TENDENCIAS
TRIBUNA
@Miguel Ángel Manjarrés - 03/12/2009
1. Como la patria te la dan, a lo sumo no puede uno más que conllevarla y, en todo caso, tratar de que se note lo menos posible. El orgullo de la patria es el comienzo del totalitarismo y, casi sin excepción, una de las muestras más evidentes de cretinismo intelectual. Detrás de la patria y sus almas, detrás de su misticismo telúrico y su trascendencia suele haber unos granujas dispuestos al negocio y una muchedumbre ahítamente negociada. Otra cosa es la organización institucional que unos ciudadanos se dan a sí mismos para pasar la vida de una forma más o menos libre y dichosa. Cuando tal ocurre, uno puede sentirse a gusto y tener cierta querencia por el sitio. Nada más. Lo decían los antiguos: patria est ubicumque est bene. Ni la lengua, ni la cultura ni otras cursilerías. Sólo hay patria donde uno está bien y, para estar bien, no se necesita patria ninguna.
2. La patria no existe: como todos los inventos espirituales, empezando por Dios mismo, se trata sólo de una patraña con que unos pocos intentan imponerse a los demás, hasta que cobra la fuerza suficiente para acabar sentida como realidad palpable. Luego se adereza de condimentos fundamentales: una misma cultura, una misma visión del mundo, una misma forma de hablar, hasta unos mismos rasgos físicos y aun sanguíneos. Cuando el monstruo va cobrando aliento, llegan ya los políticos y demagogos y empiezan con las prosopopeyas, inherentes per se al hecho patriótico. La palabra ‘patria’, o su materialización concreta, se emplea sin dudar como sujeto de verbos de acción, movimiento, pensamiento y lengua. Y el paso siguiente está bien claro: se le dota de carácter, opinión, emoción y, cómo no, cuerpo.
3. Si a las viejas patrias, al cabo del tiempo, se les ha ido limitando a sus correspondientes estados y ciertas leyes democráticas han terminado por casi volverlas invisibles, el hombre puede quitarse de encima semejante fardo sentimental y gozar de cierto alivio. Pero como los patriotas no hayan conseguido su objetivo y su ansiado colectivo tenga sólo entidad anímica, la matraca puede ser sensacional. Tal nos pasa ahora en España, nombre de patria vieja que va superando desde hace poco sus aprensiones trascendentes para guiarse, mal que bien, por normas ciudadanas, y que sufre cada poco los embates de unos cuantos espabilados con ganas de tener su propio corralito, a fuerza de entusiasmo y comunión comunitaria. Qué pájaros: ellos, los líderes, se transubstancian con la patria y, a fuerza de compra/venta, logran el avance nacional con todas las de la ley.
4. La ley, en este caso, que es el caso catalán, la pactó con sus políticos el jefe del gobierno de España. Los políticos catalanes, en los ciernes de una patria en acto, no se miden por rivalidades menudas, sino que se comportan todos con sentido histórico: lo primero –y lo único– es la patria. En realidad, ellos son la patria. Ellos son Cataluña. Cataluña y su ley fundamental, su nuevo Estatuto, convenido de tú a tú, ajeno al tamiz de la realidad democrática y sus instituciones, tan viles al lado de ese sentimiento colectivo e imparable que encierra la palabra ‘Cataluña’. Sólo se es patriota, por tanto, si se defiende el Estatuto a toda costa, es decir, si se está con los políticos catalanes de verdad, con aquellos que no sólo representan, sino que son Cataluña.
5. Y llegan a la función los buenos patriotas periodistas, la opinión público-patriótica: unísonos en la defensa de la tierra patria más allá de cualquier posible mandanga constitucional. Como las mafias, como los totalitarismos habituales, se advierte serenamente y se amenaza bajo letra. Pacta sunt servanda: no hay sonrojo en los directores de los periódicos catalanes cuando recuerdan que los tratos son los tratos, por más que puedan ser pactos ilegales y, por tanto, delictivos. Y, por supuesto, el título tiene que ser prosopopéyico: “Cataluña está indignada”.
–¿Y puede usted decirme quién es esa buena moza?
–¡Eh, eh! Sin insultar.
6. La rareza de este tiempo patriótico, en todo caso, reside en las izquierdas, identificadas con la sentimentalidad del terruño. El buen socialdemócrata cree sin duda que Cataluña existe ontológicamente, al menos lo cree mientras necesite a los políticos catalanes para seguir en el cargo. Y la derechilla anda que si sí que si no, avergonzada casi de haber interpuesto recurso jurídico, no sea que vaya a salir adelante y nos dejen sin gobierno. Dicte lo que dicte el Constitucional –que, como casi siempre, será el parto de los montes–, hay una cosa clara: el presidente del gobierno de España entiende a Cataluña y, con el corazón enardecido, quiere siempre lo mejor para Cataluña. Pero más claro lo ha dicho Chaves: que se dejen de presionar al Alto Tribunal, que el Alto Tribunal lo que tiene que hacer es dictar la mejor sentencia posible para España y para Cataluña. Por si no había quedado claro.
Opiniones de los lectores (2)
2.
Tadeoteveo»03/12/2009, 10:30 h.
Sr. Manjarrés todo iba bien en la lectura de su artículo, e incluso asumia con la cabeza sus bien trenzadas palabras, hasta que en el cuarto párrafo descubro con sorpresa que su hilvanada prosa se refería a Catalunya.
No somos los catalanes [excepto los independentistas radicales] aficionados a utilizar la palabra patria catalana, sino Catalunya y ello por una razón obvia, la palabra patria nos recuerda demasiado a la patria de siempre la que nos enseñaron de pequeñitos [yo ya tengo una edad] y que siempre se refería a España.
Como a Vd. no me gusta la palabreja, pero a diferencia de Vd. no me gusta tanto si se refiere a Catalunya como si se refiere a España. Tampoco me gusta patriota, ni por supuesto antipatriota que es lo mismo pero visto desde otro lado.
Los que creo, hemos aprendido a pensar por nosotros mismos y nos cuesta llegar a conclusiones definitivas, acostumbramos a ser condescendientes con los demás sobre todo si son muchos, y muchos son los que aún se les conmueve el alma con esa palabra, por ello hay que mostrar respeto para todos ellos.
Pero hay que procurar ante todo, ser coherente en las ideas, en los conceptos y si es posible con los sentimientos.
1.
iluminati»03/12/2009, 10:22 h.
Excelente artículo,se puede decir más alto pero no más claro,por obvio casi indiscutible.
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