Alfredo Valenzuela.

Sevilla, 19 ene (EFE).- La antología poética titulada "Ángeles errantes", del editor literario de la revista Litoral, el sevillano Antonio Lafarque, ha puesto de manifiesto que las nubes, como el amor o la muerte, son uno de los temas universales de la poesía española.

Lafarque ha dicho a Efe que para la selección definitiva de 51 poemas de otros tantos poetas que conforman esta antología, que lleva el subtítulo de "Las nubes en el cielo poético español", llegó a reunir quinientos poemas de varios cientos de poetas del siglo XX español, además de Gustavo Adolfo Bécquer, único plenamente del XIX que ha sido seleccionado.

Si a esos poemas se les suman los que trataban central o tangencialmente la niebla o la bruma, el censo de la selección inicial se elevó a casi 900, sólo de poetas españoles, ya que la presencia de las nubes en la poesía hispanoamericana, según Lafarque, no es inferior a la española.

Precisamente, dedicados a la bruma o la niebla, sólo hay dos poemas en "Ángeles errantes", firmados por Joan Margarit y Amalia Bautista.

El malagueño Rafael Pérez Estrada, aunque en prosa poética, ha sido el poeta que más ha frecuentado las nubes en su obra, seguido de otro andaluz, Juan Ramón Jiménez, y del vallisoletano Francisco Pino, quien sin embargo no fue finalmente seleccionado para la antología.

"La poesía también es un estado de ánimo -ha explicado Lafarque- y, si hoy volviera a hacer la antología, incluiría a Francisco Pino, con el que quizás fui injusto; Pino es un heterodoxo, pero un poeta personalísimo, que publicó con editoriales importantes como Visor e Hiperión".

Manuel Altolaguirre, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Emilio Prados y Luis Feria ocupan un segundo puesto en cuanto a frecuencia de las nubes en su poesía; y entre los poemas preferidos por el antólogo están el de Antonio Machado, "En abril, las aguas mil", y el de Luis Cernuda, "Desdicha".

La antología también incluye un poema inédito del almeriense Juan Pardo Vidal, cuyos dos primeros versos dicen: "Nube,/ cuatro letras de algodón".

Lafarque ha atribuido el prestigio poético de las nubes a que "también son una metáfora del poema, y viceversa", y ha asegurado que ambos son frágiles y que los poemas populares también "se van transmitiendo y se van alterando, como las nubes se van moviendo y cambiando de forma".

"Ese carácter proteico de las nubes, que parpadeas y han cambiado de forma, es el más interesante", ha añadido.

Cuando el malagueño Centro Cultural de la Generación del 27 le encargó a Lafarque una antología, este pensó en rendir homenaje a la colección "Cazador de nubes", que ese propio centro edita, donde ha sido incluida "Ángeles errantes", cuyos ejemplares, impresos en la misma imprenta de caracteres móviles que empleó el poeta Manuel Altolaguirre en la Imprenta Sur, no se destinan al mercado.

De esta colección se hacen ediciones cortas de 300 o 350 ejemplares numerados, que se reservan para el protocolo o los invitados del Centro de la Generación del 27.

Lafarque ofrece otra razón para su antología: "Desde la ventana de su habitación y el tejado de la Residencia de Estudiantes, Emilio Prados 'cazaba' nubes con un espejo de mano e intentaba reflejarlas sobre la pared", por lo que su amigo Federico García Lorca lo definió en una dedicatoria como "Emilio Prados, cazador de nubes". EFE