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TRIBUNA

El dilema de Krugman

economía PIB crisis Krugman

@Pedro Montes* - 23/12/2009

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Una gran confusión prevalece sobre el futuro de la economía española,  una vez que para algunos países parece haber pasado el peor momento de la crisis financiera y la recesión posterior,  y una vez que el presidente Zapatero ha osado dar por iniciada oficialmente la recuperación. Dejemos de lado la economía internacional, en una situación mucho más problemática, compleja y peligrosa de lo que se cree, y centrémonos en lo que ocurre en nuestro país.

 

Zapatero fue el último en enterarse de la crisis económica y ha sido el primero en anunciar la recuperación. No sabe por qué ha comenzado, no puede calibrar su fuerza, no está en condiciones de asegurar su continuidad, no se atreve a pronosticar cuándo la mejora se traducirá en el empleo, pero para él la recuperación está en marcha. No hay que perder ni dos líneas en resaltar la insolvencia del presidente del Gobierno, ni su afición  a actuar como un prestidigitador  sacando conejos de la chistera (el último,  la  patraña del proyecto de ley de economía sostenible).

 

El presidente del PP, siempre al acecho en su triste papel de buitre para aprovechar los desastres,  no tiene inconveniente en decir que la crisis se ha detenido pero que la recuperación es imposible con este Gobierno. Los dirigentes de CCOO y UGT, extraviados en una crisis que se les ha venido encima sin preverla, han puesto en marcha una estrategia de apaciguamiento pensando que, con algunas concesiones,  en varios años se recuperará  la normalidad  y con ella el papel  institucional reformista relevante que ellos tienen. Podría decirse, pues, que al margen de matices y precisiones temporales, se da por supuesto que la recuperación es el horizonte de la economía española.

 

Frente a esta previsión, hay razones para sostener que no sólo no hay recuperación a la vista, lo cual elimina el debate sobre los años que durará la crisis, sino que la economía se adentrará en el futuro en un proceso de degradación continuo, al que no se puede  por el momento vaticinar fin. A partir del difícil estado actual, el deterioro de la economía llevará a una  situación con extremas tensiones políticas y sociales, que traspasará el ámbito electoral en el que por ahora se piensa que están los forcejeos sobre la salida de la crisis. Se comprende bien que los dos partidos mayoritarios  vivan y se preparen para mantener la  competencia electoral con la crisis como tema estrella, pero se entiende mal que los sindicatos no se dediquen a preparar a los trabajadores para los conflictos inexorables que hay por delante.

 

Una economía en quiebra

 

Hay que partir de caracterizar a la economía española como una economía en quiebra. Arrastra un déficit exterior extremadamente  agudo, que lo ha convertido en uno de los países con una  deuda exterior neta  exterior más graves del mundo, y tiene un nivel de paro desolador. Con estos datos, se puede concluir que esta economía no ha encontrado su sitio en el puzle de la globalización,  y  más concretamente,  que no ha logrado un equilibrio razonable en el marco de la unión monetaria europea

 

El vaticinio de la no recuperación surge de la imposibilidad de financiarla.  Una economía en expansión daría lugar a unas necesidades de financiación exterior que son muy difíciles de cubrir. En primer lugar, por el montante exigido. En el  2008, el déficit de la balanza por cuenta corriente, lo requerido financiar, fue un impresionante 10% del PIB.  Se reducirá  acusadamente en este año, por el hundimiento de la demanda y la actividad, pero aun representará más de un nada desdeñable 5% del PIB, y un relanzamiento lo dispararía de nuevo.

 

En segundo lugar, por el enorme volumen  de deuda exterior acumulada, que debe refinanciarse cuando la solvencia del país anda en tela de juicio en los mercados financieros internacionales. Esa deuda se ha canalizado fundamentalmente por las entidades de crédito, y  ha atrapado a todos los sectores económicos, incluido ya el sector público, que será incapaz durante bastante tiempo de poder practicar una política fiscal expansiva. En tercer lugar,  la crisis financiera se dejará sentir por mucho tiempo: se mantendrán los circuitos del crédito obturados y la desconfianza y la inseguridad como clima general.   La falta de crédito y liquidez en la economía española, las restricciones financieras actuales no se disiparán, si no se agravan con la  crisis latente del sistema crediticio español. En esas condiciones, no es posible la recuperación.

 

Las miserias de la política

 

Pero el problema del desajuste estructural que sufre el país es más complicado. La situación insostenible, bloqueada, sin salidas visibles, la han puesto de manifiesto muchos prestigiosos analistas, paradójicamente más los extranjeros que los españoles, quizás por estar menos sometidos a las miserias de la política y a al conflicto de intereses que la crisis ha exacerbado. Pueden tomarse las declaraciones del premio Nobel Krugman como un buen exponente de las opciones existentes. Este ha dicho, en lo que podría denominarse como su dilema: la economía española ha de reequilibrar su situación en la  economía internacional por medio de una mejora de su competitividad que sólo puede venir por dos caminos: una devaluación de la moneda, cosa imposible por la pertenencia al euro, o un drástico ajuste  interno de precios  y costes.

 

La magnitud de ese ajuste es discutible, pero se ha manejado una cifra entre 15 y el 20%. Esta salida tiene muy serios inconvenientes y su aplicación es casi imposible. No se puede descartar que la crisis promueva un ajuste interno progresivo como de hecho se está produciendo ya. Pero no cabe esperar que por un acuerdo social se reduzcan los costes, es decir los salarios, en una proporción tan intensa como la situación reclama, y mucho  menos los precios, de por sí incontrolables. Hay que tener en cuenta, además, que un ajuste depresivo de esta naturaleza hundiría la economía, lo que a partir de los niveles de paro existentes crea un panorama tan estremecedor como  inquietante.

 

Y el problema se complica porque si llegara a producirse el ajuste y a remediarse el desequilibrio exterior, la economía española no podría adentrarse en una fase de recuperación sostenida digna de tal calificación,  porque desde el mismo momento en que esto  empezara a suceder  se reproduciría la pérdida de competitividad y con ello reaparecerían los problemas de financiación exterior. Así pues,  la salida  posible que nos marca Krugman es un hundimiento inmediato de la economía, con más millones de parados,  y la condena a permanecer en el fondo estancada, pues las aventuras de recuperación son poco menos que imposibles. Esta es por lo demás la que se considera la opción realista, la única, pues se ha logrado un  pensamiento común generalizado entre los políticos y economistas que la pertenencia al euro es algo irreversible.

 

Cabría empezar rebatiendo esta opinión, pues no hay en  la política nada irreversible. Descolgarse del euro es verdad que está fuera de todos los  proyectos para remontar la crisis. Entre los políticos es  imposible encontrar alguno que apueste  por la salida del euro. Entre los economistas y analistas la posición no es tan cerrada, pero abiertamente nadie ha puesto la cuestión sobre el tapete. Pero con realismo es necesario replantearse la pertenencia a la moneda única pues, como se ha visto, la salida que  propone Krugman es lanzarse a un precipicio, y las sociedades no son proclives al suicidio.

 

Una catástrofe financiera

 

Después de más de una década de pertenencia al euro y los fuertes compromisos en dicha moneda  que tienen adquiridos todos los agentes sociales, salir del euro y restablecer una moneda propia fuertemente devaluada conduciría, entre otros males y conmociones,  a una catástrofe financiera,  al tenerse que pagar en euros la deuda descomunal exterior existente. Que el país tendría que declararse en bancarrota es más que probable, pero, y esto es lo que da dramatismo a la situación de la economía española, es que posiblemente no hay  otra alternativa. Esta implicaría hacer tabla rasa del pasado y tener que empezar de nuevo a construir una economía con una moneda mucho más débil, con una relación de intercambio más acorde con los fundamentos económicos, más protegida y menos abierta al exterior,  pero al mismo tiempo con más posibilidades internas de ser dirigida y controlada. De nuevo se dispondría de una moneda para equilibrar los flujos económicos con el exterior y se ganaría un instrumento esencial para intervenir en la economía como es la política monetaria propia, a la que se renunció con el euro.

 

En fin, lo que se ha presentado como el dilema de Krugman

es realmente una aporía, esto es, como dice el diccionario: dificultad lógica insuperable de un problema especulativo. Ninguna de las dos alternativas es razonable, las dos encierran problemas gravísimos de aplicación y las dos implican  consecuencias pavorosas. . De ahí,  la  opinión de que la salida de la crisis no se resolverá en claves económicas sino como resultado de los conflictos sociales y políticos que promoverá una situación económica insostenible. Y de ahí a decir que la lucha de clases será la que determine el futuro de la economía sólo queda un paso lógico, si bien abrirá un proceso social largo y muy complejo, donde por el momento nada está escrito si bien constituirá un escenario propicio para la aparición de demagogos.

 

Parece claro que el futuro de la economía y de la sociedad española será convulso, está lleno de interrogantes y en modo alguno se encuentra despejado, como quieren  hacer creer los que divulgan que la recuperación está a la vuelta de la esquina  o la fijan ya como telón de fondo para el porvenir inmediato.  Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las dos alternativas existentes comentadas, que contradicen esa perspectiva,  determinan escenarios muy diferentes,  con implicaciones que van mucho más allá del problema complejo de la salida de la crisis económica.

 

La opción del ajuste interno supone en definitiva un ajuste permanente de la economía en el marco conceptualmente ultra neoliberal de la Europa de Maastricht, que tendrá que ser muy duro en un primer momento y sostenido después. Crea  las condiciones para un continuo acoso a las condiciones de vida de la mayoría de la población,  en sus salarios, en las pensiones, en los servicios sociales básicos, en los derechos laborales, en la fiscalidad. Es la continuación endurecida de lo que ha ocurrido desde que se aprobó el tratado de Maastricht para crear la moneda única, sin las ventajas  ya de una  expansión económica y los fuegos artificiales del bienestar. Es el peor escenario que cabe imaginar para los trabajadores, capas sociales modestas y sectores amplios de la pequeña y mediana burguesía,  pues estarán sometidos a una ofensiva perenne contra sus condiciones de vida e intereses,  por la presión constante que ejercerá el objetivo de no perder competitividad, contando además con que tienen una posición de fuerza política débil y en  continuo desgaste.

 

No cabe edulcorar las consecuencias de la opción de salirse del euro. Los desbarajustes y excesos pasados amparados por el euro tienen que pasar factura. Como habrán de quedar desautorizados todos aquellos que apostaron por el euro, muchos de los cuales  creyeron descubrir en la moneda única un maravilloso taumaturgo para poder cometer impunemente todo tipo de barbaridades y desmanes, llegando incluso a pensar que con el euro las crisis se habían acabado.  La conmoción de una salida del euro sería terrible, o con más precisión, será terrible,  porque todo hace pensar que será  algo irremediable. Pero dicho esto, la sociedad española estará en mejores condiciones para dominar su futuro al hacerse con los resortes básicos para diseñar una economía diferente que, en la medida en que la izquierda imponga sus criterios, será lo mismo que decir que la economía podrá ponerse al servicio de las personas,  y no como sucede ahora con el neoliberalismo, en que las fuerzas ciegas del mercado  se imponen  y domestican  a la sociedad.

 

Por no olvidar a Krugman: cabría decir que su dilema es correcto, pero se equivoca en la elección desde el punto de vista económico y,  contando con que es un progresista,  desde el punto de vista político.

 

* Pedro Montes es economista.

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Opiniones de los lectores (20)

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20. usuario registrado Myrmidon»23/12/2009, 22:26 h.

Muy brevemente: le criticaron una previsión de riesgo de double dipp recession y respondió argumentando con un trabajo de Schumpeter con una methodologia similar. Fue brillante.
Le dejo, family matters!!!

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19. usuario registrado Aristip»23/12/2009, 21:28 h.

#10 Myrmidon

Me ha dejado con la miel en la boca, sobre todo en su último párrafo. ¿No puede ser un poco más explícito y divulgador para quienes no estamos informados? De verdad es una lástima, con lo importante que es el tema y en la situación en la que estamos.
Anímese.

Gracias.

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18. usuario registrado carla»23/12/2009, 20:04 h.

Empiezo a leer el artículo y me digo: "no está mal el análisis". Sigo leyendo ya algo se empieza a torcer Ya estoy casi terminando y leo "ultra neoliberal", "liberalismo salvaje", "Uión Euopea" Y entonces me digo: ¿pero este sr. y yo vivimos en el mismo planeta?
¡ojalá tuviéramos aquí ultraneoliberalismo salvaje, o mejor anarcocapitalismo.
En fin, veo que en EC, salvo el dueño de esto -según dice él al menos que es liberal- los demás son unos colectivistas de tomo y lomo.
Bueno, pues venda, a darle al tópico que hay muchos pardillos que pican.

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17. usuario registrado JUE»23/12/2009, 18:27 h.

Se habla de que el gasto público ha aumentado a razón de un 20% anual en los últimos años.
Al articulista no se le ocurre que la solución sería presupuestar un gasto publico igual que el que había por ejemplo, en el 2005, y cumplirlo?
Porque unos cosa está clara:
Gasto Público Español = Improductivo Total.
Antes que del Euro, habría que desprenderse de la mitad de los políticos, de la mitad de sus coches, la mitad de sus subvenciones improductivas...

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16. usuario registrado abrumado»23/12/2009, 18:26 h.

#15 Estamos de acuerdo, esto no se soluciona con la salida del Euro sino con un nuevo pacto social, una nueva constitucion en la que el gasto publico sea por ley = ingreso publico.

En el que el estado esté para garantizar los minimos y las reglas del juego, para nada mas.

En el que las televisiones y las radios sean privadas, las empresas publicas autonomicas se privatizen y un largo etc.

Un estado que la justicia funcione y sea rapida. En la que la justicia sea independiente y haya contrapoder, etc.

Desapararición de las autonomias, republica, etc etc.

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