Laura Alvira.

Madrid, 13 feb (EFE).- Año 2005. Una Barcelona decadente vive los últimos días de la Policía Nacional en sus calles antes de ser relevada por los Mossos. La ciudad es el escenario elegido por Pere Cervantes para su tercera novela negra, "Tres minutos de color", que indaga en la eterna pregunta: ¿Qué se esconde tras la muerte?.

Cervantes explica así a Efe el objetivo de su novela, que acaba de publicar la editorial "Alrevés" y que es la tercera de género negro de este agente de la Policía Nacional autor de "No nos dejan ser niños" y "La mirada de Chapman", así como de los libros de no ficción "Tranki Pap@s" e "Internet negro".

Se trata, dice el autor, de una novela negra mezclada con cuestiones paranormales que, además de entretener al lector con la intriga policial, puede abrir en éste "una mínima esperanza de que todo no acaba aquí".

Porque más allá de la trama, que protagoniza Coque Brox, un inspector de Policía a la antigua usanza en esos meses previos al desmantelamiento de las comisarías del cuerpo en Barcelona, la novela pretende adentrarse en las que se conocen como ECM o experiencias cercanas a la muerte, que vivirán algunos protagonistas de la novela.

Brox es un poli en extinción, con métodos de investigación que a veces se saltan las directrices de sus superiores y buen conocedor de las calles de Barcelona, de lo que palpita en esa ciudad que poco a poco fue perdiendo su esencia, en palabras del escritor, para dar paso a otra, la actual Ciudad Condal, ni mejor ni peor.

Aunque su vida personal no le ayuda -es acromatópsico (percibe las cosas en blanco y negro), ha sido sacudido por una tragedia y sufre los continuos intentos de suicidio de su exmujer- Coque lucha por sus dos prioridades: recuperar el cariño de su hija adolescente e investigar la desaparición de Palma, un amigo y compañero de profesión.

Y en esa investigación que emprende Coque -a la sazón jefe del grupo de Desaparecidos que integran él y otro agente- asoman las ECM, unas experiencias que pone sobre la mesa otra de las protagonistas de la novela, la cardiocirujana Nadia, y de las que no es ajeno el compañero de piso de Coque, el forense Oliver.

Nadia descubre incrédula cómo uno de sus pacientes a los que ha intervenido y provocado una muerte cerebral para la operación, cuando despierta es capaz describir minuciosamente todo lo que ha ocurrido en el quirófano, las conversaciones y los más nimios detalles, como el color de los gorros de cada miembro del equipo médico.

Pere Cervantes relata a Efe cómo comenzó su interés por las ECM, que se inició durante su estancia en Bosnia, donde fue observador para la Unión Europea, igual que lo fue en Kosovo para la ONU.

En un viaje en coche por Sarajevo con su intérprete, una mujer bosnia de 45 años que había sido doctora, ésta rompió a llorar al paso de una fosa común. Iniciaron una conversación sobre la muerte y ella confesó a Cervantes que no creía que todo acababa en este mundo y que había presenciado una ECM con un moribundo al que había atendido.

Fue esa conversación en 2002 la que despertó en Cervantes una curiosidad que le ha llevado a estudiar este fenómeno durante años, a documentarse y a leer los ensayos de los grandes expertos en la materia como Raymond Moody, Elisabeth Kubler Ross o Brian Weiss.

Ha tardado el autor 7 años en terminar la novela, subraya antes del lamentar que algunos de los expertos hayan sido "marginados y silenciados" por la ciencia por estudiar un fenómeno perceptivo de las personas en el umbral de la muerte clínica que experimenta un 20 por ciento de ellas.

"Cuando vuelven (a la vida), nos anticipan momentos de futuro, de pasado y requieren de un cambio de existencia", continúa Cervantes, quien sin querer entrar en si estas experiencias son verdad o no, sí recuerda que en Estados Unidos se han invertido anualmente 4 millones de dólares en estudiar el fenómeno.

Aunque "no hay respuestas contundentes" para algo que se podría considerar "paranormal", Cervantes echa mano de las ECM y de lo que ha sabido de ellas para "echar un cable" al caso que centra la novela. ¿Cómo?. Hay que llegar al final. EFE