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OPINIÓN
TRIBUNA ,  Javier Ybarra*

Retrato sin retoques de Rodrigo Rato

Javier Ybarra* - 22/01/2010

Cuando en marzo de 1949 nació la criatura, el padre, de acreditado linaje, no sabía si orientarle hacia la política, lo que hubiera hecho las delicias de su abuelo, Faustino Rodríguez San Pedro, diputado y ministro de Hacienda con Alfonso XIII, o dirigirlo a los negocios y hacer feliz a doña Aurora.

 

Aurora, la madre del recién nacido, una mujer inteligente, bondadosa y limpia, soñaba con que su retoño continuase la vida emprendedora de sus antepasados –minas de carbón, el Gijonés de Crédito, Unión Española de Explosivos, participación en Banesto, ferrocarril vasco-asturiano, etc.– e incluso la de su propio marido, Ramón, quien cuatro años más tarde, en 1953, acabaría comprando el Banco de Siero y luego el Banco Murciano.

 

Frente a tantas aspiraciones familiares, el recién nacido callaba pero para su tierno subconsciente nada de cuanto sucedía a su alrededor pasaba inadvertido. Durante la ceremonia del bautizo, en el instante en el que le rociaron la cabeza con agua del Jordán, comenzó a dar unos gritos y a soltar unas palabrotas que nadie comprendía. El sacristán advirtió que, según testimonios orales transmitidos de coadjutor a coadjutor, sólo había habido dos asturianos que profirieron sobre la pila bautismal unos gritos tan sobrecogedores: Gaspar Melchor de Jovellanos y Sabino Fernández Campo.

 

No se sabe si fue una visión o una simple intuición, pero el propio sacerdote que lo bautizó advirtió a la familia sobre el carácter de la criatura: “Este tremendo ha nacido para mandar, no para ser poeta”. Al oírlo, las abuelas dieron unos saltitos de alegría. Preferían tener en casa a otro don Faustino que a Platero y yo. Acababa de nacer Rodrigo Rato Figaredo y la prensa no se había percatado de ello.

 

Siendo adolescente era un don Juan a quien las chicas de Madrid, donde vivía, y las de Gijón, donde veraneaba, le confundían con Ben Gazzara quien saltó a la fama interpretando en un teatro de Broadway La gata sobre el tejado de zinc. Si para el autor de este ensayo, Tennessee Wiiliams, el acto de escribir equivale a “acosar continuamente una presa por demás escurridiza y a la que nunca llegas a atrapar del todo”, para Rodrigo su arte para acosar a sus adversarios políticos acabaría siendo algo digno de ser enmarcado. De modo que, con la idea de ampliar conocimientos, saltó el charco y marchó a la Universidad de Berkeley.

 

Algunas amigas estaban convencidas de que, con el alma de actor que llevaba dentro, acabaría triunfando en Hollywood y sería el protagonista de innumerables desayunos con diamantes. Pero Anne Marie, la chica que sustituyó en su corazón a Kiki Goyeneche, se apoderó de él y le cortó el paso al cinemascope. Sin Hollywood como horizonte pero con Berkeley en el bolsillo, Rodrigo regresó a España para poder beber buen vino tinto, ponerse ciego de huevos fritos con patatas, su plato preferido, seguir coleccionando relojes de pulsera, ser consejero delegado de Aguas de Fuensanta, casarse con Gela y traer al mundo a tres retoños.

 

El día en que conoció a Aznar

 

Una noche su padre, Ramón, tuvo un sueño. Se le había sentado junto al catre un anciano caballero que tenía algo de santo. Era su abuelo don Faustino, el ministro de Alfonso XIII, quien le pidió que fuese a ver a Fraga para ofrecerle los servicios de su bisnieto en Alianza Popular. “He observado con detalle a Rodrigo”, le dijo, “y está capacitado, como lo estuve yo, para representar a la familia en los gobiernos de España”.

 

Entonces, como si fuera Abraham camino del Monte Moria, don Ramón subió a Galicia para entrevistarse con Fraga y anunciarle que su hijo estaba dispuesto a sacrificarse por España. Pero así como el joven Isaac pasó muy malos tragos junto a su padre, Rodrigo, gracias a San Manuel, pasó de un empujón de Aguas de Fuensanta al reino de los cielos de la política nacional.

 

El día que Aznar y él se conocieron se estableció entre ellos una buena química. Debió de ayudar bastante el hecho de que sus antepasados, don Faustino y don Manuel Aznar, fuesen contemporáneos y que el primero leyese las crónicas que el segundo enviaba desde el frente de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, otra guerra más absurda, la de Iraq, acabó separándoles y, por avatares de la vida, los dos recalaron en Washington, uno para presidir el FMI y otro para dar conferencias. No se llamaban, pero no podían dejar de recordarse.

 

Todavía hoy en Washington hay quien sostiene que la espantada de Rodrigo del FMI a mitad de mandato no se debió a Alicia sino a que, harto de la política española, pensó en pedir la nacionalidad estadounidense y, emulando a Pamela Digby, afiliarse al Partido Demócrata. Pero, al parecer,  en otra noche de apariciones, se le presentó don Faustino vestido de frac y con sombrero de copa, y lo recriminó. Fue entonces cuando regresó a Madrid y Rajoy le mandó a ver a Espe con una nota que decía: “Para Caja Madrid. Feliz Navidad”.

 

Y es ahí, en Caja Madrid, donde Rodrigo dejará de ser Rodríguez San Pedro para ser más Figaredo y, fiel a los principios liberales que heredó de sus antepasados, convertirá la Caja en un gran Banco. Será el principio del fin de las Cajas de Ahorro como Montes de Piedad de los políticos.

 

*Javier Ybarra es autor del libro Nosotros, los Ybarra.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 6 COMENTARIOS

6 .- Lamentable artículo! Sr. Ybarra, documéntese!!!!!! Una vez más se pierde una magnífica oportunidad para denunciar al personaje de marras: Don Rodrigo Rato Figaredo!! Ni más ni menos. Otro mafioso de nuestra democracia. Los milagros de Rato, nos contaban hace años cuando crecía nuestra economía. Ahora ya sabemos cómo crecíamos...¿Qué hizo este sujeto para fortalecer nuestro modelo productivo? Digo mafioso porque alguien debería explicar ya de una vez con pelos y señales lo de Aguas de Fuensanta y su arreglo con Botín. Que alguien explique lo de los 1.000 millones de deuda de la familia Rato y lo que hizo el Banco del mayor ladrón de nuestra democracia: Botín. Todo ello claro, a cambio de favores gubernamentales y archivos judiciales. QUE ASCO DE PAIS!!!!y todavía periodistuchos bailando el agua....

pitilinacio

5 .- Quizás este capítulo explique la relación de Rato con el bbva.

gaucho

4 .- Que bueno! Dudo que el Javier Ybarra lea esto, pero si pudiera conocerle personalmente le diría que escriba algo tipo Capote o como dice Apatxe, retratos al estilo Vicent. Son muy salados joe y si aquí en la casa ya nos lo pasamos genial leyendo estos artículos, un libro sería la bomba!
Aupa!

corruptor

3 .- Qué divertido e interesante artículo Sr. Ybarra. Su estilo me recuerda un poco al de Manuel Vicent con la diferencia de que éste es más amargo y usted un cachondo. Vivirá más y mejor y cuando llegue Vd. a la edad de Vicent - si es que llega, desconozco el estado de su salud cardiaca sobre todo - no necesitará echar mano del Viagra. Al señor de abajo que dice que Vd. odia a no sé qué primo, le diría que por el estilo de su escritura, Vd. de odios, poco. Un cachondo no suele odioar, suele despreciar con un: "Anda largartijas". O algo así. Digo yo. De todos modos, yo que he leído su libro, tiene razones para despreciar a algunos. Abrazotes

Apatxe

2 .- Ya que empieza, podía terminar contando cómo el ínclito personaje defenestró a su primo Emilio y demás consejeros del BBV[a] con el poco edificante fin de poner a su amigo de Chantada, con acrisolada y larguíiiiiiisima experiencia bancaria, al frente de la entidad. Una entidad, por cierto, en la que su familia, de la que Vd. tanto alardea, tuvo presencia desde el primer minuto. Pero aunque también fuera el nombre de su familia el directamente afectado por la cacicada de este fatuo individuo, Vd. no nos lo cuenta porque ya sabemos que odia a sus primos Emilio y Santiago. Por eso lo tenemos que contar los demás.

Ahora, que nos diga que Rato es liberal, después de haberse dado el gustazo de cambiar porque sí el Consejo de Administración del segundo [y casi primero] Banco en España, clama al cielo.

Jaun Zuría

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