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TRIBUNA

Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor

democracia transición libertad

@Javier Benegas - 06/10/2009

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Quienes confunden la Historia con el reduccionismo histórico, dicen que a Sir Winston Leonard Spencer Churchill la histórica frase “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” le costó perder unas elecciones. No es cierto. Churchill no fue castigado por los electores por haber pedido que asumieran la realidad, sino porque Gran Bretaña salió mal parada en las negociaciones que siguieron a su victoria en esa espantosa guerra ganada a base de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Es decir, el ciudadano común aceptó con resignación el sacrificio que la situación le exigía, pero no perdonó que la culminación de ese sacrifico fuera desaprovechada por un Churchill para entonces bastante quebrantado por las penalidades que durante años había padecido y la inevitable vejez.

 

Durante décadas, aunque nunca tan explícitamente como lo hizo Winston Churcill, a los españoles se nos ha pedido esfuerzo y sudor -ni sangre, ni lágrimas- para transformar un país subdesarrollado en una nación capaz de estar en primera línea y al lado de las más admiradas del mundo occidental. Así, en los ochenta, mientras la casta política daba a luz a una criatura a la que pusieron de nombre 'Transición', los ciudadanos nos dedicamos en cuerpo y alma a levantar un país que durante demasiado tiempo se había acostumbrado a vivir de rodillas.

 

Se trabajó duro, se pagó mucho y se calló bastante. Embebidos en el papel de sacrificados ciudadanos que aspiraban a ingresar en una floreciente clase media, fuimos cicateros en lo que no debimos serlo y no pusimos el interés suficiente en comprender la trascendencia del momento. Por el contrario, caímos en la trampa de una retórica llena de hermosos conceptos democráticos que en la práctica iban a ser minuciosamente vaciados de contenido. Y es que cuanto más siniestros son los deseos de los políticos, más pomposa se vuelve la nobleza de su mensaje. Hoy, la evolución ha simplificado aún más el proceso, y los conceptos ya no hay que vaciarlos de contenido porque son creados huecos.

 

Tres décadas después, varias generaciones forjadas en el esfuerzo y el sudor se han quedado sin recompensa, es más, están en trance de perderlo todo. Y los que han ido llegando después no tienen porvenir. La 'Transición', tan mitificada como desnaturalizada por los padres de la patria, al igual que Saturno, ha terminado devorando a sus hijos, y es de temer que también devore a sus nietos.

 

Quizá en alguna parte del camino hemos dejado de esforzarnos. Pero lo relevante no es eso, sino que, en general, nuestro conocimiento de la democracia nunca ha sido muy exhaustivo. Entendimos con rapidez que votar era algo propio de las democracias, por contra aceptamos equivocadamente que la democracia era votar. Asumimos que el Estado de Derecho era necesario, pero confundimos la prodigalidad legislativa con la Justicia. Y dimos por hecho que la división de poderes era condición inexcusable, pero no sacralizamos su separación. Todo ello nos ha llevado a dar por bueno un sistema político que si bien proporciona algunos mecanismos e instituciones propios de la democracia, en la práctica funciona como un sistema cerrado e impenetrable para la sociedad civil. En consecuencia, la política ha terminado en manos de unas castas que de continuo someten el sistema a su voluntad; siempre en beneficio de unos pocos y en contra del interés general. Y por ello, pese a todo nuestro esfuerzo y sudor, cada vez somos más pobres.

 

Volviendo al ejemplo de la Gran Bretaña de Churchill, muchos son los que en España se han esforzado y sudado, algunos han dejado de hacerlo y otros tantos nunca lo han hecho y posiblemente nunca lo harán. Pero ni unos ni otros hemos comprendido la importancia de la sangre y las lágrimas que hay que derramar cuando se trata de ser libres. No hemos tenido un Churchill ni una guerra mundial que librar. Nuestra guerra es otra muy distinta. Nos toca combatir contra la perversión de un sistema político enfermo, enfrentarnos a nuestra propia debilidad y vencer a la cómoda servidumbre. Se trata de una contienda sórdida y llena de sombras donde hay armas especialmente diseñadas para intoxicarnos, amigos prestos a traicionarnos por un puñado de monedas y enemigos emboscados por todas partes, una guerra donde los héroes son tachados de locos y los que se definen como cuerdos se entregan con vehemencia a sus propios intereses.

 

Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Cuatro palabras que resumen el elevado precio que hay que pagar para ser libres. La libertad es un bien muy caro, difícil de alcanzar y aún más difícil de preservar. No es un valor estático, sino en constante movimiento, escurridizo y en no pocas ocasiones difuso e intangible. Por ello, para quien quiere de verdad ser libre no hay descanso. No es tan simple como trabajar duro y prosperar, hay que hacer horas extra y permanecer siempre vigilantes, ser personas comprometidas con algo más que nuestro bienestar y estar dispuestos a ofrecer sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.

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Opiniones de los lectores (7)

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7. usuario registrado golo»06/10/2009, 16:24 h.

Magnífico artículo. Pero no sólo en los años 80 los ciudadanos trabajamos por poner en pie al país. También lo hicimos en los 70, en los 60, en los 50 y en los 40. El hecho de que aquéllos esfuerzos estuvieran encabezados por quienes tenían de la democracia un concepto no mucho peor del que tienen, en la práctica, los que ahora tan bien describe el artículo, no quiere decir que fueran esfuerzos perdidos, sino todo lo contrario: si pudo haber una transición como la que hubo fue porque gracias al sudor, las lágrimas y, por qué no, la sangre de muchos españoles se había podido establecer una base económica y social que llevó a España, sin demasiados sobresaltos, a la democracia parlamentaria. Que ésta haya devenido en la Cuadra de Augías que es nuestra vida política, es responsabilidad de un pueblo que llega al punto actual de la Historia sin identidad colectiva y muy poco capacitado para cambiar la situación: cargamos con la clase política que hemos generado y nos merecemos. Insisto, muy buen artículo.

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6. usuario registrado zaguan»06/10/2009, 10:52 h.

El articulo es muy bueno, independientemente de la frase con la que comienza y quien la dijo.
Efectivamente estamos desencantados de la politica, por culpa de la poca valia de nuestros politicos.
Si hay algo que me gustaba del ideario socialdemocrata era el valor de la cultura, como bien no privativo y fundamental para el desarrollo de las personas y de los pueblos. Y la experiencia de los ultimos 27 años de los cuales el partido socialista ha gobernado 19, es que nos quiere cuanto mas tontos mejor. Una educación y formacion con el menor esfuerzo posible, dond solo vale la cultura del "pelotazo" para ser rico.
Esto en general, pero en Andalucia con el Sr, Chaves, nos llevamos la palma y no hay que olvidar que esta es la Comunidad Autonoma más poblada, el 17% de España.

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5. usuario registrado Maria-G»06/10/2009, 10:18 h.

Por otro lado, excelente artículo Javier.

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4. usuario registrado Maria-G»06/10/2009, 10:15 h.

En ningún momento el autor dice que esa frase la pronunciara Churchill al final de la guerra. Más bien se entiende que fue al principio y que el pueblo es al final de la misma cuando, habiéndose sacrificado, reprocha a Churchill no aprovechar su sacrificio.

Saludos.

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3. usuario registrado juan23»06/10/2009, 10:08 h.

Buen artículo Javier. Ahora ve a explicárselo a tus padres [y de paso les dices que Suarez era un análfabeto funcional] y a tus hijos [y de paso les dices que casi todo lo que les cuentan sus profes de história es una trola]. Buena suerte.

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