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Opinión | Díaz Ferrán | CEOE | Air Comet | patronal | Zapatero | sindicatos
Javier Ybarra - 31/12/2009
Cuando en 1954 acababa de cumplir los doce años ayudaba a su padre como cobrador en el negocio familiar de autobuses, cargo que, al parecer, desempeñó con destreza, lo que le proporcionó una gran seguridad en sí mismo.
Esa autoestima fue fortaleciéndose en él a medida que obtenía el reconocimiento de su entorno familiar, incluso el de los pasajeros que se subían al autocar y que, mientras le entregaban las monedas con una mano, le acariciaban su cabeza con la otra al tiempo que le preguntaban por su nombre de pila.
- Soy Gerardo Díaz Ferrán - respondía él – y a continuación marchaba a cobrar a otros pasajeros recitando en voz baja, para el examen del colegio del día siguiente, la lista completa de los Reyes Godos.
Sólo perdía el control sobre sí mismo cada vez que sentía la presencia de un avión sobrevolando el autobús. Entonces se le caían al suelo los billetes y corría a sacar la cabeza por la ventanilla. Era el único instante del día en el que entraba en éxtasis, como un vidente ante una aparición celestial.
No soñaba con ser Howard Hughes porque todavía no sabía quién era, pero “algún día”, pensaba, “uno de esos pájaros de acero será mío”. Una tarde leyó lo que a Tennessee Williams le dijo un amigo del colegio y quedó muy impresionado por la carga filosófica del mensaje: “Si uno se queda el tiempo suficiente en un rincón de California, tarde o temprano termina por pasar una gaviota que te caga encima un montón de oro”.
Atracción por las aeronaves
Gerardo esperó en un rincón de Madrid hasta que le cagaron oro los pájaros de acero que pasaban por encima. Luego, con los años, quiso homenajear a esas aeronaves de alas plateadas y llegó a coleccionarlas como si fuesen huevos de avestruz. Hasta que, debido a los imponderables, acabaron rompiéndose.
La noche que soñó lo que el destino le tenía reservado para cuando fuese mayor, sufrió un ataque de caspa. Tan sólo de pensar en la responsabilidad que se le venía encima se le cayó el pelo y se le puso cara de obispo. Dice Felisa, una vecina suya de los años 50 que acabó de monja adoratriz en un convento a orillas del Nervión, que siendo todavía un biberonario Gerardo ya parecía un hombre de fundamento a quien podías entregar tranquilamente casi todos los ahorros.
Ahora, esta antigua santa establecida bajo el cielo metalúrgico de Bilbao está orgullosa de que Gerardo se parezca físicamente a “un tal Blázquez”, el obispo mágico de su pueblo. “Esto”, dice, “le confiere el áurea de humildad que le faltaba, y ya verás cómo entre San Isidro y San Mamés le arreglan el asunto de los aviones, lo de la CEOE y tapa la boca a los que creen que para ser algo en la vida hay que estar triunfando a todas horas”.
Salvo que él decida abandonar la presidencia de la CEOE – dice Felisa -, no parece razonable que los empresarios españoles prescindan de sus servicios en plena refriega por la concertación social sin abaratamiento del despido, tal como exigen ZP y su guardia de corps, los sindicatos colaterales, sus vigilantes de la playa. Sería claudicar ante el poder político y sindical.
Si el franquismo llevó la política económica a un proteccionismo exagerado y la puso al servicio de los intereses del Movimiento Nacional, el presidente ZP hace hoy algo parecido con los sindicatos: Se sirve de ellos y los lanza contra los emprendedores, como si en vez de ser los auténticos creadores de riqueza, fuesen los satanases de su Opereta Sostenible.
No sería de extrañar que los empresarios españoles prefiriesen estar representados por alguien como Gerardo que sufre las consecuencias de esta feroz crisis económica antes que por otro que hubiese tenido suerte en los negocios y luciese en su rostro una sonrisa de triunfador que sólo unos pocos reconocerían como propia, convirtiéndose de ese modo en un extraterrestre.
A Horacio Echevarrieta, que fundó Iberia y medio regaló a los periodistas de Madrid el Palacio de la Prensa en la plaza del Callao, le ocurrió algo parecido. Fue un gran emprendedor que, debido a los imponderables - la Guerra Civil, el INI, etc - acabó perdiendo casi todo. Sin embargo, hizo frente a los pagos y vivió con honor. La desgracia en los negocios no empaña la reputación mercantil si se vive con claridad, lo cual no es incompatible con la mala suerte en los negocios siempre que sea eso: mala suerte y no artimañas. Es el caso de Gerardo Patrón de Patrones, quien piensa con razón que “no todo resbalón significa una caída”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
21 COMENTARIOS
21 .- #20 Pendante ¿de donde sakkkka lo de ma....nifico?
20 .- Magnífico artículo, Javier. Un abrazo Asís
19 .- #18 gracias tarzar.Creo que lo que quiso decir Herr Ybarra era que
del oleo......se paso a oler y resulto que oliaaaa tooootanmal tanmal que ni los guevos podridos que tuvieron que comer los españoles despues de la guerra civil,con franquito en el machito y el carnisssero este de malaga-que ademas el muy kornuttto era NOTARIO y le pasaban el reparto-
enfin mejor olvidar,que ferran se vaya a tomarbienporsaKKKKKoo,que le aguente la family que para eso ha vviiiivioooocomodios y toostoditostooooos felices.
Buena año 2010-con Krisisi y que se marcha ya de una putavesssss
18 .- manoto , al oleo pero pura figuración expresionista decadente o hiperrealismo franquista
feliz año y salud
17 .- tarzán camero, te veo muy empollado en Diaz-Tarzán, antes Díaz-Ferraz [cuando dijo aquello de "iré a ver a Solbes el lunes" y las elecciones se celebraban el domingo anterior. De todos modos, si no fuese por los empresarios viviríamos en el desierto, sobre todo en un país de envidiosos como el nuestro, donde la máxima aspiración de los españolitos es ser funcionario y vivir de la subvención.Abrazotes