Ankara, 3 sep (EFE).- La imagen del niño kurdo-sirio Aylan Kurdi ahogado en la playa turca de Bodrum se ha convertido en un símbolo de la tragedia de los refugiados sirios que escapan de la guerra en su país e intentan llegar a Europa.

"Tenía un nombre, Aylan Kurdi. Urgencia de reaccionar. Urgencia de una movilización europea", escribió hoy en Twitter el primer ministro de Francia, Manuel Valls, que pidió la rápida movilización europea para paliar el drama del éxodo de refugiados.

La fotografía del pequeño ha estremecido al mundo en las últimas horas, en las que se han sucedido los comentarios sobre la triste suerte de Aylan, de 3 años y procedente de la localidad kurda de Kobani, según los medios turcos.

La imagen muestra al niño con una camiseta roja y pantalones cortos, boca abajo en la arena con la cara en dirección al mar en el que se ahogó junto a otros doce refugiados cuando intentaban alcanzar la isla griega de Kos.

Entre los ahogados estaba también el hermano mayor de Aylan, Galip, de 5 años, que aparece en otra foto en la que un gendarme turco lo lleva en brazos delicadamente, saliendo del agua del mar, para ser transportado a la morgue de un hospital.

También murió la madre de ambos, Rehan, y el único miembro de la familia rescatado con vida fue el padre, Abdulá Kurdi.

La familia procedía de Kobani, símbolo de la resistencia kurda ante el grupo terrorista Estado Islámico (EI), que la asedió durante meses, intentaba huir a Canadá, donde vive la tía de niño, que trabaja de peluquera.

Doce de los 23 refugiados que dejaron Bodrum en dos barcas para llegar a Kos murieron cuando sus embarcaciones se hundieron la noche del martes.

Siete refugiados fueron rescatados y dos más llegaron a la costa en sus chalecos salvavidas. Otras dos personas siguen desaparecidas. Seis de los refugiados muertos eran niños de entre 9 meses y 11 años de edad, y Aylan era uno de ellos.

En Turquía hay actualmente unos dos millones de refugiados sirios, entre los cuales se estima que unos dos mil intentan a diario llegar a una isla griega en barcas de plástico desde la costa egea. EFE

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