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OPINIÓN
TRIBUNA ,  Javier Ybarra

Munilla, un obispo vasco de pura cepa

Javier Ybarra - 22/12/2009

El nuevo obispo de San Sebastián, Monseñor Munilla, vasco parlante, a quien en otros tiempos sus paisanos, los rústicos tonsurados de naturaleza montaraz, le hubiesen catalogado como “clero toledano”, no regresa a su tierra para llevar a cabo lo que Giuseppe Tomasi di Lampedusa puso, en El Gatopardo, en boca de Tancredi y que muchos creyeron erróneamente que era lo que pensaba el autor de la novela: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

En realidad, Lampedusa creía que Sicilia era irredimible y en su novela transmite un pesimismo sin salida ni esperanza en medio de un gran vacío espiritual. El declinar de las viejas costumbres y la aparición de otras modernas no servirán, según él, para corregir las antiguas injusticias sino para hacer la vida aún más insoportable.

Pero al contrario que el duque de Lampedusa, el obispo Munilla es un optimista y un creyente que lleva bajo su sotana de lana fría un proyecto para convertir la iglesia guipuzcoana no en la “institución familiar” que es hoy, sino en un lugar de encuentro donde los creyentes rindan culto a las potestades divinas –que no a las leyes viejas y costumbres del lugar-, y puedan acudir los no creyentes en busca de ayuda y comprensión.

El obispo españolista, como ya le llaman los nacionalistas, llega a Guipuzcoa con la misión de preparar el cambio generacional de una iglesia envejecida y plagada de herrikosemes o curas hijos del pueblo que jugaban a la pelota con sus feligreses, daban con ellos largas caminatas y se refrescaban el gaznate en las tabernas con la sidra y el chacolí que Humbold, en sus anotaciones viajeras, comparó con el Vin de Grave y si era añejo con el vino del Rhin.

Ha llegado para preparar el cambio generacional de una iglesia envejecida y plagada de herrikosemes

Los herrikosemes eran aquellos curas visionarios y ardientes a los que se refirió el cardenal Richelieu cuando habló del abad de Saint-Cyran: “Por ser vasco tiene las entrañas calientes y ardientes y su excesivo ardor le envía a la cabeza vapores que forman sus melancólicas imaginaciones a las que toma por reflexiones especulativas o por inspiraciones del Espíritu Santo”.

El ‘Gibraltar vaticanista’

El vicario de Hernialde y el obispo Setién representan bastante bien no sólo al abad vasco francés sino también a aquellos herrikosemes de mentón prominente, barbilla empinada y mirada oblicua y recelosa que tanto preocuparon a Pío XII, quien consideraba a la iglesia vasca como un “Gibraltar vaticanista”, siempre al borde del cisma. Para lograr sacarlos de su tierra, el Pontífice les encomendó en exclusiva el cuidado de la Misión de los Ríos en el Perú. Sin embargo, fueron muy pocos los que acudieron a la llamada.

Prefirieron quedarse en su tierra de promisión, la misma a la que se refirió Arrieta Mascarúa en su libro El Dedo de Dios, donde  aseguraba que el País Vasco es la tierra escogida por la Divina Providencia para la salvación. Aquellos clérigos hincaban la rodilla ante las potestades divinas a cambio de ciertas condiciones y luego, desde finales del siglo XIX, siguieron las directrices señaladas por Sabino Arana en De su alma y de su pluma: “Aunque nos rigieran ángeles del cielo, si lo hacen con espíritu y leyes españolas nosotros rechazaríamos ese régimen como extraño”. Es decir, en tal caso no habría otro remedio que ir al cisma.

Don Mateo Múgica, obispo de Vitoria en 1928, se lo explicó muy bien al arcipreste de Zarauz, don Melitón Pagola Zarucosa, cuando éste le preguntó por qué “daba palos a los curas vasco-españoles y caramelos a los independentistas”.

-Porque no me queda otro remedio para contenerlos –respondió-, pues si decidiera suspenderlos me devolverían las sotanas y se irían al cisma.

Esperemos que la vieja iglesia vasca se jubile en unos pocos años y deje el paso libre a las nuevas generaciones, menos numerosas pero también menos politizadas. Este es, probablemente, el proyecto que el obispo Munilla lleva en el bolsillo de su sotana de lana fría avalado por los cardenales Rouco y Cañizares y que tanto ha irritado a Iñigo Urkullu y a Monseñor Uriarte, quienes este domingo se pasaron el día, como si fuesen el general Lizarraga y el fogoso vicario de Hernialde, el cura Santa Cruz, propinando al nuevo purpurado patadas en toda la espinilla.

 

*Javier Ybarra es autor de Nosotros, los Ybarra.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 26 COMENTARIOS

26 .- Desde luego estoy de acuerdo con quien ha escrito que los curas vascos viven de la Iglesia pero no la Iglesia. Yo añadiria algo mas: son los nuevos fariseos: hipocritas y sepulcros blanqueados pues se oponen a un Obispo de su tierra para hacerle seguir las huellas del Setien y del Uriarte pero no crtican ni se oponen a su PNV, catolico por excelencia, por haber sido el propiciador y apoyo determinante en la aprobacion de la nueva Ley del aborto sin limites. Esta ley no solo va contra la doctrina de la Iglesia sino tambien contra la etica y los verdaderos derechos humanos.
Habria que preguntar a esos curas si estan en la Iglesia o contra la Iglesia. En el segundo caso que cuelguen la sotana y dejen a los catolicos del Pais Vasco vivir en paz. De todas formas su hipocresia ya no cala como antes. Su escrito contra el nuevo Obispo descrubre su juego politico y no pastoral. Sean consecuentes dejen la sotana y haran un bien a la Iglesia en Guipuzcua en particular y a la Iglesia Catolica en general.

chopera

25 .- #17 Don Emilio, pero ¿también por estos lares?.

Lo suyo es vocación espiritual [aunque en forma humana] está en todas partes

Como se nota que hay que cobrar la extra de Navidad [esto no es invento comunista].

Ya ve más de dos mil años, y los que le quedan ...

Aguantó menos el muro, aunque parece que vd. no se ha enterado.

Pensaba que su fuerte era la economía con mayúsculas.

¡Cúidese! Ya quedan pocos como vd.

Que pase una Feliz Navidad.

Verísimo-I

24 .- Aquí, en Territorio Apatxe y en el caserío del aitite [abuelo] "Nube Roja", estamos todos a favor de su artículo sr. Ybarra. Lo hemos comentado en el casrío a la hora de comer. Hemos comido pechuga. Amatxu se ha comido las alas y el obispillo [en recuerdo de Munilla]. Decía amatxu que aunque ella prefería la pechuga se comía las alas y el obispillo para sacrificarse por nosotros, y lo considerábamos natural, una madre debe sacrificarse. Cuando nosotros seamos madres también nos sacrificaremos. Si no, no. De todas formas, las alas estaban muy buenas y el obispillo [Munilla] nos gusta más que las lenguas de ballenas de Uriarte y Setién. Para Nochebuena tenemos lengua de ballena [una que recaló en la playa de Berango, medio atontada, buscando a su novia, Maria Eugenia]. Al aitatxu [el padre], en cambio, le gustan los callos. Quiere callos para Nochebuena y también obispillo. Que coman lo que quieran y allá Uriarte y Urkullu con Munilla, pues lo principal es que Dios goce de buena salud. saludazos

Apatxe

23 .- Pues éso. Que cuelguen las sotanas. Y que salgan a trabajar todos los días, que lugares donde hacerlo no les han de faltar en el amplio pesebre del sector público vasco que con tanto mimo ha urdido el PNV.

El problema es muy claro. En Euskadi hay un sector de la población que es acosada, perseguida e, incluso asesinada, por un grupo de fanáticos ultranacionalistas. Y ante éste panorama ¿que han hecho los obispos Setien y Uriarte?. Pues muy sencillo: mirar hacia otro lado en unos casos o, directamente, estar en la misma trinchera de los que matan.

santiperez

22 .- Muchos de los curas que han firmado contra Munilla viven de la Iglesia pero no viven la Iglesia. Han modelado una sociedad de acuerdo al ideal nacionalista de pensamiento único.

No se si serán de izquierdas o de derechas pero en muchos casos se les nota racista. Y eso es malo, muy malo, sobretodo para los que viven diciendo que hay que creer en Dios. Eso sí, nunca se comprometen con el poder de los nacionalistas, ni cuando gobiernan ni cuando pegan asesinan. El miedo guarda la viña ¡vaya que se la guarda!. Siguen exentos de atentados en todos los años que lleva actuando el terrorismo vasco.

JELE

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