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OPINIÓN
TRIBUNA ,  José Luis González Quirós*

España padece de 'fulanismo corporativo'

José Luis González Quirós* - 02/03/2010

En mi cabeza se juntan dos noticias aparentemente ajenas, pero que componen una polifonía.  La primera se refiere al revuelo por el libro sobre el Maquiavelo de León; la segunda tiene que ver con el accidente de tráfico del líder de las Nuevas Generaciones del PP, mientras conducía con algunas copas de más y alguna precaución de menos.

 

La música de ambas noticias nos dice que los políticos españoles tienden de manera alarmantemente intensa al solipsismo, a olvidarse de que existe el mundo real, de que están al servicio de los ciudadanos, y a ocuparse obscenamente de ejercer con provecho el poder, poco o mucho, que tengan. Tal vez no sea culpa suya en exclusiva, pero tampoco parecen hacer mucho por evitarlo.

 

El retrato de Zapatero que trasmite García Abad, nada sospechoso de inquina con la causa, es el de un líder encerrado con sus obsesiones, un personaje al que importan muy poco las opiniones ajenas, que cree que la realidad es solo un relato imperfecto, y que si las cosas no le salen como debieran es porque aquí todavía hay algunos que no se han enterado de lo mucho que manda.

 

Al lado del arco, la sonrojante conducta del líder popular nos ha dado la oportunidad de contemplar la solidaridad corporativa de los dirigentes del PP, su predisposición a aislarse de la opinión común, su diligencia para defender a cualquiera de los suyos, y su olvido de que debieran ser ejemplares, y desaparecer cuando no resulten serlo.

 

‘Fulanismo corporativo’

 

En ambos casos hay un factor común preocupante, la tendencia a reducir la política a un juego de poder en el que los que lo tienen,  no están dispuestos a que nada les arruine el festín. España padece un fulanismo corporativo, una sumisión encubierta, una persecución de la libertad política en los partidos que se supone que la representan. Aquí, los partidos se mueven por el miedo al que manda y por la ciega y férrea solidaridad de quienes se sienten miembros de la nomenklatura. No debiéramos asombrarnos, porque así es la sociedad española, así son nuestras empresas, y así fue el franquismo, que se extinguió únicamente por razones biológicas. Otra cosa es que debiéramos procurar que las cosas no fuesen así, pero así somos.

 

Para nuestra desgracia tendemos a la monarquía con todas sus pompas y privilegios, con su corte, con sus negocios oscuros, su razón de estado, su modelo hereditario, y sus personajes milagreros, que ahora presumen de saber sociología, pero que no son menos siniestros que los clásicos conspiradores de alcoba. No debiera extrañarnos, pues, que el comportamiento de las élites políticas nos recuerde tantas veces a una corte de los milagros.

 

Se ha hecho muy común remitirse al remedio de la sociedad civil, como si la sociedad civil fuese ejemplarmente liberal, competitiva y limpia, como si los episodios más sucios y lamentables de nuestra historia reciente no hubiesen estado siempre trufados de personajes civiles, de millonarios de ocasión, que han merodeado y merodean, a oscuras, por los pasillos del poder, a ver cómo les arreglan lo suyo.

 

La democracia ha dejado de ser un factor de progreso y de maduración de la libertad en manos de los partidos. Las formaciones generan unas minorías que cooptan un líder, y a partir de ahí todos quietos, que nadie se desmande: como rezaba una canción revolucionaria de mi juventud: “¡al que asome la cabeza, duro con él, Fidel”.

 

No va a ser tarea fácil solucionar nuestro fulanismo corporativo, pero debería ser la primera de las exigencias ciudadanas a nuestros representantes. Es desesperante ver cómo viejas glorias a las que se les suponía alguna dignidad, se arrastran ante el poderoso del momento, o cómo deben salir del partido los que quieran seguir pensando por cuenta propia.

 

Es reconfortante que se haya podido escribir el libro de García Abad, y sería muy interesante ver cómo los militantes del PP exigen la dimisión de quien no es capaz de llamar a un taxi la noche que ha bebido más de la cuenta, por muy amigo que sea de Cospedal, o del mero mero, como lo dicen en Méjico. Es en comportamientos como estos en los que podríamos fundar esperanzas, en conductas que traten de acabar con la fidelidad perruna y el pacto de sangre, con la omertá, en el seno de los partidos. Si no es así, ¿cómo podríamos esperar que se cambien las normas que pudieran mejorar las cosas?

 

Hasta ahora habíamos entendido que la democracia consistía en cambiar las instituciones, pero tras las décadas transcurridas, es hora de que nos demos cuenta de que cualquier política democrática resulta incompatible con un funcionamiento tan legendariamente autoritario como el de los partidos, el mal que da lugar a la entronización de personajes como Zapatero y las Cruellas de Ville que le rodean.

 

Hace falta que les saquemos los colores a los políticos, a los dictadorcillos, y a los infinitos pelotas que les rodean, pero eso solo se consigue siendo valientes porque, como sabía Pericles, el valor es el precio de la libertad.

 

José Luis González Quirós es analista político

 

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 10 COMENTARIOS

10 .- Me ha gustado mucho el artículo, de los mejores que he leido últimamente. Es evidente que esto no es una verdadera democracia, es una partitocracia coronada y corrupta, una dictadura de partidos políticos en la que se manipula a los ciudadanos que cual borregos van a votar haciendo el juego a los partidos políticos que a partir de ahi hacen lo que les da la gana.Esta mal llamada democracia es un desmadre de corrupción comenzando por Borbón, un parásito caradura impuesto por Franc y dedicado a forrarse desde el 23-F.Siendo el jefe del estado un corrupto integral no lo iban a ser menos los políticos, de ahí que se defiendan tanto.Es palpable el apoyo del PSOE y del PP a la monarquía, en el caso de este último a pesar de los desplantes de Borbón. La mejor forma de luchar contra esta mierda de sistema es con el voto nulo,para que sean conscientes Borbón y sus políticos de nuestro rechazo hacia este sistema hecho por y para la monarquía y los políticos de los partidos que tocan poder.A los ciudadanos normales que nos zurzan, eso si, dicen que hay que ir a votar, pues lo llevan claro conmigo y espero que cada vez mas ciudadanos muestren su disconformidad con esta partitocracia coronada.

burgondio

9 .- Servirse de una configuración democrática de un Estado para seguir mandando con el totalitarismo de hace siglos, es lo más rastrero que pueda haber en el gobierno de un pueblo.

Si para algo se inventaron los regímenes democráticos fue precisamente para evitar los poderes onmímodos y de larga duración. Ahí tenemos en sudamérica [acostumbrada de siempre a regímenes presidencialistas y dictatoriales] el empeño de todo presidente en alterar sus constituciones por la via de referéndums ilegítimos, para perpetuarse en el poder. De no lograrlo, procuran ser sucedidos por alguien de su cuerda, para seguir gobernando sin posibilidad de alternancia en el poder [Cuba]. Sudamérica es el clásico ejemplo a no imitar. Están condenados al subdesarrollo.

En el resto del mundo desarrollado, solo los paises anglosajones tienen una democracia menos imperfecta, ya que los candidatos representan a circunscripciones y se deben a intereses más de su territorio que del partido. Pero los latinos y mediterráneos estamos lastrados por la visceralidad, la frivolidad y la incultura relativa. No sé cómo podrá cambiarse eso, pero es un verdadero lastre para aspirar a una clase politica honesta y preparada.

observando

8 .- Me gusta leer y oir al Sr. G.Quirós, lástima que no participe en tertulias.
Tiene razón en lo que dice, pero erores los cometemos todos, en un político son menos perdonables, es cierto,pero si a todo el que comete un error lo condenamos al ostracismo, me temo que nos quedaríamos muy solos,quizás fuera una solución.
Lo de ZP no es un error, o una mala noche, es infinitamente más grave y nos afecta, y de que manera, a todos.

catulo

7 .- Listas abiertas. Votar a la persona y ella rendira cuentas a quien le voto
La monarquia en pleno siglo XXI no tiene sentido. Si sale bien, estupendo sino te j.... y esperar al siguiente

ringo

6 .- Paisano, está claro que la ascensión al poder sólo enamora a los románticos revolucionarios mientras dura la ascensión. De ahí que los que llegan arriba y siguen siendo románticos -muy pocos- se apunten a la revolución permanente, un Che, un Trotsky; los otros, la gran mayoría, se rodean de cortesanos, como el leninista Zapatero[por la prevalencia del partido sobre la gobernanza]. Esta claro que Zapatero es un reptil de sangre fría que lleva el socialismo en la mochila y que todo lo que le vaya bien a él lo socializa. Pero es lo que hay: políticos profesionales, que nos sirven si nos sirven como instrumentos. Nunca como guías.

Arias Cortina

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