Pilar Martín.

Madrid, 14 sep (EFE).- Ni es una "adaptación" ni una "biografía", ni siquiera una novela "histórica". Lo que el tándem Santiago García-Javier Olivares ha hecho en "Las Meninas" es "rellenar con imaginación" preguntas como "¿cuál era la verdadera intención de Diego Velázquez al pintar este cuadro?".

Y para hacerlo han tenido que echar mano de "anacronismos" y "aberraciones históricas", con el objetivo de contar aquello que a ambos les interesaba, es decir, la "historia" y no la "Historia" de este pintor y el cuadro que le hizo convertirse en uno de los artistas más importantes del arte mundial.

Así lo transmite desde Baltimore (EE.UU.) García (Madrid, 1968), quien, después de empaparse de libros sobre historia y pintura de Velázquez -es licenciado en Historia del Arte-, decidió ponerse a "inventar" para crear el guión de una "novela gráfica de ficción", que es, como afirman los dos autores, lo que es "Las Meninas", libro publicado por Astiberri y que saldrá a la venta el 19 de septiembre.

"'Las Meninas' no es una adaptación, a menos que quieras considerar que esta novela gráfica es una adaptación al cómic de un cuadro, cosa que me parecería bastante arriesgada de plantear. Y en cuanto al hecho histórico, diré que lo tomamos a nuestra manera y de acuerdo a nuestros intereses", concreta.

Y es que, para el guionista madrileño, este cuadro, que parece "evidente" de puro realista, es por el contrario un lienzo tan "difícil de explicar" que le pareció "tentador" interpretarlo como un enigma. "De manera que es como un gran agujero en medio del más espléndido escenario".

Un escenario al que Olivares, el "verdadero autor de este libro" para García, ha puesto líneas, sombras y colores. Y no sólo al mismísimo Velázquez, sino a todos los personajes históricos que se pasean por estas viñetas, como Juan de Pareja.

Pero, sobre todo, al autor de estas viñetas de estética picassiana, la realización de la obra le ha servido para "reflexionar": "Hay una idea de la trascendencia, de la lucha del pintor por trascender, de dejar de ser un mero artesano y convertirse en un artista, que en el fondo era lo que latía dentro de Velázquez: conseguir la Cruz de Santiago".

Detrás de esta reflexión, hay un trabajo real de año y medio, tiempo en el que en la mesa de trabajo del ilustrador Olivares (Madrid, 1964) ha estado presidida por una reproducción del célebre lienzo, que le ha "acompañado todos los días".

Eso sí, cuando este tiempo pasó y el libro entró en imprenta, el tándem no dudó en presentar sus respetos a Velázquez en el Museo del Prado, donde se colocaron "como japoneses" delante del cuadro y el dibujante entró "en shock". "Fue una manera de cerrar el libro, como si viésemos los créditos de una película", comenta.

Con el libro a punto de llegar a las librerías, Olivares confiesa que al inicio de esta aventura ambos decidieron "dejar de ser humildes".

Una decisión que ha hecho que esta novela gráfica, que se gestó hace seis años, haya convertido a sus autores en "ambiciosos en el buen sentido": "Creo que es un libro ambicioso -añade Olivares- y me gusta que lo sea. No queríamos hacer algo tibio y contar la vida de Velázquez, sino que fuera más allá".

Eso sí, que nadie se atreva a llevar los conocimientos adquiridos a un examen de arte, porque, como advierte con ironía el guionista, "suspende seguro". EFE