Madrid, 13 mar (EFE).- Un equipo internacional de científicos ha determinado que el cráneo de Aroeira (Portugal) tiene 400.000 años de antigüedad y, además de ser el fósil más occidental de Europa, es, por sus rasgos, la versión portuguesa del hombre de Atapuerca.

El hallazgo ayudará a comprender mejor la evolución humana en Europa durante el Pleistoceno Medio, un momento crucial de la prehistoria en el que los neandertales empiezan su andadura evolutiva.

El cráneo, descubierto en 2014, fue hallado en el yacimiento portugués junto a restos de fauna y un gran número de herramientas achelenses, pero hizo falta la ayuda del equipo de Juan Luis Arsuaga (codirector del yacimiento de la Sierra de Atapuerca) para extraerlo, restaurarlo y analizarlo.

Hoy, la revista PNAS publica el estudio completo de este cráneo, un trabajo dirigido por científicos de Portugal y en el que han participado investigadores del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII), del ICREA y de las universidades de Granada, Burgos y Barcelona, con la ayuda del instituto Max Plank de Alemania y de varios centros de Estados Unidos.

"El cráneo 3 de la cueva de Aroeira es muy importante por tres aspectos: por su edad, por ser el fósil más occidental de Europa, y porque tiene un contexto arqueológico muy claro", explica en declaraciones a Efe, Juan Luis Arsuaga.

Según el paleontólogo, el fósil está "bien datado" y tiene 400.000 años, pero además se encontró en un contexto arqueológico "muy claro", junto a restos de animales y muchas herramientas bifaces (hachas) achelenses, una industria lítica utilizada principalmente por los neandertales, "lo que le convierte en uno de los fósiles más antiguos con esta tecnología".

El detalle es importante porque actualmente uno de los debates de la paleontología es si cada industria tiene o no tiene su propia especie humana o si, por el contrario, un sistema de talla como el achelense fue adoptado por otras especies.

El trabajo ha sido "muy complejo" en todas sus fases, explica Arsuaga, incluida la primera de ellas, la extracción que fue toda una "proeza" y "un proyecto en sí mismo con mucho mérito".

Y es que para sacar el cráneo del yacimiento hicieron falta un martillo automático y doce horas de trabajo, relata a Efe la restauradora del equipo, María Cruz Ortega (del Centro Mixto de Evolución y Comportamiento Humanos).

Una vez en Madrid, con paciencia y la ayuda de tornos de dentista y lupas de aumento, Ortega logró separar el cráneo del bloque y retirar el sedimento de caliza incrustado en el hueso.

Posteriormente, la paleontóloga Elena Santos (Centro Mixto de Evolución y Comportamiento Humanos) hizo un estudio con imágenes de escáner para hacer una reconstrucción virtual de la pieza.

"Una vez limpiado en el laboratorio, el fósil fue explorado con escáner. Aunque del cráneo solo queda una mitad, por medio de programas informáticos fue posible obtener una imagen más completa duplicando las partes conservadas", comenta.

La última parte de la investigación consistió en determinar en qué lugar de la evolución humana encajaba el cráneo.

Según Arsuaga, aunque este homínido "tenía sus rasgos propios", es parecido a los fósiles de la Sima de los Huesos (Atapuerca), que son "sus contemporáneos".

El paleontólogo lo define como "un eslabón que no teníamos de la cadena de evolución europea que conduce a los neandertales".

Morfológicamente se trata de un "preneandertal", un antepasado del neandertal más primitivo que los homínidos de la Sima.

"Estos hombres son la versión portuguesa de la población de la Sima, los parientes portugueses. No son iguales, porque tienen rasgos más primitivos y otros más evolucionados, pero en conjunto podríamos decir que son los parientes portugueses de la Sima de los Huesos, y seguramente entre ellos se reconocerían como iguales", concluye el paleontólogo español. EFE