Madrid, 28 ene (EFE).- El Museo Cerralbo de Madrid inaugura hoy "La mujer Ochoa", una exposición que repasa las musas del pintor e ilustrador Enrique Ochoa, el cual encontró en las chicas de Montparnasse el paradigma de una mujer moderna, que vestía pantalones y desafíaba las convenciones en los locos años 20.

"La mujer Ochoa. Modernismo y modernidad" reúne 46 de los miles de retratos femeninos de Ochoa, uno de los más reconocidos ilustradores del primer cuarto del siglo XX, que a través de óleos, acuarelas, lápices o pinturas pastel retrató la feminidad de una época.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 26 de abril, sirve para conmemorar el 125 aniversario del nacimiento del artista gaditano y muestra tanto la faceta de ilustrador de Ochoa como la de pintor "de caballete", con obras que mezclan costumbrismo español, el exotismo heredado de sus viajes y un modernismo importado de París, donde realizó gran parte de su obra.

"Era un pintor de mujeres", ha explicado José Estévez, comisario de la exposición, director de la Fundación Enrique Ochoa, nieto del artista y también pintor.

En las portadas de la revistas Blanco y negro o Esfera, presentes en la exposición, muestra una mujer rupturista y cosmopolita, con la esencia de París, donde Ochoa pintaba la mayoría de sus trabajos, que después enviaba a España por carta.

En una época en la que la fotografía era limitada, el pintor ejercía como una especie de corresponsal de moda que ilustraba la vida "chic" y glamurosa, que permitía evadirse a la sociedad española de la época.

La muestra también recoge las ilustraciones que el artista realizaba para las historias por entregas que publicaban las revistas.

En el París de los años 20, Ochoa encuentra a la mujer "flapper", moderna, sensual e independiente, como la del lienzo "Cosmopolita", la obra bandera de la exposición.

"En el cuadro, explota la sensualidad, con las piernas al aire, pero también tiene una finalidad intelectual: que tenga un libro en la mesa no es algo dejado al azar" ha explicado Estévez sobre el óleo, que muestra una mujer rubia, con melena ondulada cortada al estilo "bob", enfundada en un vestido negro del que sobresalen unos tacones "boulevard" de hasta tres pulgadas de altura.

Los lunares postizos, que querían inducir a una falsa inocencia, las cejas perfiladas y las bocas rojas caracterizan la imagen femenina de la obra de Ochoa, que en "Dama Chic" juega con la androgenia del corte de pelo masculino de la modelo.

"En ocasiones, titulaba su obras con un 'chico' o 'chica' entre interrogaciones, para promover esa ambigüedad", ha contado Estévez.

Si bien Ochoa se movía como pez en el agua en el modernismo parisino, fue una "maja española" la que le dio el premio de la Bienal de Venecia, el primero de los reconocimientos internacionales a su carrera, en 1936.

En aquella ocasión, la mujer retratada tenía la piel oscura, algo poco habitual en las obras del pintor, que hasta en sus retratos más castizos dibujaba caras de porcelana, asegura el comisario de la exposición.

Entre los años 30 y 40, las mujeres de Ochoa lucen mantilla, pero la sensualidad no desaparece y algunas ocultan, pícaras, sus pechos tras un abanico abierto.

Entre las retratadas, se encuentran celebridades de la época como Gala Federova, la primera bailarina del ballet ruso de París, y la mitología griega tiene su espacio con la "Metamorfosis de Dafne", de 1943, la obra más tardía de la exposición. EFE

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