el tentador bocado del 'jardín del convento'

Paseo matinal por la historia de Madrid: cómo conocer sus secretos y tesoros

Aproveche para digerir un 'atracón' histórico cuyo aperitivo tantas veces tenemos delante y que aun así permanece invisible a los ojos

Foto: Plaza de la Paja, en Madrid, donde un 'lector eterno' acompaña a los paseantes
Plaza de la Paja, en Madrid, donde un 'lector eterno' acompaña a los paseantes

La historia de Madrid siempre ha estado ligada al agua. La de su santo patrón, San Isidro Labrador, no es una excepción. Pocero, mozárabe, labriego y milagroso, a este madrileño –canonizado en 1622, fecha desde la que entró en vigor el patronazgo de la Villa y Corte– se le atribuyen centenares de milagros, la mayoría de ellos relacionados con el líquido elemento. La capital conserva con orgullo los espacios en los que vivió y obró San Isidro, siendo uno de los más representativos la Iglesia de San Andrés. Precisamente este templo actuará como punto de partida en una de las rutas más completas sobre los tesoros de Madrid que pueden disfrutarse en la ciudad y que está a su disposición.

Iglesia de San Andrés, en Madrid
Iglesia de San Andrés, en Madrid

La citada iglesia, levantada sobre una de las más primitivas parroquias cristianas de la ciudad, está intrísecamente ligada a la vida del santo labrador. Nacido en 1082, antes de que el territorio madrileño pasara a manos cristianas con Alfonso VI, frecuentó junto con su mujer –Santa María de la Cabeza– este templo en el que funden las raíces musulmanas del Madrid del siglo XI. Justo al lado se encuentra la que fue casa de su amo, Juan de Vargas, en la que vivió y murió el santo. Convertido en casa-museo y recientemente renovada, este espacio museográfico propone un viaje por la historia de la ciudad, desde la Prehistoria hasta el establecimiento de la Corte. En su interior alberga un discreto secreto: su patio y un pozo renancentista, el mismo en el que obró el milagro donde, según cuenta la tradición, San Isidro salvó a su hijo de morir ahogado al hacer subir las aguas hasta el brocal.

Atravesando la plaza de la Paja y la de la Cruz Verde, máximos representantes del conocido como Madrid de los Austrias, la ruta repasa aspectos importantes de sus orígenes, como el comercio y la religión. El primero de los espacios fue el gran mercado de la villa antes de que la plaza del Arrabal –precedente histórico de la Plaza Mayor– reivindicara ese título. La segunda, confluencia de la calle de la Villa, la del Rollo y la empinada calle de Segovia, fue espacio de ejecuciones públicas de la Santo Oficio. La 'Santa Cruz verde' fue la insignia de la Inquisición y de ahí le viene su nombre. Alejado de esa truculenta historia de Madrid, este rincón se ha convertido en uno de los puntos más importantes de la gastronomía madrileña, con interesantes propuestas para tapear.

Calle del Cordón, en Madrid
Calle del Cordón, en Madrid

En la siguiente parada de esta ruta por la historia 'gata', bajando por la calle de San Justo, se halla la imponencia de la basílica pontificia de San Miguel sobre el solar de otra de las parroquias más antiguas y con más historia. Es uno de los mejores ejemplos del barroco italiano del siglo XVIII y la ordenó construir la reina Isabel de Farnesio. El nuevo edificio resultante, tras el derribo del antiguo templo de San Justo en 1738 y el incendio de la extinta parroquia de San Miguel –en el solar que ocupa el actual mercado–, guarda en su interior desconocidos secretos. Por ejemplo, que en su suelo fue enterrado el padre de Quevedo, así como sus abuelos maternos y un hermano. En los libros parroquiales se guarda también la partida de defunción de Rodrigo, el padre de Miguel de Cervantes.

Manjares aptos para golosos

Dulces de 'El Jardín del Convento'
Dulces de 'El Jardín del Convento'

La historia tiene también su reflejo en la gastronomía, otro de los tesoros mejor guardados de la capital de España. Musulmanes y judíos dejaron a Madrid una interesante herencia cultural y culinaria que podemos aún disfrutar, por ejemplo, en los dulces. La ruta hará un descanso tentador en 'El Jardín del Convento', una tienda especializada en los manjares que se fabrican en los conventos y monasterios de distintos puntos del país. Repuestas las fuerzas, tras una sugerente degustación, el paseo por el Madrid de los Austrias prosigue camino de la Catedral Castrense. Antiguo monasterio de las monjas bernardas, fundado en 1615, el edificio fue proyectado por Juan Gómez de Mora, uno de los arquitectos de la Plaza Mayor. La iglesia pertenece a las Fuerzas Armadas de España desde 1980.

A solo unos pasos, bajo la Catedral de la Almudena –pocos saben que el primer proyecto para levantarla fue planeado en estilo gótico–, se encuentra el descanso eterno de más de 1.500 almas. Todas ellas reposan en una imponente cripta soportada por 558 columnas que aguantan el peso de la historia y que son la morada eterna de prohombres y familias de la alta nobleza a los pies de la patrona de Madrid. La Virgen de la Almudena –'muralla', en árabe– fue emparedada en el año 712 con la caída de la villa en manos musulmanas. Reconquistada en 1085 –cuando San Isidro solo tenía 3 años– ,el muro se resquebrajó dejando al descubierto a la Virgen. Después de muchos siglos, la talla tuvo su casa en la desaparecida iglesia de santa María de la Almudena –en frente–, el templo más antiguo de Madrid hasta su derribo en 1868. De aquellas ruinas nació la actual Catedral de Santa María la Real de La Almudena, consagrada como tal en 1992. Su cripta, sin embargo, fue inaugurada en 1911. Hasta entonces, la Real Colegiata de San Isidro fue la catedral provisional de Madrid.

Descubrir los tesoros de Madrid puede resultar una experiencia intensa que alcanza su recompensa al final de la ruta. El misterio, la espiritualidad, la intriga y la belleza quedarán en el alma para entregarse a una experiencia más terrenal pero igual de satisfactoria: saciar la sed y el apetito. 'La Bola' es el punto final de este paseo por el Madrid de los Austrias, un templo que rinde homenaje a la gastronomía. Este restaurante apacigua el hambre con platos tradicionales como la ropa vieja, el pisto manchego, sus famosas croquetas especiales o los buñuelos de manzana con helado. Tras la comida, aproveche el tiempo para digerir un 'atracón' de la historia que tantas veces tenemos delante y que aun así permanece invisible a los ojos.

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