Madrid, 15 oct (EFE).- La miopía de un crítico de teatro musical hizo que, en el momento de su estreno en París, escribiera sobre "Los miserables" que no tenía ni una sola canción para el recuerdo. Transcurridas casi tres décadas desde entonces y a propósito de su nuevo montaje de gira por España, su compositor habla con Efe.

Claude-Michel Schönberg, quien compusiera la en realidad inolvidable partitura del musical junto a Alain Boublil, asegura: "No me levanto cada mañana pensando en que escribí 'Los miserables'. Se me ha olvidado, porque sucedió hace 30 años. Solo lo pienso cuando hay un concierto o un estreno, o ahora que estoy presentando este espectáculo".

"Este espectáculo" ha sido representado en más de 48.000 ocasiones, ha ganado ocho premios Tony, ha sido traducido a 22 idiomas y se ha convertido en el musical durante más tiempo de forma ininterrumpida en cartel en el West End londinense. Ahora vuelve a España con una gira que empieza el día 17 en Santander y pasará por veinte ciudades españolas.

Pero Schöneberg no puede evitar relativizar: "Digamos que 'Los Miserables' es lo que ha hecho mi vida fácil, superar la crisis financiera y todo lo demás. Me ha permitido que escribir música sea lo único que haga mi vida, y eso es un gran privilegio".

"Y en términos de cifras, es mi obra maestra, pero en términos de creación, siempre intentas dar lo mejor de ti. Desde entonces, he seguido aspirando a eso", asegura inconformista.

La versión que llega a España, una producción de Carmeron Mackintosh, está protagonizada por Nicolás Martinelli como Jean Veljean, epítome de la redención; Ignasi Vidal como Javert, su eterno perseguidor; Elena Medina, como la sufridora Fantine, y Talía del Val como Cosette, la hija de Fantine adoptada por Jean Valjean.

Respetuoso en la esencia tanto del espectáculo original como de la novela de Víctor Hugo, este montaje recupera el desgarrador choque entre patria, amor y redención con la sensibilidad íntima y social del autor de "Notre Dame de París" y con el espíritu de los mejores musicales, un año después de que en la pantalla grande se estrenara la exitosa versión cinematográfica de Tom Hooper.

La mezcla entre espectáculo escenográfico y dimensión humana es por lo que siempre han apostado Schönberg y Boublil, autores de otras obras como "Miss Saigon".

"La realidad es la fuente de inspiración siempre. Todas nuestras historias están protagonizadas por historias de gente sencilla. Nos gusta usar telones de fondo con grandes acontecimientos, como la revolución popular en Francia o la guerra de Vietnam, pero la historia siempre tiene que ser real y muy sencilla", explica.

Eso es lo que hace que "Los Miserables" siga vigente a través del tiempo y el espacio. "'Los Miserables' siempre existen. Seguro que en tu agencia de noticias hay un Javert, un Jean Valjean y una Cosette", asegura.

Aunque quizá el secreto de su vigencia haya sido supervisar cada nueva adaptación o cada película que se ha hecho sobre el tema.

"Susan Boyle es lo único relacionado con 'Los miserables' en lo que no tengo nada que ver, por una vez. No estaba en Europa y recibí 45 'emails' con el enlace para YouTube. No tuve que trabajar en ello: solo ver a esa mujer con esa voz increíble", asegura.

"Entonces me acordé y me reí de aquel primer crítico que dijo que no había ningún momento que el público fuera a recordar", afirma sobre el fenómeno que desató esa humilde y poco agraciada mujer cantando "I dreamed a dream" en la televisión británica.

Como compositor de éxito, Schönberg no está en contra de la nueva tendencia a crear espectáculos con canciones pop de éxito, los llamados "jukebox shows" (espectáculos-gramola): "Algunos espectáculos tienen ideas de creativos, como 'Mamma Mia!' y otros son concebidos por los productores, como el de las Spice Girls", dice.

Ni tampoco de esos musicales más coreográficos que operísticos, cuyo máximo representante fue Bob Fosse. "Claro que me gustan. Mi mujer es exbailarina, y yo hago pilates con una camiseta que me dio Bob Fosse", asegura.

Para él, lo único importante es dar sensación de realidad a un género por definición tan poco realista. Por eso, reduce su tarea a "conseguir que, después de diez minutos, la gente se olvide de que hay música y de que los diálogos son cantados, porque la historia les ha cautivado tanto que no les parece importante", explica. EFE msc/ram