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Ciegos, sordos y mudos, pero con manos para hablar

EFE - 09/09/2011

Carlos García Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), 9 sep (EFE).- Jóvenes sordo-ciegos de diferentes lugares de España se han concentrado en la zona salmantina de Las Arribes del Duero con el fin de engrandecer su comunicación, ya que, a pesar de sus deficiencias visuales y auditivas, tienen manos con las que pueden hablar.

Su primer destino, La Aldea del Burrito, un enclave de Aldeadávila de la Ribera, a orillas del río Duero, donde los quince jóvenes sordo-ciegos, en compañía de otros tantos guías-mediadores, ha podido montar a caballo, acariciar a un burro, dar de comer a un corzo e, incluso, "ver" erizos o cabras.

Roberto Vázquez, madrileño de treinta años, es uno de los participantes, nació sordo y con quince años se quedó ciego.

Cuando realiza alguna actividad siempre tiene que ir acompañado de intérprete y a la pregunta de cómo hace para ver, Roberto Vázquez contesta con rapidez: "tocando, está claro".

Como a cualquier otro joven de su edad, una de sus mayores preocupaciones es la crisis, ya que, tras varios años de almacenista, hace unos meses se ha quedado sin trabajo.

"Me echaron por la crisis, aunque fui de los últimos de la empresa en quedarse sin trabajo", explica este joven sordo-ciego, tras la traducción del lenguaje de signos que ofrece su mediadora Raquel Díaz-Cardiel.

"Estaría bien que el titular de esta entrevista fuera Los sordo-ciegos también tienen paro", insta Roberto Vázquez, que asegura tener miedo cuando está solo.

Tocar es su única forma de abrirse al mundo y sin el tacto de sus manos no podrían escuchar los mensajes que trasladan los mediadores a estos quince jóvenes que, por primera vez, han salido en grupo para realizar una excursión.

Gennet Corcuera, una joven etíope de 30 años que fue adoptada al nacer por una familia madrileña, asegura a EFE que se siente "muy contenta" porque, "afortunadamente" puede hablar por el móvil a través del Sistema Braille.

La mayor parte de su tiempo lo pasa con un mediador y toda su formación la ha centrado en la carrera de Educación Especial que está a punto de concluir.

¿Le puedes preguntar si tiene algún miedo?, le sugerimos a su mediadora Lourdes Calle.

Gennet Corcuera responde "ipso facto": "No tengo miedo de nada, ¿de qué puedo tener miedo?".

Su ilusión, trabajar en un futuro con otros niños sordo-ciegos, a los que les gustaría instruir y hacerles más fácil la vida, ya que para eso, insiste, está acabando sus estudios de educadora especial.

La vida de las personas sordo-ciegas se complica en cada segundo debido a su aislamiento social y a la dificultad de potenciar su autoestima, como han reconocido las cuidadoras de la Asociación de Sordociegos de España (Asocide).

Este colectivo, que suma alrededor de seis mil personas en España, tiene claro que lo único que necesitan es que las administraciones les financien un guía-mediador, ya que para ellos es imprescindible las veinticuatro horas del día.

Sólo es prescindible la figura del mediador si la persona sordo-ciega contacta con otra persona sordo-ciega, con la que, paradójicamente, consigue comunicarse sin trabas y sin ninguna barrera, según las personas responsables de este encuentro que se prolongará en Las Arribes del Duero hasta el próximo 11 de septiembre. EFE 1010438 cgg/jcp/ero (foto)

 

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