en la calle ayala

El Mercado de la Paz, un 'lujo' en la milla de oro de Madrid

Abierto a finales del siglo XIX, este punto de encuentro para la gastronomía y la vida del barrio se ofrece a los que quieren conocer su pedacito de historia

Foto: Un brindis con champán. (Shutterstock)
Un brindis con champán. (Shutterstock)

A mediados del siglo XVIII, Madrid se quedaba 'chico' para algunos de sus ilustres vecinos. Uno de ellos, el adinerado banquero José de Salamanca y Mayol —marqués de Salamanca—, proyectó el barrio más lujoso y acomodado de Madrid. El aristócrata levantó, donde solo había polvo, barro e infraviviendas, en el ensanche natural de una ciudad que no paraba de crecer. Junto a todas estas obras llegaron nuevos ricos para instalarse en la actualmente conocida como milla de oro y, con ellos, florecieron negocios para satisfacer una ingente demanda de servicios y productos .

Los mercados, por supuesto, no podían faltar en la lista de necesidades del nuevo barrio. Así, un gran solar aislado entre los edificios de viviendas sirvió para levantar uno de los últimos mercados modernistas de Madrid: el de la Paz. Con accesos a tres calles diferentes —el principal, en la calle Ayala; otro, en Lagasca, y otro ubicado en Claudio Coello—, el edificio guarda uno de los secretos más desconocidos de la historia arquitectónica de la capital: haber sido alzado siguiendo un proyecto original de Alexandre Gustave Eiffel.

Exterior del Mercado de la Paz, en Madrid.
Exterior del Mercado de la Paz, en Madrid.

La firma de sus discípulos es, sin duda, uno de los principales reclamos para redescubrir este 'tesoro' arquitectónico de la capital. Mientras se eleva la vista para imaginar cómo era su estructura original, un selecto bodegón de las mejores frutas, verduras, panes, carnes o pescados le sorprenderá a cada paso. Si le 'sabe a poco', puede acudir a una de las rutas guiadas que se organizan todas las tardes de lunes a viernes —también algún sábado de forma excepcional— en el interior del mercado. Un plan tan enriquecedor como económico que no solo permitirá adentrarse en este coqueto edificio sino que, además, le abrirá las puertas de uno de los espacios 'gourmet' más sofisticados de la capital.

En su interior, los clientes de los puestos y curiosos ocasionales aún pueden sentir la vida de un mercado tradicional. Inaugurado a finales del siglo XIX, el de la Paz es uno de los más antiguos de Madrid, y aunque sus orígenes invitaban a que fuera conservado en su diseño primario, no se salvó de las reformas que lo fueron transformando poco a poco —como pasó con los otros tres mercados modernistas de hierro y cristal que acogía Madrid: Mostenses (1875), Olavide (1882) y la Cebada (1875)—. El de San Miguel, levantado en 1916, se inspiró en estos cuatro, siendo el único que hoy en día conserva su estructura original.

Para brindar con Eiffel

El Mercado de la Paz se salvó de caer en el olvido en los años cuarenta, cuando vivió su primera gran remodelación. Más tarde, en los ochenta, fue protagonista de una nueva obra sobre el edificio. Afortunadamente, en el siglo XXI sigue siendo uno de los mercados más importantes de la capital y, además de historia y alimentación, sus clientes pueden disfrutar en él de una enorme oferta de servicios y gastronomía.

Interior del Mercado de la Paz, en Madrid.
Interior del Mercado de la Paz, en Madrid.

Entre sus puestos más emblemáticos se encuentra, precisamente, un pequeño rincón de la patria de Eiffel: Oh Dèlice!. Los responsables de esta selecta tienda esperan a los participantes de las rutas guiadas por el mercado para descubrirles un verdadero templo de los productos artesanos franceses. Entre ellos, las mejores referencias de quesos y una cuidada bodega. Incluida en el precio de estos planes se ofrece una degustación de dos variedades de champán maridados con 'foie mi-cuit' o queso.

Las posibilidades se multiplican si se decanta por probar las exquisiteces de otros caldos. La anterior propuesta se puede cambiar por dos copas de vino blanco o tinto con una tosta —o una con una tosta y un canapé—. Si prefiere los espumosos, no deje de degustar una copa de Prima Perla con una tosta. Una deliciosa selección de productos que abrirá su 'apetito' por conocer Francia y que satisfará su 'sed' de conocimiento sobre los mercados madrileños.

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