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TRIBUNA

La economía sostenible o el colmo de la propaganda

Economía sostenible propaganda

@Javier Benegas - 02/11/2009

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La trampa de recrear definiciones elementales para dotarlas de un nuevo sentido pretendidamente trascendente e instrumental, como si se tratara de marcas comerciales, lejos de generar expectativas lo que logra es aumentar el grado de confusión y manipulación. El último, la “Economía sostenible” riza el rizo: la economía no es ni sostenible ni insostenible, es simplemente Economía.

 

Lo mismo podemos decir del “Desarrollo sostenible”, concepto-trampa omnipresente en todos los ámbitos desde hace ya más de una década. No hay realidad alguna en este concepto prefabricado. En el mundo real sólo existen dos opciones: la posibilidad de desarrollarse y progresar o no hacerlo y caer en una profunda recesión, no sólo material sino también moral y humana.

 

Llevamos décadas permitiendo que convivan entre nosotros este tipo de conceptos-trampa, que, al margen de un vacío insondable, lo que nos regalan son groseras manipulaciones cada vez más alienantes y que, sobre todo, enmascaran negocios muy lucrativos. Por poner un ejemplo, 100.000 millones de euros en subvenciones es lo que pretende gastar el estado español hasta 2020 en nuevos campos eólicos.

 

Mediante estos conceptos se ha estado construyendo una realidad de cartón piedra que ha terminado por suplantar y hacer olvidar los mecanismos que sí tienen la capacidad para hacer que la economía no sea en modo alguno enemiga de nuestra supervivencia sino todo lo contrario: una herramienta fundamental de nuestro desarrollo y bienestar. En la práctica, la “Economía sostenible” no es otra cosa que un gran negocio con un nombre bien sonante que tiene reservado el derecho de admisión.  

 

Cuando se fabrica un concepto-trampa, se crea la ficción de una falsa dualidad, es decir: aceptar y dar por válido el concepto “Economía sostenible” implica trasladar al término economía una naturaleza dual - bueno o malo - que no le corresponde. Esa dualidad, esa  contienda permanente entre el bien o el mal, tiene su lugar en cada persona, en cada uno de nosotros, y en ningún caso en un concepto inanimado. No hay economías sostenibles o insostenibles, ni siquiera empresas que hagan el bien o el mal, sino personas que actúan de forma correcta o incorrecta. No hay un ente con vida propia llamado “economía” que esté por encima de nuestra voluntad y, por tanto, no tiene sentido renunciar a nuestra propia responsabilidad. Delegar en esperpénticos conceptos para combatir a bestias imaginarias produce el efecto perverso de engendrar bestias reales.

 

La perversión del lenguaje

 

Lo mismo sucede con otros conceptos-trampa, cuya contradicción debería habernos hecho reflexionar. Como ejemplo palmario, la “discriminación positiva” no tiene desperdicio. Sin embargo, resulta sorprendente comprobar como un concepto-trampa tan grosero, y paradójico en su propia formulación, ha terminado por instalarse en nuestras mentes con total normalidad. Manipulaciones tan burdas y contradictorias no deberían ser admitidas en una sociedad avanzada y libre, sino detectadas al instante como perversiones del lenguaje. Una sociedad civilizada, libre, racional, que cree firmemente en los derechos y deberes  y en el imperio de la Ley, no necesita recurrir a la imaginería de los conceptos-trampa porque no los necesita ya que es una sociedad que ante todo tiende a ser justa.

 

Después de décadas adsorbiendo como esponjas uno tras otro todo tipo de conceptos-trampa, aceptando la existencia de una naturaleza dual en términos inanimados y, por lo tanto, pervirtiendo el orden lógico de las cosas para terminar colocándonos a nosotros mismos a los pies de conceptos prefabricados, nos encontramos a merced de una elite que hace negocio y nos expolia mediante la manipulación e instrumentalización de innumerables conceptos-trampa, cuya capacidad de destrucción es ya más que evidente.

 

Valores propios del ser humano han sido enterrados bajo estos conceptos-trampa cuya misión es bloquear cualquier debate racional para dejar el camino expedito al enriquecimiento de una selecta minoría. Se ha creado la ficción de que el individuo no es en última instancia responsable de todo cuanto sucede, sino que el mundo, convenientemente reconvertido al concepto de la “Globalización”, concepto-trampa por excelencia, está hoy día amenazado por fuerzas sobrenaturales ante las que sólo las castas dirigentes saben cómo responder. De esta forma, mientras fingen salvarnos, el negocio puede continuar.

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Opiniones de los lectores (6)

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6. usuario registrado JOTALE»02/11/2009, 17:32 h.

Buen y verídico artículo, sr. Benegas, le felicito.
Aunque haya quien prefiera agarrar el rábano por las hojas y pretender que todo el que no sea un papanatas crédulo, o parte interesada, es un insolidario con el medio ambiente y los recursos naturales.
Un saludo.

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5. usuario registrado JOTALE»02/11/2009, 17:29 h.

#3 Claro, y los beneficiarios inmediatos de esas millonadas en subvenciones, no son precisamente grandes corporaciones que, además de hacer el gran negocio a costa del contribuyente, consiguen su particular expansión y crecimiento económico invirtiendo en el necesario y carísimo capítulo de I+D, con financiación no propia, sino también del mismo contribuyente al que le venderán su producto a un precio impuesto por el propio Estado.
Solo hay que ver quienes son las empresas mayoritarias en la composición del capital de las "pequeñas" formadas para ordeñar los bolsillos de la ciudadanía vía estado, para saber quienes y por qué están a favor de esa "sostenibilidad", cuando no son algunas de las empresas que atentan contra el propio medio natural y sus recursos.
O el impacto de algunos de los productos energéticos, que se presentan como mejoras medioambientales, en el medio en el que se desarrollan.
Aquí mismo, en España, sin definir línea de actuación alguna, ni plan que se le parezca, ya hemos decidido destinar 26.000 millones de euros a una frase hueca de la que no conocemos otro contenido que la propia frase.

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4. usuario registrado Maria-G»02/11/2009, 13:33 h.

#3 El artículo es impecable. Son conceptos-trampa como muy bien apunta el autor. Que el origen esté en la ONU no desdice, es más, incluso refuerza la tesis de Don Javier Benegas. Porque aquí lo que hay que valorar es el uso del término, además de ser lo suficientemente inteligente para entender que este tipo de definiciones se prestan a las más ruines manipulaciones. ¿En qué ha quedado la economía sostenible? Pues exactamente en lo que con gran lucidez describe el autor.

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3. usuario registrado ElAprendiz»02/11/2009, 13:00 h.

De Wikipedia, "desarrollo económico es la capacidad de crear riqueza a fin de promover o mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes".
Pero como la prosperidad tiene multiples vertientes, y en ocasiones el corto plazo esta reñido con el largo, la ONU define en 1987 el termino "desarrollo sostenible" como "satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades".
Desde entonces muchas personas dedican su tiempo a promover el desarrollo economico, social y medioambiental presente sin comprometer las posibilidades futuras, y afirman trabajar en el "desarrollo sostenible".
Sus enemigos son grandes, se enfrentan a grandes corporaciones que vierten ilegalmente sus residuos, dictadores de paises en vias de desarrollo que venden los recursos de esos paises mientras la poblacion muere de hambre, campañas en contra financiadas por laboratorios de ideas del ambito de la derecha...
Y ahora se suma un nuevo enemigo, un tal Javier Benegas al que no le gusta la palabra porque le parece "propaganda".

Que ocasion de haber publicado otra cosa han perdido.

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2. usuario registrado carmade»02/11/2009, 11:31 h.

.... Esto ... este tema me recuerda a esos términos fantásticos que se utilizaban para productos financieros que no entendían ni los propios comerciales, esos productos super guays que se han tragado los ahorros de más de un pobre diablo ahorrador ... menos mal que mi padre dijo . "yo es que lo que no entiendo ...". Pero Señor, términos como el "desarrollo sostenible" claro que existen! y tienen una definición clara. Lo que pasa es que para el político estandar de este país [salvando mis queridas excepciones allá por el norte peninsular], esos términos no le sirven. Porque el "desarrollo sostenible" habla en sí mismo de una filosofía de vida, una manera estratégica de gestión, que debe ser armónica en todos y cada uno sus actos [no ser sostenible en unas políticas y en otras no], y ese largo plazo al político mediocre no le interesa. No aplica esa "filosofía" a toda su gestión, sino que realiza una acción concreta a CP y la "bautiza" con un nombre guay que, por supuesto, le queda grande. El marketing político está servido. " ¡Mira cuántos parques eólicos! ¡Pero qué sostenibles somos! ..." En fin...

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