15 días en ruta

Sri Lanka y Maldivas: viaje a ‘la lágrima de la India’ y el paraíso playero

Absténgase de pensar que esta isla es un 'resumen' de lo que se puede contemplar si visita India. Sri Lanka tiene encantos propios que se pueden complementar con paradisíacas costas

Foto: ¿Por qué esperar para disfrutar de esto? (iStock)
¿Por qué esperar para disfrutar de esto? (iStock)

Sri Lanka es un país del que, 'a priori', uno no espera mucho, y sin embargo se convierte en un destino imprescindible para los amantes de la naturalidad. Flora y fauna conviven con las urbes que nutren a la isla de un encanto especial. Sin grandes boatos ni artificios, la tranquilidad es una constante en una nación sin excesos donde en cada rincón aparece una sorpresa inesperada.

Situado en el océano Índico, Sri Lanka es conocido como 'la lágrima de la India' por la curiosa forma de gota que adquiere su territorio. Absténgase de pensar que, aunque esta isla incluya en su alias a uno de los países más poblados del mundo, es un 'resumen' compactado de lo que se puede contemplar si visita India. Sri Lanka tiene encantos propios y una singular forma de vida que se disfruta en viajes como este por varias de sus ciudades más emblemáticas.

Sri Lanka, país antiguamente conocido como Ceilán, acoge en su mapa una gran variedad de contrastes: desde costas con climas diferentes hasta un altiplano salpicado de restos de antiguas civilizaciones, pasando por colinas elevadas con plantaciones de té y parques naturales poblados con todo tipo de animales. Para comenzar a abrir boca, el recorrido empieza al poner el pie en Colombo, la capital de la isla. Allí será donde conozca al chófer-guía que le acompañará durante todo el trayecto en coche propio por el país, y pondrá rumbo a la antigua colonia holandesa de Negombo, donde pasará la tarde libre.

Orfanato de elefantes y templo de Dambulla

Tras el curioso nombre de Pinnawala se esconde una de las primeras sorpresas del viaje: un orfanato de elefantes. La visita al recinto donde cuidan a estos paquidermos de corta edad que han perdido a su familia será la ocasión perfecta para conocer en profundidad su forma de vida, así como la manera en que los cuidan hasta su etapa adulta —por ejemplo, para lavarlos se utiliza una dura cáscara de coco que para su gruesa capa de piel no supone más que divertidas cosquillas—.

Baño de elefantes. (iStock)
Baño de elefantes. (iStock)

Con la imagen de las trompas de los elefantes aún rondando en su memoria, la siguiente parada en su ruta por Sri Lanka será Dambulla. Los que hayan tenido la suerte de conocer la australiana Ayers Rock se darán cuenta del cierto parecido entre el monte Uluru y esta roca esrilanquesa. Excavado en su resistente piedra apunta el Templo de la Roca del León, donde dos zarpas de felino vigilan la entrada al lugar al que dan nombre.

Tan solo 57 kilómetros será la distancia que recorrerá en coche hasta llegar a Polonnaruwa, una antigua ciudad medieval que es una verdadera joya urbanística. De hecho, está declarada Patrimonio de la Humanidad y en ella se pueden contemplar desde murallas, estupas, estatuas de Buda o esculturas hindúes. No se extrañe ante esta mezcla de religiones, pues en Sri Lanka conviven cingaleses —el grupo mayoritario— y tamiles, dos etnias que profesan el budismo y el hinduismo respectivamente.

El diente de Buda y las plantaciones de té

Kandy es otra de las ciudades Patrimonio de la Humanidad de las que puede presumir Sri Lanka. Su callejero despunta en mitad de un enclave natural privilegiado, pues basta alzar la vista para darse cuenta de que todo lo que rodea a la zona urbana es frondosa vegetación. El lago artificial de Kandy es el corazón de la ciudad, un lugar muy cercano al punto de peregrinaciones y gran veneración conocido como el Templo del Diente del Buda o Sri Dalada Maligawa. Según los más devotos, entre sus paredes reposa la reliquia de una de las piezas dentales de Buda, lo que hace que millones de fieles acudan hasta allí para presentar sus respetos.

Una plantación de té. (iStock)
Una plantación de té. (iStock)

Puesto que Sri Lanka fue el refugio vacacional favorito del Imperio británico durante el siglo XIX, aún los vestigios de su influencia se dejan ver en el terreno de la isla. No hace falta ir más lejos de Nuwara Eliya para comprobarlo: allí, las inmensas plantaciones de té le darán la bienvenida en un entorno plagado de brumosos caminos escarpados de lo más propicios para mantener la humedad de las hojas que cultivan. Los trabajadores de la fábrica de té que se visita cuentan que el té esrilanqués en uno de los mejores del mundo y que las grandes y conocidas marcas producen con las hojas que ellos desechan. Pruebe usted mismo si la calidad es tal en la degustación que podrá disfrutar mientras aprende a distinguir las diferentes variedades que le ofrecen.

Las especias exóticas también tienen cabida en este viaje alrededor de Sri Lanka, pues una de las paradas cercanas a Nuwara Eliya se realizará en una tienda donde se explicará cómo identificar ingredientes como la canela, el cardamomo o el jengibre.

El Buda 'gigante' y la casa de los leopardos

Tras desayunar en uno de los hoteles que componen el viaje —a elegir entre tres, cuatro o cinco estrellas, pero todos rodeados de espacios verdes y jardines maravillosos—, la brújula apuntará hacia el Templo de Buduruwagala. Este lugar, de nombre difícil de recordar, quedará impreso para siempre en sus recuerdos en cuanto vislumbre la famosa roca con un Buda de 16 metros tallado en piedra desde el siglo IX.

Buda gigante de Buduruwagala. (CC)
Buda gigante de Buduruwagala. (CC)

Y si lo que le gusta es el contacto con la vida salvaje, Yala será uno de sus destinos preferidos. Este Parque Nacional ubicado en la costa sureste de la isla es el punto neurálgico de la fauna en Sri Lanka, pues es la zona donde mayor cantidad de animales hay. En concreto, los leopardos destacan sobre los demás, siendo en Yala donde más felinos de este tipo se registran por metro cuadrado en todo el mundo. Montado sobre un 4x4, podrá contemplar elefantes, chacales, ciervos, búfalos y un sinfín de llamativas aves durante su safari fotográfico por el recinto.

No guarde la cámara. En Weligama contemplará un espectáculo de ‘equilibrismo’ que no ha visto nunca: los pescadores cingaleses de esta región descansan sentados, desafiando a la gravedad, sobre una fina caña sujetada mar adentro para conseguir mejores piezas de pesca. En Galle, un antiguo fuerte holandés, aún se mantiene la mezcla entre la tradición asiática y la europea tan propia de la época colonial, que se disfrutará justo antes de poner rumbo a Hikkaduwa —uno de los mejores lugares de playa en Sri Lanka, especialmente indicado para practicar submarinismo—.

Pescadores cingaleses en Weligama. (iStock)
Pescadores cingaleses en Weligama. (iStock)

Seguir soñando en Maldivas

Es posible que el sosiego de la costa de Hikkaduwa le haya dejado con ganas de más. En este caso, está de enhorabuena, pues su ruta por 'la lágrima de la India' continúa tras poco más de una hora de avión hasta Maldivas. A vista de pájaro, este país insular formado por más de un millar de islas se antoja como pequeñas pinceladas verdes rodeadas del blanco de su arena y envueltas en aguas azul marino —color que, dicho sea de paso, nunca definió tan certeramente aquello que describe—.

Aguas cristalinas en Maldivas. (iStock)
Aguas cristalinas en Maldivas. (iStock)

Las islas de Maldivas se dividen en tres tipos: las inhabitadas, las pobladas por habitantes locales y las que acogen los hoteles donde usted descansará. A pesar de lo 'guiri' que 'a priori' le puedan resultar estas palabras, los alojamientos no tienen nada que ver con el concepto de 'todo incluido' del Caribe, pues son islotes tan pequeños que se pueden recorrer a pie y que mantienen su esencia natural intacta.

La temperatura del agua en estas islas coralinas es de 27 grados, perfecta para realizar todo tipo de actividades acuáticas y disfrutar del relax de los atolones. Los peces de colores serán sus últimos compañeros en un viaje de 15 días que recordará para siempre.

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