Daniela Brik

Jerusalén, 23 oct (EFE).- El cantautor israelí David Broza protagoniza un nuevo documental presentado esta semana, que refleja una inusual colaboración entre israelíes y palestinos en la grabación de un disco en la disputada Jerusalén.

Bajo el título de "East Jerusalem/West Jerusalem", que igualmente da nombre a un álbum, el músico nacido en Haifa y educado en el Reino Unido y España -de donde le viene su amor por artistas como Joan Manuel Serrat- trata de esbozar un "halo de esperanza" al eterno conflicto.

"Debemos tratar de tender puentes, buscar un lenguaje común, y creo que definitivamente la música es el primero de ellos", manifestó el artista al presentar el proyecto en Jerusalén.

El pasado 15 de octubre la cinta tuvo su debut internacional en el Festival de Cine de Woodstock (EEUU) donde causó buenas sensaciones entre la crítica, y el próximo mes lo hará en el Otro Festival de Cine de Israel, antes de empezar a vagar el año que viene por diferentes puntos del planeta, según esperan sus productores.

De 80 minutos de duración y rodado en enero de 2013, la historia arranca con la concentración que tiene lugar cada año el Día de Jerusalén, en que miles de ultranacionalistas judíos ataviados con banderas blanquiazules se concentran en la Puerta de Damasco para reivindicar la soberanía israelí sobre la parte este de la ciudad.

Tras este provocador punto de partida, Broza acude pertrechado con su guitarra al estudio de grabación de la legendaria banda palestina Sabreen, en Jerusalén Este, con la intención de cumplir el viejo sueño de hacer música en esa parte de la urbe y estrechar lazos con palestinos.

Durante ocho días y sus noches, aderezadas con comida, vino, ensayos y horas de grabación tras el cristal del estudio surge la camaradería, el talento musical y una historia pequeña que pretende poner de relieve cómo se vuelve posible el trabajo en común entre los habitantes de la conflictiva ciudad.

La cinta se centra en la creación del último álbum de Broza, producido por el cantautor estadounidense Steve Earle y plagado de títulos que apuestan por la coexistencia o son reflejo de la situación humana y política de la ciudad tres veces santa.

Pero al mismo tiempo, retrata de manera impresionista y a veces, con el realismo de documental, las barreras -algunas físicas, como el muro de separación- que impiden alcanzar el entendimiento.

Producida por Erez Miller y Henrique Cymerman, el filme tiene un marcado ángulo optimista, a veces de irónica desesperación ante un conflicto que muchos consideran sin visos de solucionarse.

Broza recluta a varios artistas para su proyecto: el propio Earle, el rapero Wyclef Jean de The Fugees, la cantante palestina-israelí y activista por la coexistencia, Mira Awad, o al cineasta palestino Isaa Freij, con quien reflexiona sobre lo cotidiano o cuestiones más profundas de identidad y pertenencia.

Destaca por su franca ironía el joven Muhammad Mughrabi, vocalista de la banda palestina de hip hop de "G-Town", que describe cómo es la vida en su natal campo de refugiados de Shuafat, donde "no existe la ley, no crecen los árboles y después de vivir aquí puedes desenvolverte en cualquier otro lugar del mundo".

Broza se adentra con Mughrabi en el que es el único campo de refugiados palestinos de Jerusalén, rodeado por un muro y cuyos vecinos deben atravesar un puesto de control para acceder al mismo.

El trabajo incluye a un coro de adolescentes israelíes y palestinos que ponen voz a uno de los temas estrella del álbum "(Whats So funny about) Peace Love & Understanding".

"Esta película no pretende pintar la realidad de color de rosa", advirtió Broza en la presentación ante aquellos que puedan tacharla de "ingenua" o "idealista".

"Seamos cándidos, esa es la vida que quiero vivir", sostuvo, sin embargo.

En esa línea habló su compañera palestina Awad, que saltó a la escena internacional al defender junto a la cantante israelí Noa en Eurovisión 2009 el tema "There Must Be Another Way".

"No presumo que una canción, una película puedan cambiar el mundo, ojalá fuera posible, pero seamos ingenuos, debemos seguir con esta esperanza que es el camino más difícil, en especial después de la última escalada en Gaza", argumentó la artista.

La colaboración entre artistas israelíes y palestinos es frecuente blanco de grupos proboicot a Israel, que arguyen que estas iniciativas son un paso más en la normalización con este país y la ocultación de las violaciones que lleva a cabo con la ocupación.

Al respecto, Broza defendió la vía que persigue desde hace décadas: "No creo en boicotear a las mentes y almas de la cultura. No soy partidario de dictados o imposiciones. Debemos dejar que la música siga trabajando". EFE

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