Alicia G.Arribas.

Madrid, 30 abr (EFE).- El cineasta gallego Ignacio Vilar ha confesado que estuvo tres meses buscando actores que pudieran dar vida a un clásico de la literatura gallega, "A esmorga", de Eduardo Blanco Amor, que le rondaba la cabeza desde que, en 1977, vio "La parranda", versión que Gonzalo Suárez rodó en verano y en Asturias.

"Temía no estar a la altura, sigue siendo la novela más leída por los adolescentes gallegos", ha dicho hoy el director en la presentación de la película, que llegará a las salas el próximo 8 de mayo.

Aunque la cinta se estrenó en noviembre de 2014 en Galicia y fue nominada en los Goya al mejor guion adaptado -primera vez de una obra totalmente en gallego-, es ahora cuando "A esmorga" rompe las barreras y se planta en el resto de ciudades españolas trayendo a la vez una gran historia universal, que reedita Mar Maior, y una conmovedora película de actores.

"Rompí con mi forma anterior de contar porque la historia me lo pedía; supe enseguida que lo más difícil serían los personajes, son ellos los que llevan la cámara consigo, a todas partes", explica Vilar, que acertó de pleno con el reparto: los gallegos Miguel de Lira y Antonio Durán 'Morris', y un espectacular Karra Elejalde hablando gallego de los años 50 y con giros orensanos.

Vilar ha confesado que le eligió porque este "Bocas" es afín al primer protagonista que hizo Elejalde, en "La madre muerta", de Juanma Bajo Ulloa: "Es ese animal, esa brutalidad, a la vez tierno, que se conmueve con una niña".

Para el actor vasco, el rodaje de "A esmorga" ha sido el más duro de su vida.

"Estuvimos 15 días en la residencia 'El resplandor' -bromea Karra-, sin tele, como en un convento de clausura. Fue la peli más perra que he hecho en mi vida, con ocho ciclogénesis seguidas. Las pasamos bastante canutas, no había cambios de ropa, todo el día lloviendo. La lluvia cae muy fría, te golpea en la cabeza, no puedes vocalizar (...) Fue una cosa jodida, pero también muy agradecida".

Lluvia por fuera y por dentro, aguardiente, recuerda De Lira, símbolo del mundo interior de estos personajes.

"Me sentía como el bagazo que está dentro del alambique, enmerdado con otros colegas que también eran bagazo, casi detritus social, y luego con el fuego debajo de la barriga de cobre y la sensación de efluvios y las pasiones...la serpentina, y al final sentirte parte de la misma gota", apunta, poético.

El director, que cambió también de equipo técnico, reconoce que fue un rodaje complicado que organizó a golpe de corazón; "estábamos siempre al borde del abismo", dice, pero consciente de que si el escenario funciona y el vestuario y el idioma convencen, está hecho.

Morris, por su parte, "desconfiaba de llevar esto a buen puerto, porque era un trabajo muy duro para hacer en equipo (...) había que darle ese fondo de verdad, esa atmósfera que es lo más importante de la película, las miradas, los silencios. Esa alma entre fatalista, mágica e incluso poética".

A la presentación acudió también el escritor Manuel Rivas, autor del epílogo y defensor apasionado de la novela y de su autor, y la actriz Ledicia Sola, en representación de la parte femenina de la cinta.

"A esmorga" cuenta una noche de juerga de tres amigos; lluvia, alcohol y sangre corren a raudales por las páginas de la novela y por una película, que según han explicado sus protagonistas, "no es fiel en nada de la novela, para conseguir fiel en todo".

Relaciones humanas, complejas y transgresoras, contadas con brutalidad y sencillez, "una obra de literatura queer", en opinión de Rivas, "un viaje de apoteosis festiva, dionisiaca y carnavalesca en la que los personajes se desprenden de ropa y prejuicios", ha rematado el escritor gallego.

"A esmorga" fue editada en Buenos Aires en 1960, y la censura franquista la modificó en 1973, fragmentos que ahora recupera la nueva edición. EFE