las Azores. (Shutterstock)

El archipiélago de las Azores, formado por nueve ínsulas lusas ubicadas en medio del océano Atlántico, posee un clima excepcional que permite pocas oscilaciones en el termómetro: la temperatura media es de 18ºC y las mínimas que se registran no bajan de los 10ºC. La estabilidad de su mercurio hace que un viaje a las Azores se convierta en destino ideal durante todo el año, pues no es demasiado frío en invierno y en verano es posible pasear sin sofocantes golpes de calor.

Además de las magníficas condiciones climáticas de las Azores, los que estén pensando en darse un capricho en forma de viaje encontrarán en las islas un gran número de atractivos de lo más apetecibles. San Miguel —São Miguel, en portugués— es la isla más grande del archipiélago, condición que le permite estar en una posición destacada en cuanto a otras islas azorianas y ser el enclave perfecto para comenzar a conocer esta región ultraperiférica de la Macaronesia conduciendo un coche de alquiler. Llevar vehículo propio le dará libertad total de horarios para que pueda programar a su gusto el recorrido por sus preciosas carreteras decoradas con miles de hortensias.

El interior de San Miguel está fuertemente vinculado con el agua y las diferentes 'versiones' del líquido elemento. No puede dejar pasar la oportunidad de conocer las aguas termales de Furnas, donde también la gastronomía se abre paso a través del famoso cocido que se cocina bajo sus tierras de origen volcánico. La Lagoa das Furnas le dejará maravillado con los tonos verdosos de sus aguas, en consonancia con la gama cromática predominante en un paisaje tan vivo como ese.

Aguas amarillas del Parque Terra Nostra, en las Azores. (Shutterstock)
Aguas amarillas del Parque Terra Nostra, en las Azores. (Shutterstock)

El horizonte se perfila dorado al continuar rumbo al Parque de Terra Nostra, un centenario jardín con múltiples variedades de árboles y plantas y un sinfín de riachuelos y lagos de agua termal. Su gran 'piscina' central de aguas volcánicas es uno de los lugares más fotografiados por los turistas, pues el color amarillo que presentan no es frecuente en balsas acuáticas que permitan el baño —no se olvide de meter en la maleta el bañador—.

Lagos de colores y avistamiento de ballenas

En San Miguel, los colores parecen haberse hecho amigos inseparables de los lagos. En la zona oeste de la isla, la Lagoa das Sete Cidades imprime en el panorama un intensísimo destello azul… y también verde, pues los minerales del fondo de sus aguas proporcionan dos tonos diferentes al lugar. Un puente bajo simula ser la línea divisoria imaginaria en la gama cromática de esta área natural, pues justo en esta construcción levantada por la mano del hombre es donde los pigmentos parecen diferenciarse.

Horizonte en Sete Cidades. (Panorama)
Horizonte en Sete Cidades. (Panorama)

En el centro, por su parte, la Lagoa do Fogo hará las delicias de quienes la contemplen: gracias a que es el punto más alto de la isla, permite vislumbrar de un solo vistazo dos de las costas de San Miguel. Si realiza una salida en barco o en Zodiac, le gustará saber que está accediendo a uno de los mejores lugares de Europa para el avistamiento de cetáceos —cachalotes, rorcuales comunes y ballenas azules, estas últimas reconocidas por ser los seres vivos más grandes del mundo—, delfines y otra fauna marina. Calhetas, Rabo de Peixe y Ribeira Grande son tres localidades para las que también conviene reservar un alto en el camino.

Uno de los destinos más sostenibles del mundo

Las Azores han sido reconocidas como uno de los destinos más sostenibles del mundo, tanto por la práctica ausencia de industrias contaminantes como por su carácter eminentemente pesquero y ganadero. Estas peculiaridades repercuten también en su forma de experimentar el turismo, pues la mayor parte de actividades que ofrece en su territorio están vinculadas con la naturaleza.

Las únicas plantaciones de té de Europa están situadas en las Azores, donde también se plantan piñas —ananas— a pesar de no ser un clima tropical

No es extraño que San Miguel haya sido calificada como un destino de buceo de primer orden por sus increíbles fondos marinos volcánicos y su fauna acuática. Además, es una isla perfecta para los amantes del 'trekking' o los paseos en bici, pues los senderos que recorren sus tierras son un espectáculo para todos los sentidos. Si tiene oportunidad, tome un pícnic en alguna de las muchas áreas recreativas al borde de los acantilados que se esparcen por esta ínsula.

En San Miguel no hay playas de arena blanca, pues su origen volcánico hace que sus orillas estén teñidas de color negro —igual que ocurre en las Canarias—. Esta 'carencia' queda suplida por las múltiples aguas termales que se encuentran en la isla, como las que ya se han nombrado anteriormente o como las de agua caliente ferruginosa de Caldeira Velha, situadas en mitad del bosque.

Ponta Delgada y Vilafranca do Campo

Su recorrido por San Miguel debe incluir Ponta Delgada, la mayor población de las Azores. En su callejero destaca la famosa puerta de entrada a la ciudad, que antaño daba la bienvenida a los marineros. Construido en 1783, este acceso está decorado en color blanco y piedra, y en su diseño son muy reconocibles los tres arcos que daban paso a la capital de la isla. Aproveche también para conocer su fuerte, construido en forma defensiva para proteger a sus habitantes de los posibles ataques externos.

Caldeira Velha, en San Miguel. (Shutterstock)
Caldeira Velha, en San Miguel. (Shutterstock)

Ilheu da Vilafranca y Vilafranca do Campo son otros lugares de visita obligada. El primero de ellos es espectacular, pues es un pequeño islote que actúa como cráter volcánico semihundido. Su singular forma y su particular ecosistema lo han hecho aparecer en la lista de reservas naturales de la región, y ejerce como 'residencia' de garajaus —unas aves que suelen 'atacar' y de las que conviene protegerse realizando movimientos bruscos y rápidos sobre la cabeza—.

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