Barcelona, 15 sep (EFE).- La Fiscalía pide penas de hasta cuatro años de cárcel para cuatro policías locales de Terrassa (Barcelona), dos médicos y un enfermero acusados de la muerte de un joven ebrio, que falleció debido a un golpe en la cabeza tras caer desplomado al suelo por la bofetada que presuntamente le propinó un agente.

En la sección 21ª de la Audiencia de Barcelona se ha iniciado hoy el juicio por la muerte del joven Jonathan Carrillo, ocurrida el 16 de octubre de 2009, horas después de ingresar en el servicio de urgencias del Hospital Mutua de Terrassa, que trató su caso como una mera intoxicación etílica sin practicarle las pruebas que habrían detectado la lesión mortal en su cabeza.

La Fiscalía pide cuatro años de prisión por un delito de lesiones y homicidio por imprudencia grave para el agente Jonathan L., que supuestamente propinó al fallecido la bofetada que lo derribó, y dos años y seis meses de cárcel a los otros tres agentes que intervinieron en el incidente por omisión de perseguir delitos.

El ministerio público también solicita dos años de cárcel para un enfermero y una facultativa del servicio de urgencias de Mutua de Terrassa por un delito de homicidio imprudente, al no haber practicado al paciente las pruebas que habrían podido detectar la lesión que presentaba, y eleva la pena a dos años y medio de prisión para otra doctora del mismo servicio que cuenta con antecedentes por otro caso de homicidio imprudente.

Según mantiene la Fiscalía, los agentes imputados acudieron a prestar refuerzos en una actuación policial relacionada con Jonathan Carrillo, quien, bajo síntomas evidentes de encontrarse bajo los efectos del alcohol, empezó a increpar e insultar a los agentes.

Los policías procesados se dirigieron al joven para recriminarle su actitud y, como continuaba chillando y aleteando los brazos de forma violenta, Jonathan L. le propinó una fuerte bofetada en la cara que provocó que cayera de espaldas al suelo y se golpeara la parte posterior de la cabeza, por lo que quedó semiinconsciente, mantiene la Fiscalía en su escrito de acusación.

Los agentes, según el ministerio público, solicitaron entonces una ambulancia para que el joven fuera atendido, pero explicaron al personal sanitario que la víctima se había desplomado a consecuencia de su estado de ebriedad, sin mencionar el golpe propinado, que tampoco incluyeron en su atestado sobre el incidente.

En su declaración en el juicio, Jonathan L. ha negado que abofeteara a la víctima y ha explicado que éste cayó al suelo de espaldas debido a su intoxicación etílica y que, al desplomarse, se golpeó en la cabeza con un bordillo.

Como el resto de sus compañeros imputados, el presunto autor material del golpe ha insistido en que los policías avisaron al personal de la ambulancia de la caída sufrida por el joven, que según su versión quedó en estado de semiinconsciencia.

La supuesta falta de información sobre el golpe en la cabeza sufrido por el joven provocó que, cuando éste ingresó en urgencias, fuera objeto de una exploración neurológica básica y de una serie de análisis con los que se le diagnosticó intoxicación etílica.

La Fiscalía ha sentado también en el banquillo al enfermero y a las dos médicos que le atendieron, por no haber practicado al fallecido ninguna prueba complementaria para determinar el origen de su estado, "a pesar de los síntomas contradictorios que presentaba el paciente".

El personal sanitario procesado se ha escudado hoy en que el paciente no presentaba lesiones evidentes ni tenían referencia alguna de que se hubiera golpeado en la cabeza, por lo que no sospecharon de ningún traumatismo ni practicaron el TAC que habría podido detectar la lesión mortal. EFE