TENDENCIAS
TRIBUNA
@José Luis González Quirós - 29/07/2009
No sé si esta filtración producirá alguna clase de efectos en la opinión pública, pero me parece que, al menos, debiera servir para que reflexionemos sobre la dinámica política en la que este Gobierno se envuelve y nos envuelve.
Octavio Paz empezaba su texto recordando las promesas que siempre ha suscitado el Estado moderno, tanto para los liberales, como, aún más, para los marxistas, quienes llegaron a suponer que el Estado acabaría simple y llanamente por desaparecer. Lejos de cumplir mínimamente con esas expectativas, el Estado no ha dejado de crecer y se ha convertido en un ogro, en “una fuerza más poderosa que la de los antiguos imperios y como un amo más terrible que los viejos tiranos y déspotas”. Paz creía que el Estado se comportaba, más que como un demonio, como una máquina, como un amo sin rostro y desalmado. El análisis de Paz, treinta años después, tiene que parecernos optimista, sobre todo porque su imagen de la máquina está troquelada en un momento en que las máquinas eran todavía bastante tontas. Hoy, la máquina del Estado es infernal, es decir, es inteligente y despiadada, pero además está dirigida intencionalmente, de manera que carece de cualquier neutralidad, ha aprendido a obrar casi en exclusiva en beneficio de quienes la gobiernan.
Volvamos al episodio del contubernio crediticio entre los bancos y el Estado. ¿A quién beneficia? Desde luego, no a la gente que necesita dinero para sobrevivir o para iniciar nuevas empresas, no a la gente corriente. Tan solo a quienes gobiernan e, indirectamente, a sus coyunturales socios financieros. Mediante sistemas como éste, el Gobierno puede estirar casi indefinidamente su capacidad de endeudamiento, aunque llegará un momento, no muy lejano, en que se asustará hasta Elena Salgado, aunque intentase seguir dando muestras altivas de impavidez. Merced al crédito casi indefinido el gobierno ya no gobierna, se limita a sobrevivir. Paz ya se dio cuenta de que el Estado moderno es una máquina que se reproduce sin cesar. No hay reproducción sin alimento, y solo los necios pueden ignorar que el Gobierno ni quita el pan a sus funcionarios, ni lo fabrica.
Hay una viejísima imagen de la tarea de gobierno que la relaciona con la función de llevar el timón en alguna de aquellas naves primitivas que se atrevieron a surcar los mares. Las palabras gobernante y timonel tienen el mismo origen griego. El gobernante es el timonel que se echaba a sus espaldas el destino de los suyos para llevarlos a buen puerto. De ahí surgió una moral heroica que perdura en la ética de los capitanes de barco, “¡las mujeres y los niños primero!”, pero que ha desaparecido por completo del código ético de los Gobiernos, muy en especial del de Rodríguez Zapatero. Me refiero a sus acciones, no a sus proclamas, porque los Gobiernos pueden ser malvados, pero raramente son del todo necios. Por eso creo que la metáfora de Paz se podría modificar un tanto: el Estado se ha convertido en un ogro narcisista, en una máquina ciega para todo lo que no quiere ver pero muy atenta a sus intereses.
Nuestro ogro tiene una parentela muy numerosa: muchos familiares, multitud de beneficiados, una infinitud de biempensantes adeptos que no están dispuestos a que nadie les retire de la corte en la que tan bien les va, o eso creen; ya no es, pues, un ogro aislado y terrible, aunque bien intencionado, sino un ogro de partido, incapaz de respetar y ponerse límites y, por ello, enteramente incivil, siempre atento a beneficiar a quienes necesita para seguir en el machito, un solipsista inevitablemente malévolo para cualquiera que se le resista, con cualquiera que le ponga pegas o le recuerde las verdades del barquero.
Muchos pensaran que esta imagen es excesiva para un hombre tan sonriente como Zapatero; pero él mismo es consciente de que su imagen pudiera inducir a algunos equívocos excesivamente ingenuos, y le ha recordado, por ejemplo, al señor Díaz Ferrán, que él es el presidente del Gobierno: ¿qué habrá querido decir?
Opiniones de los lectores (3)
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Malinche»29/07/2009, 13:37 h.
#2 A todo esto hay que sumar los 17 mini estados que son las comunidades autónomas... que gastan y gastan y gastan... como si el dinero fuese como las pilas Duracell y no se acabase nunca.
2.
borondes»29/07/2009, 12:19 h.
El desequilibrio entre el poder del Gobierno y la pujanza de la sociedad es una de las causas de decadencia y desastre de los estados. Aunque solo sea por razones de equilibrio ecológico, el Estado debe dejar a la sociedad que respire, no acogotarla. Parapetado tras la absurda idea de que el liberalismo es el culpable de la crisis, ZP se dispone a tomarlo todo, a domesticar a la CEOE, a anular al PP y a someter por la fuerza a las regiones rebeldes, a las que no votan al PSOE. Iremos a peor hasta que no nos quitemos de encima a ZP.Un voto de censura con un presidente independiente, por ejemplo Durán Lleida, para promover un pacto de estado y convocar elecciones inmediatas podría ser la solución a partir de septiembre. Hay que salvar al PSOE de la dictadura de ZP.
1.
Malinche»29/07/2009, 10:26 h.
Agradezco y felicito que traiga a El Confidencial una figura de la talla de Octavio Paz.
Sólo una puntualización: Octavio Paz se horrorizaría si viera el gentilicio, mexicano, escrito con “j”.
Copio lo que dice la RAE [Dicc. Panhispánico de Dudas]:
http://buscon.rae.es/dpdI/
México. La grafía recomendada para este topónimo es México, y su pronunciación correcta, [méjiko] [no [méksiko]]. También se recomienda escribir con x todos sus derivados: mexicano, mexicanismo, etc. [pron. [mejikáno, mejikanísmo, etc.]]. La aparente falta de correspondencia entre grafía y pronunciación se debe a que la letra x que aparece en la forma escrita de este y otros topónimos americanos [→ Oaxaca y Texas] conserva el valor que tenía en épocas antiguas del idioma, en las que representaba el sonido que hoy corresponde a la letra j [→ x, 3 y 4]. Este arcaísmo ortográfico se conservó en México y, por extensión, en el español de América, mientras que en España, las grafías usuales hasta no hace mucho eran Méjico, mejicano, etc. Aunque son también correctas las formas con j, se recomiendan las grafías con x por ser las usadas en el propio país y, mayoritariamente, en el resto de Hispanoamérica.
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