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OPINIÓN
TRIBUNA ,  

El malestar político y el mito de la reforma de la ley electoral

José Luis González Quirós*.-  10/08/2010

Son muchos, y muchos más de los que debieran, los que piensan, y lo repiten con frecuencia, que una reforma de la ley electoral podría terminar con buena parte de nuestros problemas políticos. Dicha tesis se sostiene con los más variados motivos, aunque el más frecuente es la queja del excesivo papel que tienen los partidos nacionalistas, y en especial el PNV y CiU, en la política española. Se trata de un mal argumento, como espero mostrar, pero, peor aún, es una solución meramente aparente a un problema mal formulado.

 

La explicación del papel excesivamente influyente de los escaños nacionalistas y/o regionalistas en las Cortes hay que buscarla en otra parte, a saber, en la negativa del PSOE, sobre todo, pero también del PP, a ponerse de acuerdo en una serie de asuntos de fondo. Esta discrepancia de las dos grandes fuerzas les lleva a buscar el apoyo de grupos que, de otro modo, tendrían un peso notablemente menor en la política  española. Es, pues, la pugna de los dos grandes partidos, y no la ley electoral, lo que eleva el valor de esos votos y lo que tantas veces nos obliga a tragar como medicina general lo que solo a ellos conviene.

 

La Constitución establece el sistema proporcional y eso hace que sea literalmente imposible prescindir de grupos que alcancen un cierto nivel, no demasiado alto, de representación, salvo en los distritos de muy pocos escaños. Es cierto que cabría una modificación de la ley actual, sin tocar su fundamento constitucional, ampliando el número de diputados, pero por esa vía no se conseguiría otro efecto que el mejorar la posición de los demás a costa del PP y del PSOE que son los más beneficiados con el sistema actual. Es obvio que los grandes partidos no se van a poner de acuerdo en perjuicio mutuo, de manera que poco más que hablar por este lado.

 

Cuadro 10. Distribución de votos y escaños en el Congreso

 

 

 

 

 

Candidaturas

 votos

(%)*

escaños

(%)

PP

10.144.951

39,86

152

43,42

PSOE

9.599.424

37,72

144

41,14

PSC-PSOE

1.689.911

6,64

25

7,14

CIU

779.425

3,06

10

2,85

EAJ-PNV

306.128

1,20

6

                  1.71

ERC

291.532

1,14

3

0,85

IU

969.946

3,81

2

0,57

BNG

212.543

0,83

2

0,57

CC-PNC

174.629

0,68

2

0,57

UPN-PP

133.059

0,52

2

0,57

UPyD

306.079

1,20

1

0,28

NA-BAI

62.398

0,24

1

0,28

Total

24.670.025

96,94

350

100,00

Otros

778.659

3,05

 

 

Total votos a candidaturas

25.448.684

100,00

 

 

 

 

 

 

 

Indice de participación: 73,84%

 

 

 

 

A poco que se observe en el cuadro adjunto, que refleja los resultados de las elecciones generales de 2008, se verá que el PSOE, al que hay que sumar los votos de PSC-PSOE, es el gran beneficiario del sistema, puesto que transforma un 46,50% de votos en un 50,56% de escaños, seguido de cerca por el PP. El reparto perjudica ligeramente a  CiU, beneficia al PNV y a UPN-PP, perjudica a ERC, NA-BAI, BNG, CC-PNC, y a UPyD, pero, sobre todo a IU que obtiene un 0,57% de los diputados con un 3,87% de los votos. Cualquiera mínimamente versado en estas cosas sabe que no existe sistema perfecto, y que, aunque discutibles, las razones a favor del sistema proporcional frente al mayoritario, no son tampoco pequeñas.

 

¿Queremos expulsar a los nacionalistas del juego político? No, seguramente no; concentrémonos, pues, en analizar los problemas que realmente existen,  y no los que nos imaginemos. Es evidente que hay un divorcio entre los intereses de los políticos y los de los ciudadanos, pero lo que se ha de hacer es tratar de atenuar esa situación sin apadrinar fórmulas milagrosas, sin caer en ese arbitrismo al que los españoles somos tradicionalmente propensos.

 

Este divorcio político tampoco es cosa de ayer y no debiera llevarnos a disparatar. Nada menos que en pleno período electoral para las Cortes constituyentes de la II República, el siempre agudo Josep Plá escribía lo siguiente: “se ha producido en España un profundo divorcio entre las necesidades profundamente oligárquicas de la clase política triunfante y las necesidades sociales del propio país”. Ya se ve que no se trata de ninguna tara específica del momento presente de nuestra democracia, aunque es necesario insistir en que ahora ha adquirido un carácter especialmente grave.

 

 

Para verificarlo, bastará con echar un vistazo a este cuadro del CIS, que me ha facilitado mi amigo el politólogo Miguel Ángel Quintanilla. En él, se refleja la actitud que los españoles mantienen ante su gobierno y ante la oposición. Como se ve, lo que se trata de subrayar con una línea  amarilla, la situación no ha dejado de deteriorarse desde el ya lejano año 2000.

 

Es muy fácil  quejarse y decir que no nos merecemos unos políticos como los que tenemos, y en algunos casos, será verdad. Pero no seríamos dignos de queja si no nos preguntásemos cada uno de nosotros qué hemos tratado de hacer para mejorar esta situación, hasta qué punto somos mejores que nuestros políticos en nuestra actividad profesional, en nuestros negocios. Estamos ante una España que cada vez nos gusta menos, pero no debiéramos conformarnos con echar la culpa al empedrado, aunque sea el de la Carrera de San Jerónimo.

 

*José Luis González Quirós es analista político.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 155 COMENTARIOS

155 .- #153 totalmente de acuerdo, votar a UPyD es de las pocas salidas que nos quedan a los que no nos resignamos. Precisamente ese partido propone la reforma de la Ley elctoral que critica el articulista, en mi opinión con muy pobre argumentación: si no le he entendido mal, como no es posible cambiar nada, pues nos quedamos como estamos. Eso sí, tenemos que cambiar en nuestro ámbito personal, ya que somos tan culpables como los políticos [¿en qué consiste ese cambio?. Me recuerda la resignación predicada por la Iglesia en otros tiempos: no te rebeles, no quieras cambiar este mundo irremisiblemente pecador e injusto, que la recompensa la tienes en el otro mundo y en tu paz interior.

Me va perdonar, pero no me considero en absoluto asimilable a un político promedio de los que pululan por los partidos mayoritarios. Por eso los critico, y por eso me rebelo, no sólo poniéndolos a parir [que es lo que se emerecen], sino con mi voto de castigo que no irá de momento ni al PP ni al PSOE

widham

13/08/2010, 22:17 h.

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154 .- #149 yo en cambio estoy en total desacuerdo con el articulista. Su argumentación se basa en que PP y PSOE no se ponen de acuerdo, luego el problema estaría ahí y no en el carácter imprescindible de los diputados nacionalistas para gobernar. Luego, se reconoce que hay un problema por el chantaje nacionalista. ¿cómo solucionarlo?. ¿O es que hay que seguir sometido a dicho chantaje?.

Por otra parte, está claro que PP y PSOE jamás se pondrán de acuerdo para reformar la Ley electoral, como tampoco paactarán una reforma de la Ley electoral que les quite protagonismos en favor de otros partidos. En eso tiene razón el articulista.

De todo esto se deduce que el vedadero problema de fondo es el bipartidismo. Propongo que luchemos contra él donde más les duele: que PP y PSOE pierdan votos en favor de otros partidos que, al menos en el terrno de las intenciones, defienden el interés general y no el puro cálculo electoral.

Si la sangría de votos es suficiente es posible que los 2 grandes partidos empiecen de una vez a hacer política de Estado. Si no, da igual por lo menos nos daremos el gustazo de no contribuir a apuntalar a esta casta política elgiendo entre los malo o peor

widham

13/08/2010, 22:07 h.

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153 .- "Pero no seríamos dignos de queja si no nos preguntásemos cada uno de nosotros qué hemos tratado de hacer para mejorar esta situación, hasta qué punto somos mejores que nuestros políticos en nuestra actividad profesional, en nuestros negocios"

Contestando al que escribe:
1] Yo que hago para mejorar esto? Evidentemente, votar a UPyD, que es la única opción que nos queda decente de posible cambio.

2]En mi actividad profesional, si robara como muchos políticos o engañara como otros, o tomara continuamente decisiones que no acarrean más que más gasto y deuda, y no consiguen ningún resultado [aparte de bajar los sueldos al personal], me hubieran echado a la calle hace tiempo.

JUE

13/08/2010, 14:19 h.

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152 .- #151 Me rectifico, cuando decía "sistema electoral" me refería al "sistema de reparto", aunque creo que queda claro luego, la verdad es que empiezo mal.

perhaps

13/08/2010, 13:02 h.

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151 .- No es tanto el sistema electoral, con el que estoy, en principio de acuerdo, sino la formación del Parlamento. Tenemos una cámara a la que aplicamos el calificativo de regional y otra general, Senado y Congreso, los partidos nacionalistas debieran tener más peso del actual en el Senado y mucho menos [o ninguno, ¿por qué alguno?] en el Congreso. Si al Congreso no pueden mandar representantes fuerzas que no se presenten en al menos la mitad más una [o los dos tercios] de las Comunidades Autónomas, mientras que al Senado se asignarían la representación proporcionalmente por población-comunidad_autónoma, se tendría en cuenta eso. Con eso limpiaríamos parte del problema sin que la representación regionalista-nacionalista se viera perjudicada en el Parlamento Central.

Simplemente el conjunto del Estado siempre estaría, y así debiera estar, por encima de sus partes. El Congreso siempre tendría la última palabra pero el Senado daría zapatazos en la mesa en caso necesario.

perhaps

13/08/2010, 12:19 h.

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