Juan J. Gutiérrez Alonso*.- 19/11/2010
"La verdad pertenece a aquellos que la buscan y no a los que pretenden tenerla"
Marqués de Condorcet.
¿Es conveniente engañar al pueblo? Esta pregunta, enunciada por el Marqués de Condorcet en el siglo XVIII, dio lugar a una obra intemporal cuyas enseñanzas no sólo tienen una gran relevancia en el terreno político, en relación a la siempre enigmática y misteriosa razón de Estado, sino también en el ámbito económico. La pregunta sobre la conveniencia de engañar al pueblo ha sido una constante histórica y nuestro tiempo no es una excepción, menos aún en el actual contexto crisis.
Condorcet mantuvo categóricamente que hay que rechazar el recurso a la denominada “noble mentira”, es decir, el derecho de los gobernantes a mentir al pueblo en bien de éste, por su carácter despótico y porque en realidad no es útil para los hombres. Tesis que debe compartirse en toda su extensión por mucho que la vanidad de quienes ejercen o han ejercido alguna vez la función de gobierno sugiera otra cosa. La verdad no solamente es el camino hacia la libertad, sino también hacia la justicia. La verdad encarna la transparencia, la más elemental de las garantías de control de que disponemos los ciudadanos respecto de aquellas estructuras en las que hemos depositado nuestra confianza para el gobierno representativo y nuestro propio bienestar. Cuando la verdad viene ninguneada las sociedades normalmente se adentran en la incertidumbre, las consecuencias son impredecibles y las libertades individuales y el bienestar común acaban deteriorándose.
En los últimos meses se han publicado abundantes reflexiones y opiniones acerca de la crisis económica que padecemos. Poco o nada tendría que añadir a todo lo que ya se ha dicho, que es mucho y para todos los gustos. No obstante, sí desearía llamar la atención sobre algo que late en el fondo de todo este asunto: el temor a reconocer y decir la verdad; a decirnos la verdad.
Así, desde hace tiempo tengo la sospecha de que quienes gobiernan el mundo no dicen la verdad, y no sabemos bien si es porque no les interesa a ellos o porque creen que de ese modo tutelan mejor los intereses de todos. Para algunos, esto es una obviedad de la que existen muchos ejemplos. Sin ir más lejos, hace sólo unas semanas, afirmar la inminencia de otro rescate financiero en
Me consta que los pequeños y medianos empresarios son los que verdaderamente están pasando lo indecible y ya no ocultan su desesperación. Sin ninguna duda, ellos son los que saben la verdad
Siete sospechas y una certeza
Sospecho también que los organismos reguladores no nos dicen la verdad ni trabajan para aclararla. El papel que han desempeñado antes y durante la crisis económica ha dejado tanto que desear que sólo el desconocimiento del ciudadano de a pie sobre su naturaleza y la importancia en un sistema de libre mercado les permitirá seguir pasando inadvertidos de cara a la opinión pública.
Sospecho que el sistema financiero, globalmente considerado, desde los más insignes y conocidos perfiles y marcas, a los más desconocidos, no nos dicen la verdad. Intuyo que su endeudamiento es tan calamitoso que no se pueden permitir reconocer abiertamente el desastre. Me temo que aguantará hasta reventar.
Sospecho que los medios de comunicación no dicen la verdad porque, o no tienen idea de lo que está pasando, o simplemente se han alineado a sus respectivas conveniencias. En realidad, de un modo u otro, unos más que otros, también dependen de fuerzas exógenas y su asfixiante endeudamiento limita su compromiso con la verdad, con el esclarecimiento de la situación. Expectantes muchos de ellos de alguna ayuda pública o medida que les permita ir sobrellevando sus complicados balances.
Sospecho que muchos académicos, universitarios e insignes catedráticos no dicen nada útil en estos tiempos, porque en realidad poco o nada tienen que decir. Lo cierto es que parece que no se han enterado de nada. Unos, gozosos en sus ambiciones personales; otros, importantes activistas de iniciativas político-territoriales cuyos beneficios están por verse; y otros, en fin, ideologizando a su manera, regular o puntualmente, desde las tribunas de los periódicos o desde programas televisivos varios, más al servicio de sus amos, de todo signo y color, que al de la verdad y el conocimiento.
Sospecho que las élites burguesas no dicen la verdad o no se atreven a admitirla públicamente porque, entre otras cosas, en ello les va la valoración de su propio patrimonio. El drama del endeudamiento, así como la iliquidez del mercado inmobiliario, es de tal dimensión que podría decirse que no ha dejado títere con cabeza. Su irritación se limita a la estéril crítica contra los gobiernos, en el ingenuo y equivocado convencimiento de que ello les podrá reportar mejores expectativas. Esto no es un impedimento menor en la aclaración de la verdad.
Sospecho también que los llamados gurús del mercado, los analistas, financieros y toda esa sarta de sofistas, ahora que la conocen, tampoco dicen la verdad porque en ello les va su business. La recesión no beneficia a nadie, lo saben bien, y por ello se limitan a esperar que esto tire para arriba de alguna manera y que nuevos ingenuos se atrevan a depositar sus ahorros en el particular casino en que han convertido los mercados de valores.
Sospecho que los grandes industriales tampoco dicen la verdad porque, en muchos casos, su propia supervivencia y viabilidad depende del sistema financiero y de las prebendas que la res-publica pueda procurarles. Toca aguantar como sea y esperar a que escampe.
Por último, me consta que los pequeños y medianos empresarios son los que verdaderamente están pasando lo indecible y ya no ocultan su desesperación. Sin ninguna duda, ellos son los que saben la verdad.
En conclusión, vivimos una situación realmente preocupante donde, por encima de todo, quienes gobiernan este mundo parece que están sacrificando la verdad y no está claro que ello sea una buena estrategia. Puede que se hayan perdido unos preciosos años para explicarla, avenirse a ella y actuar en consecuencia. Requisito sine qua non para reconducir el delirio colectivo, la euforia nociva en que hemos vivido la última década e intentar que la penitencia sea lo menos dolorosa posible. Así, de poco o nada servirá escudarse en los males ajenos u obsesionarse con la especulación (algo tan natural como antiguo en el ser humano), porque al final siempre se impone la verdad; la verdad de la mentira en el ascenso y la verdad de la certeza del declive. La verdad de que el genio financiero precede siempre a la caída (Galbraith).
Podrán asociarse todos los poderes, todos los grupos mediáticos y de presión, para seguir disfrazando la verdad, para evitar eclosiones sociales y el surgimiento de agitadores serios contra lo que algunos consideran grandes despropósitos, como las masivas emisiones de deuda, las infames normas de contabilidad para mantener la valoración de activos y las no menos infames recapitalizaciones del sector financiero gracias al carry trade. Podrán argumentarse los recortes sociales, que en situaciones de emergencia están claramente justificados, las subidas de impuestos con estricta finalidad de equilibrio presupuestario; también se podrá sostener la necesidad de las forzadas compras de deuda por parte del BCE y las peticiones de auxilio a países como China o Rusia a cambio de no se sabe bien qué; pero todo apunta a que la verdad sigue su curso y acabará imponiéndose. Todo esfuerzo que tienda a disfrazar la verdad parece que tendrá escaso resultado y no será sino en detrimento de los intereses de la mayoría de los ciudadanos y de la justicia misma.
*Juan J. Gutiérrez Alonso es Profesor de Derecho administrativo de la Universidad de Granada
OPINIONES DE LOS LECTORES,
7 COMENTARIOS
7 .- El problema debe de estar en que el sistema debe de pensar que no es conveniente decir la verdad a todo el mundo porque no deben de estar preparados y los que consideran que están preparados se ha demostrado que no lo estan.
6 .- Interesante artículo.Pienso que lo que el autor describe realmente son las consecuencias.La verdad es más sencilla,si hiciésemos una vivisección del hombre actual,encontraríamos una metástasis de materialsmo.Se ha dejado de lado la espiritualidad.
5 .- Estimados euroforeros: He aquí un artículo formalmente distinto a todos los que he leído hasta ahora.Un artículo acerca de la Verdad y sobretodo de su opuesta: la Mentira.
Reflexionemos juntos: Todo lo que construye conceptualmente el ser humano con su mente y sus emociones sin conciencia es mentira.Los sistemas políticos [aún llamándose falsamente democráticos],culturales, económicos, de relaciones humanas [incluyendo el matrimonio en su hipócrita versión judeo-cristiana],relaciones de pareja,etc.,son pura mentira, engaño, falacia.
Vivimos en la Mentira,lo sabemos, pero dependemos de ella como depende el toxicómano de su droga a sabiendas de que ésta acabará matándolo.Esta es la triste situación psicológica del Hombre sobre la Tierra.
Todo absolutamente todo es mentira.Vivimos de promesas, ilusiones,esperanzas y anhelos sabiendo que son puro engaño.
Escapar a esa dura realidad debe constituir la meta de todo hombre cuyo objetivo es acrecentar su conciencia tomando como primer paso el duro ejercicio de convencerse de que todo es mentira.
4 .-
Sr. Gutiérrez Alonso, yo no sospecho, sino que lo sé con certeza.
Porque he tratado con todos y cada uno de esos podridos seres y organismos...
Y siguen defendiendo su mentira con cínica hipocresía.
TINTA DE VERANO
Así veraneaban hace medio siglo los millonarios más exquisitos
Agustín Rivera. Casares