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José Luis González Quirós* - 09/02/2010
Si en lugar de ser un partido político, Unión Mallorquina fuese cualquier otro tipo de entidad, nadie dudaría, hoy por hoy, de la conveniencia de disolverla, dado el volumen de los delitos y escándalos de corrupción en que se ha visto envuelta. Pero es un partido, y eso tiene, entre nosotros, la etiqueta de intocable. Apreciamos la democracia por sus ideales, pero padecemos sus defectos. El abismo entre unos y otros se debe a los partidos, unas organizaciones opacas, y ajenas a cualquier clase de control.
Las carencias de los partidos no tienen arreglo legal, se trata de algo más grave y más profundo, de una serie de lacras de la cultura política dominante, que se nutre de una tradición autoritaria.
Más allá de las definiciones constitucionales, los partidos españoles son organizaciones dedicadas al reparto de poder e influencias que parecen funcionar, únicamente, cuando todos los miembros de un cierto nivel consolidan sus posiciones e intereses procurando que nada se mueva sin su control. En su vida interna no hay nada específico de las democracias. Son formaciones que priman la mansedumbre, la disciplina, el dogmatismo, la fidelidad, la rutina… podríamos seguir hasta cansarnos, de modo que llegan a subvertir, casi por completo, su función legítima. Los partidos están anulando las instituciones.
La democracia española, como si se sintiese maldecida por la voluntad de Franco, quiso evitar a todo trance lo que se llamó la “sopa de letras”, la infinidad incontrolable de organizaciones, y la ingobernabilidad… y apostó por el orden y la estabilidad. Al hacerlo no tuvo presente que existen otra clase de defectos, no menos graves, frente a los que nuestro sistema parece impotente.
Los partidos se sienten por encima del bien y del mal y, en consecuencia, han acrecentado su poder más allá de cualquier lógica. Las instituciones son un mero escenario en el que se representa el argumento que han decidido las respectivas cúpulas partidarias, de manera que, salvo para dar cargos, están de sobra. No habrá en ellas, por tanto, control del Gobierno sino, si acaso, confrontación entre dos líderes, cuando existan.
El poder judicial, las universidades, las cajas de ahorro, los medios de comunicación, y un sinfín de cosas más, están controladas por los partidos, sin que su presencia tenga el menor fundamento legal. Lo que ocurre es que los partidos se han convertido en complejísimas empresas de fingimiento, en organizaciones dedicadas a la simulación y a la mentira.
En lugar de servir a una sociedad democrática, los partidos se han apropiado de ella y, en consecuencia, la democracia no funciona ni siquiera medianamente bien. ¿Es normal, por ejemplo, que con la situación económica que padecemos, el Parlamento sea una balsa de aceite en la que los diputados proceden a adjudicarse privilegios sin el menor pudor? ¿Es normal que tengamos un gobierno tan insustancial y pusilánime? ¿Es admisible que la oposición no tenga otra preocupación que su ritual de aspavientos a la espera de las previsiones sucesorias?
Como subrayó Robert Dahl, la democracia consiste en poliarquía, y nuestros partidos son monárquicos, algunos, incluso, monarquías hereditarias en las que el líder saliente invista al entrante con su gracia para que nadie se inmute, y todo siga como es debido. No hay nada en el ordenamiento jurídico que impida que los partidos sean lo que debieran ser, pero ni la participación ni las opiniones ajenas les suelen interesar nada a los que en ellos mandan; les basta con sus sondeadores, y con el ritual y la carnaza con electores cuya fidelidad perruna se fomenta con un maniqueísmo vomitivo.
No hablamos de teorías, es la realidad inmediata y dolorosa. Que ZP no tenga alternativa creciente en el seno de su partido puede llegar a ser un auténtico drama nacional, visto lo que está haciendo en el gobierno, y nuestra aceleración hacia el despeñadero. Que el PP siga siendo un partido sin sustancia ni atributos, oportunista y ausente ante la profundidad y el alcance de la crisis es, además de intolerable, realmente insólito. En Génova se afanan en urdir disculpas para posponer el Congreso del partido, porque temen que, dado el atronador descontento, ahora no se podría celebrar con papeletas en la boca, una decisión tan aberrante como justificar que un gobierno aplazase las elecciones previstas por temor a perderlas. Mal, pues, en el Gobierno sometido a una especie de autócrata, y en la oposición controlada por un quietista.
¿Tiene arreglo todo esto? Sí, pero sin arbitrismos, imponiendo en los partidos la cultura competitiva y libre sin la que las democracias se convierten en una caricatura, en partitocracias autoritarias. Necesitamos más patriotismo, fomentar una ética política que sancione el abuso de poder y enseñe a preferir el interés común por encima de lo propio, algo que no abunda en los partidos y, menos aún, en los nacionalistas.
* José Luis González Quirós es analista político
OPINIONES DE LOS LECTORES,
46 COMENTARIOS
46 .- #41 Pienso que una magnífica solución con la que estoy seguro estarían de acuerdo la mayoría de los militantes, exmilitantes y muchos nuevos votantes de UPyD y Ciudadanos sería que hubiera un acuerdo entre ambos partidos de modo que se coordinaran esfuerzos para que Ciudadanos fuera el referente en Cataluña y UPyD, que cuenta con la ventaja del eco mediático de Rosa Diez, lo fuera para el resto de España.
Desgraciadamente parece ser que Rosa Diez bloquea un acuerdo de este tipo.
Es lamentable que personalismos y afán de poder, vengan de donde vengan, estén a punto de truncar la ilusión de muchos ciudadanos en llegar a una democracia distinta y que desgraciadamente veo distante
45 .- #43 A mi Rosa Diez me parece melliza de Teresa de la Vega.
44 .- #40 Hola Sindy, me haces una pregunta, supongo que a mi afirmación de que se necesita una limpieza absoluta.
Veamos entiendo muy poco de política y de los trejamanejes que pueden existir dentro, entiendo lo que leo y palpo.
Para mi es esencial reformar la Constitución, es esencial, ha servido en su momento podríamos decir para salir del paso, no fue mala pero en este momento es insuficiente.
En segundo lugar eliminar la Monarquía, la considero innecesaria, a lo mejor un Presidente de la República lo haría mal pero al menos era elegido por el pueblo, a mi tener un señor y a su familia continuamente como monarca no le encuentro sentido. Obsoleto. No estamos en un Estado feudal.
Dos legislaturas como máximo gobernando la misma persona y no tener la silla per secula seculorum. Lo actual es una fábrica de caciques. Obsoleto.
Cambiar el sistema de votos, la ley d hont es obsoleta e injusta y por supuesto listas abiertas, los ciudadanos, los votantes tienen que ser quienes elijan a los candidatos y no los partidos. El sistema que tenemos, listas cerradas está obsoleto.
Y ya no me pongo a hablar de los 17 presidentes que tenemos a mayores, eso es una ruina para una nación.
43 .- #41 ¡Hombre pensar que Rosa Diez puede ser una salvapatria es demasiado!.
Tu sabes muy bién de donde procede Rosa Diez, tu sabes que estaba sentada en un escaño del congreso de los diputados cuando Felipe Gónzalez y sus muchach@s cometian toda clase de desmanes, y ella, si ella, Rosa Diez, no decía ni póo.Ahora pía porque prefiere ser cabeza de ratón antes que cola de león, y su desencuentro con el psoe viene de aquel famoso congreso donde se postuló junto a Zparo y Bono.
42 .- #30 Mi anterior mensaje iba dirigido a tí. Por error no puse tu numero. Un saludo