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José Luis González Quirós - 22/02/2010
Que la política supone un alto número de factores irracionales es algo que nadie que haya pensado seriamente en estos asuntos ha puesto nunca en duda. Casi por las mismas razones, hay unanimidad en la recomendación de que en las sociedades democráticas se ha de propiciar un debate racional sobre las distintas opciones, más allá de dogmatismos y de cualquier clase de exclusiones. Esta forma de debate público requiere un conjunto de instituciones entre las que no pueden faltar ni una prensa independiente y crítica, ni una praxis política que castigue de manera rigurosa la demagogia y el populismo. Se trata, desde luego, de un ideal, cuya realización determina fuertemente el grado de eficiencia de las distintas instituciones democráticas para enfrentarse a los problemas de la realidad política.
Cuando las cosas son así, un alto número de electores está siempre dispuesto a modificar su voto en virtud de razones puramente pragmáticas, lo que supone un sistema de vigilancia rigurosa del comportamiento político de líderes y partidos. Como se sabe, y para nuestra desgracia, el electorado español no se comporta generalmente de esta manera, sino que, por el contrario, permanece fiel a sus opciones ideológicas más allá de lo razonable. Esta forma de actuación no favorece precisamente la flexibilidad política y consolida un bipartidismo ideológico que, aunque sea común en la mayoría de las democracias, alcanza entre nosotros unos perfiles excesivamente dramáticos.
En virtud de ese atavismo, los debates parlamentarios sobre política general son perfectamente previsibles. En el último de los celebrados sobre la naturaleza y los remedios de la crisis económica que nos afecta, y en sus secuelas de toda la semana, se han podido observar dos conductas diametralmente opuestas cuyo análisis puede apuntar alguna novedad de interés.
El presidente ha intentado, seguramente sin mucho éxito, cargar sobre las espaldas del PP los costos de una demora en superar una situación claramente insoportable. La música de fondo ha sido que no se le pide al PP una ayuda al gobierno sino una ayuda a España. Se trata de una música inhabitual en la izquierda clásica, aunque Zapatero ha recurrido a ella ya en otras ocasiones, una cantinela cuya intención sería legitimar la pretensión de que haya que ayudar al Gobierno por patriotismo, y que, en consecuencia, quienes no lo hicieran se convertirían en responsables de cualquier desastre.
La pretensión es tan absurda que solo puede compararse apropiadamente con el vudú. En lugar de analizar los problemas en sus propios términos se busca un monigote al que se le clavan los alfileres a la espera de que la magia opere sus milagros. Ahora bien, lo que efectivamente sucede no tiene nada que ver con esa superchería política. Es el Gobierno el que dirige la política del país y no puede descargar en nadie la responsabilidad de sus actos. Cualquier oposición sería responsable si impidiese que el Gobierno sacase adelante proyectos legislativos y políticas que beneficien al país, pero es evidente que el PP no puede hacer eso porque no tiene la mayoría en el Parlamento. Si el Gobierno ha podido aprobar leyes como la de la memoria histórica o la del aborto sin ningún apoyo del PP, también podría sacar adelante las medidas de política económica, fiscal y presupuestaria que considerase oportunas. El PP no podría hacer nada para impedirlo y, por su propio interés, no haría absolutamente nada cuando estimase que las medidas eran razonables y positivas para el conjunto de los españoles. ¿Qué pretende el vudú de ZP? Reforzar en el imaginario de sus fieles la imagen básica de su política, la idea de que el PP es el mal, el peligro, la irresponsabilidad y el egoísmo llevado hasta el punto de no querer apoyar a un Gobierno que pretende sacarnos de esta crisis que, conforme a las ideas de ZP, se debe precisamente a errores gravísimos de los gobiernos del PP.
¿Conseguirá esta magia repetida aumentar la clientela del PSOE? No parece razonable y es alarmante que al presidente no se le ocurran soluciones algo más creativas. Pues bien, frente a este recurso al vudú, el señor Rajoy sorprendió al respetable con una afirmación tan inhabitual como plena de buen sentido, que, aunque seguramente esté destinada a la esterilidad de un modo inmediato, será recordada en el futuro porque apunta a uno de los defectos radicales de nuestro sistema político. ¿Qué dijo Rajoy? Algo que debiera ser obvio, aunque muchos han considerado una inconveniencia. Mirando a los bancos del PSOE, recordó a esos diputados que la responsabilidad de la política de Zapatero es suya, y que, visto lo visto, la única posibilidad de cambio de política y de protagonista, o de ambos, está únicamente en sus manos. Rajoy pretendió agitar unas aguas, estancadas pero íntimamente inquietas, la conciencia crítica de aquellos socialistas que no creen en el vudú, y que saben que estamos a escasos metros de un abismo peligroso.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
9 COMENTARIOS
9 .- "El modelo económico español es un modelo internacional de solvencia y eficiencia".
Pues si, lleva Vd. mucha razón; en estos foros, en muchos medios económicos solventes, todos los no "abducidos" por la palabrería del Presidente Español más "rojo" [SIC], venian advirtiendo que el camino no era ignorar lo que estaba pasando, fuera y dentro. Aumentar el gasto de manera estructural, dilapidar las "reservas" en gastos evitables, desatender la productividad del sistema, aumentar los impuestos de los colectivos más controlados, el apego a todo lo que fuera intervención en la economía, gastar a base de deuda, batir todos los records de deficits, incitar a una politica territorial de verdadera locura, poner los medios "amigos" a defender la "causa",. ...son muchas decisiones equivocadas, mucha cabezoneria ideologica, mucho sectarismo..El grito cinico de "pacto" es visto, y con razón por el partido de la oposición, despues de todo lo que hemos visto y oido como una manera de buscar complices. No es momento de echar la culpa a los demás, es hora de gobernar para todos y dejarse de palabreria barata y hacer lo contrario de lo que dice. La factura del disparate está ya al cobro y es cara.
8 .- Creo que todos rezumamos casi lo mismo. ZP es un payaso en esta situación pero, a tenor por lo mostrado con muchos hechos recientes [espías, gurtel, Caja Madrid, Esperanza...], Rajoy en esta situación podría ser patético.
Enemigo del ruido y defensor callado de que los problemas se resuelven sólos o se pudren y quedan en el olvido, le veo incapaz de lanzar un mensaje que llegue a la ciudadanía. Como decía el forero 'obervando' su equipo de comunicación brillante no es pero al resultado del equipo hay que sumar las condiciones personales para comunicar y desgraciadamente Rajoy no tiene muchas. Suena a un opositor que está contestando la pregunta de examen oral.
Mi sugerencia sería que, aprovechando sus largos períodos de sombra, se encerrase en algún parador, chalé o sitio aislado y ejercitase distintos tonos, formas, muecas y gestos bajo la supervisión de un experto y la de un logopeda para limar su pronunciación y suscitar empatía con los oyentes o televidentes. Eso hace a veces la diferencia entre estar 10 horas empollando un discurso y decirlo sin gracia y el no estudiárselo nada [caso ZP] y bordarlo con ocurrencias.
Por supuesto, de paso puede aprender un poco de inglés.
7 .- Buenos días:
Complicada la situación señor Quirós, complicada, el electorado español desde hace años vota siglas y le da igual que proyectos o que soluciones dan a la sociedad dichas siglas. No hay más, mientras las mentes de los ciudadanos no sean mentes abiertas continuaremos así per secula seculorum, es la idiosincrasia del país.
En cuanto al vudú, la magia sólo hace efectos en quien cree en ella. Rajoy debería creer un poquito más en si mismo y en sus ideas, tener más fuerza para exponerla tendría que dejar de creer que las cosas caerán por su propio peso. Esa creencia, de que caerán por su propio peso a lo mejor es lo que lo lleva a hundirse él también.
Zapatero está haciendo vudú con todo el país, lo que no podemos permitir es que nos suma, aún más, en una duermevela de la cual, a lo mejor, nunca más volvemos a despertar.
6 .- Quise decir Arriola. Ha sido un lapsus.
5 .- #3 Lleva usted razón. No es lo que el PP dice, o deja de decir, sino que sus posturas a la contra [normalmente coherentes] las sigue "vendiendo" mal, errores de estrategia puntual, aparte. No me parece dificil el que el PP lograse hacer ver que su oposición va más a favor de España que la del gobierno, pero aunque lo intentan no resultan tan persuasivos como debieran.
Y es que el diseño del marketing [muy cuestionado mientras Artola siga dirigiéndolo] no puede sostener a un líder, si éste no tiene carisma. Y eso es grave para el PP.
MIENTRAS TANTO
Moncloa respira: los sindicatos siguen con el Gobierno... y en la oposición
Carlos Sánchez