Martí Quintana

México, 17 jul (EFE).- Acusado de corrupción y de sumir el estado de Veracruz en la bancarrota, el exgobernador Javier Duarte pisó hoy suelo mexicano para afrontar graves cargos ante la justicia y convertido en un icono más de la crisis institucional que azota el país.

Fueron seis meses de fuga y 90 días detenido hasta ser entregado este lunes en extradición de Guatemala a México por agentes de la Policía Internacional (Interpol) y ante la atenta mirada de medios de comunicación nacionales e internacionales.

Duarte, gobernador de Veracruz (este) de 2010 a 2016, es acusado de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero), abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal, peculado y tráfico de influencias.

Se le acusa de llevar a la quiebra a Veracruz al desviar fondos públicos por imoporte de más de 58.000 millones de pesos (unos 3.300 millones de dólares), dejando de pagar salarios a diversos sectores y retrasando la entrega de recursos en los 212 municipios.

Veracruz es hoy uno de los estados más desiguales y violentos de México, y durante su administración murieron 17 periodistas y otros tres están desaparecidos.

Duarte pertenecía al gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), y llegó a ser presentado como un ejemplo de renovación de la formación política por el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Por todo ello, su caso es uno de los más sonados de los últimos años en un Gobierno estatal y una nueva exhibición de los tentáculos que unen poder y corrupción en México.

Porque Duarte no es el único. En el país hay al menos una decena de exgobernadores involucrados en delitos por el uso indebido de su posición.

Algunos están prófugos y otros en medio de procesos judiciales, como el exgobernador del turístico estado de Quintana Roo, Roberto Borge, también del PRI, hoy detenido en Panamá acusado también de malversación de fondos y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Con el regreso de Duarte a México para sentarse ante un juez se pone fin a un periplo que se ha alargado durante casi un año y que, como tantos otros, adquirió un cariz de telenovela y se ha acompañado de informaciones sorprendentes y rumores.

Tras meses de acusaciones, Duarte abandonó su cargo el 12 de octubre de 2016, 48 días antes del fin de su mandato, supuestamente para hacer frente a las "infamias", "calumnias" y "denuncias sin fundamento" sobre corrupción, dijo entonces.

Pero días después se esfumó con su esposa, mientras que el gobernador interino, Flavino Ríos, está hoy en arresto domiciliario acusado de proporcionar un helicóptero a Duarte para facilitar su fuga.

Hasta su detención el pasado 15 de abril en la recepción de un lujoso hotel en Panajachel, en el departamento guatemalteco de Sololá, la prensa localizó a Duarte en Chiapas (sureste de México), Honduras, Belice e incluso Canadá.

La familia del exgobernador también está involucrada en el caso, y viajó desde Guatemala a Londres tras el arresto, según la prensa local.

A su esposa, Karime Macías, se atribuyó un diario personal encontrado en una bodega junto a varios objetos de valor presuntamente de la familia y en el que ella escribía compulsivamente: "Sí merezco abundancia".

Este lunes Javier Duarte fue extraditado a su país después de tres meses de acciones judiciales y diplomáticas, en un proceso en que el Gobierno mexicano ha agradecido la estrecha colaboración del guatemalteco.

Esposado, con un chaleco antibalas y custodiado por varios agentes, Duarte subió a un avión de la Procuraduría General de la República (PGR, fiscalía) que despegó de las instalaciones de la Fuerza Aérea Guatemalteca.

Aterrizó poco después en Ciudad de México, y lo hizo sin el chaleco, pero igualmente maniatado y del brazo de dos agentes de seguridad pública.

Posteriormente fue sometido a un examen médico y trasladado hasta el Reclusorio Norte de la capital mexicana, donde será puesto a disposición de un juez y se celebrará una audiencia en que se leerán las acusaciones contra él.

La PGR ha difundido casi a tiempo real imágenes de todo el operativo, en un gesto de transparencia, pero también con el más que evidente fin de publicitar la hazaña y dar credibilidad a un Ejecutivo en horas muy bajas. EFE

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