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Tomás S. Vives* - 10/03/2010
Por su interés y con la autorización de su autor, reproducimos íntegramente el artículo publicado por Tomás S. Vives Antón, Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia y ex vicepresidente del Tribunal Constitucional, sobre un asunto tan candente como el llamado caso Garzón, aparecido recientemente en la web tirantonline.
El Auto de 3 de febrero de 2010, por el que el Instructor Delegado de la Sala II del Tribunal Supremo deniega el sobreseimiento de la causa especial número 20.048/2009, instruida contra el juez titular del Juzgado Central número 5 (Don B. G. R.), ha suscitado un movimiento de defensa jurídica en los medios de comunicación y, a la vez, un debate acerca de si ese proceso es o no justo.
El Auto en cuestión imputa al Juez encausado el delito de prevaricación por haber iniciado y prolongado un procedimiento penal por delitos que habían prescrito y estaban amnistiados; pero que, además, no eran de su competencia.
Frente a esa imputación se insinúan en el debate mediático argumentos que parten de la idea, inexacta según el Auto de Imputación, de que el juez perseguía delitos contra la Humanidad, que ni son amnistiables ni están sujetos a prescripción. En favor de esa tesis se aducen testimonios de conocidos juristas internacionales, que opinan en abstracto, esto es, sin atender a las especificaciones del objeto del proceso hechas por el propio Juez del Juzgado Central número 5.
Esa problemática, en su conjunto, se analiza y resuelve razonadamente en el Auto del Instructor nombrado por el Tribunal Supremo. No quiero decir con ello que sean acertadas, pues no quiero pronunciarme ahora sobre el problema de fondo; pero sí dejar constancia de que sus razones no encuentran respuesta en la defensa mediática del Juez imputado.
Lo que al respecto me atreveré a afirmar es que, tratándose de una cuestión jurídica, no son admisibles testimonios ni peritajes para resolverla: el Tribunal Supremo debe y puede encontrar la solución por sí mismo valorando las razones que aduzcan las partes, sin que tales razones puedan sustituirse por nombres.
Muy distinta de la discusión estrictamente jurídica es la que versa acerca de si el proceso en cuestión es o no justo.
Movilización en favor de G.
En la vertiente mediática de esa discusión el esfuerzo argumental brilla por su ausencia. Se afirma que la imputación es infundada e insostenible, que estamos ante el peor golpe de estado desde el 23-F, que el proceso es una caza del hombre, que fuera de España no se entiende, etc. etc.; y se ofrece una imagen según la cual intelectuales, jueces, fiscales, IU, PSOE, el Gobierno, y hasta el sursum corda se movilizan en favor de G.
¿Qué digo el sursum corda? Hasta el premio Nobel José Saramago profetiza un clamor del pueblo contra la, según la oprobiosa, Ley Española de Amnistía; y, a la vez Amnistía Internacional estima “inédito” (sic: querrá decir insólito) que el Juez G. pueda acabar en el banquillo.
Ante ese alud de tomas de posición, expresadas en el diario El País (días 11, 12 y 13 de febrero) me gustaría precisar, en primer término que, a diferencia de otras, nuestra Ley de Amnistía no fue un perdón que los verdugos se diesen a sí mismos sino que recibió el apoyo de la práctica totalidad de las fuerzas políticas y el respaldo de la práctica totalidad del Pueblo.
Acertada o equivocadamente se quiso con ella poner fin a las heridas causadas por nuestra cruenta Guerra Civil. Esa decisión podrá discutirse; pero no hay en ella nada de qué avergonzarse.
El Parlamento Español actuó entonces jurídicamente, sin el menor asomo de ninguna clase de autoencubrimiento que hubiera podido enturbiar la validez de su Ley. En consecuencia, puesto que se trata de una Ley válida, en el seno del ordenamiento jurídico español ya no se puede revocar para perseguir responsabilidades que con ella se declararon extinguidas, pues frente a cuanto sostengan distinguidos especialistas en Derecho Penal Internacional, los artículos 9 y 25 de la Constitución Española de 1978 prohíben toda clase de retroactividad desfavorable en materia penal.
Dicho esto, creo que los términos en que se ha planteado el debate sobre la justicia del proceso contra el juez Garzón no son meramente erróneos, sino que constituyen un medio de presionar al Tribunal Supremo de dudosa legitimidad. Pues se habla de la Justicia, con mayúscula enfática, esto es, de concepciones personales de lo que es o no justo, que olvidan o menosprecian la Ley; y la discusión sobre si un proceso penal es o no justo depende únicamente de si ha habido o no delito, cuestión exclusivamente legal.
Se trata de averiguar si Garzón infringió o no la Ley Penal
Lo que se trata de averiguar y decidir en un proceso penal no es si el imputado nos causa admiración o rechazo ni si nos alineamos a favor o en contra de sus actos; sino solo si con ello se infringió o no la Ley Penal, esto es, si cometió o no un delito.
Y eso, que es obvio, se elude en el ámbito de la defensa mediática. Lo que se hace en ella es descalificar el edificio entero del juicio jurídico. Esa descalificación comienza en primer lugar por las leyes, que quedan descalificadas porque amparan a los acusadores, cuya ideología se reprueba; pero, al lanzar esa descalificación se olvida que, en un sistema democrático, todos aún los que profesan ideologías abominables, tienen derechos. En segundo lugar se descalifica a los jueces con el peregrino argumento de que prestaron el juramento que se exigía en la época de su ingreso, como si ese juramento ritual comportase alguna clase de compromiso con el régimen entonces imperante.
¡Mal se defiende al juez imputado desde argumentos que no respetan los principios básicos del Estado de Derecho! Pues la característica esencial, definitoria, del Estado de Derecho es la sumisión sin excepciones al "Imperio de la Ley” o, dicho de otro modo, a la Constitución, a las demás leyes y al resto del ordenamiento jurídico a la hora de enjuiciar las acciones de cualesquiera ciudadanos o miembros ocasionales de la comunidad.
Frente a la sumisión a la Ley, el Estado de Derecho no consiente que se aduzcan concepciones personales de la Justicia, por importantes o acertadas que puedan parecernos. Solo con esa proscripción resulta posible disfrutar de lo que en el constitucionalismo norteamericano se denomina una “libertad bien ordenada”. Pues, un “Estado de justicia”, un Estado en el que las convicciones personales acerca de lo que es o no justo prevalecieran sobre las leyes, sería o un Estado de guerra permanente, en el que la libertad viviría constantemente oprimida, o una tiranía ejercida por aquellos que tuviesen el poder suficiente para imponer sus ideas acerca de lo que es o no justo.
Por eso decía Aristóteles que “es estúpida la sabiduría de los que pretenden saber más que las leyes”; y por esa sumisión de las ideas de la Justicia a la Ley, en el alba de la civilización occidental, dio Sócrates su vida.
El curso de la polémica de la justicia o injusticia del proceso al juez Garzón discurre como si, en un Estado de Derecho, pudiera haber alguien exento del respeto a la Ley, legibus solutus; y, además, como si ese alguien pudiera ser un juez. Se trata de una imagen tan poco civilizada, tan poco democrática y tan esperpéntica que solo cabe defenderla desde planteamientos interesados, irresponsables o irreflexivos.
Y nada de cuanto he dicho constituye ningún alegato en favor de la absolución o de la condena del juez Garzón: ojalá su proceso se resuelva, como cabe esperar, aplicando el Derecho rectamente, lo que tratándose de las leyes penales, quiere decir interpretado del modo más favorable que sea posible al presunto reo.
* Tomás S. Vives es Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
93 COMENTARIOS
93 .- ¡Hola AIRA,hola SATIRICON¡ Son USTEDES DOS buenisimas personas y ademas cumplidoras de sus palabras,mientras yo estaba viendo al Real Madrid que empezo muy bien,lo hizo bien todo el partido,pero al final ha perdido.Asi de amarga es la vida,pese hacerlo bien,casi muy bien,en un golpe de suerte el Olimpique marco un gol y se llevo el partido y el Real Madrid quedo muy valiente muy trabajadores,pero perdieron.
Muchas Aira,muchas gracias Satiricon,ojala que el devenir de juez que fue muy valiente,enfrentarse a las mafias de la droga no debe ser facil y muy peligroso,enfrentarse a los corruptos cuando estos tienen tan grandes enganches como los Gurtel o los catalanes del Palau tampoco debe ser para hacer amigos,enfrentarse a los amigos de los etarras como Otegui y su banda,tampoco debe ser facil,ser muy valiente y trabajador a veces,como hoy con el Real Madrid,no es suficiente y quizas hasta puede perder la gran batalla.
Sea cual sea la decision final de LA JUSTICIA,la aceptare como acepte tambien la sentencia que dio la razon a los Albertos.
Lo que cada dia acepto menos es a los politicos,sean del partido que sean, que en lugar de luchar contra la crisis nos ofrecen sus TEATROSperson
92 .- #83 Muchas gracias estimado satiricón por su prolija y extensa respuesta.
Sí que parece complicado y díficil de conseguir ese cambio. Como no ocurra algo parecido a una sublevación popular, cosa más difícil aun, no veo yo por el momento un acuerdo entre partidos de esa magnitud.
En cualquier caso, su respuesta nos aporta un poco más de conocimeinto en una materia y un tema en los que abundan, más que los argumentos técnicos, las sensibilidades políticas torticeras y el ruido de los que anteponen su visceralismo a la razón.
Sí el forero que en otro foro se dedica a prodigarle insultos frente a sus razonamientos, tuviera la humildad, además de opinar con pleno derecho sobre lo que quiera, de preguntar lo que no sabe en lugar de discutirlo, ni hubiera hecho el rídiculo ni se hubiera largado con el rabo entre las piernas simulando una falsa dignidad.
Un saludo
91 .- #90 y creo que su figura está demasiado sometida a publicidad y casi a escarnio público, y así la justicia pierde totalmente valor. Si un juez instructor de ese calibre no infunde respeto o no infunde en la ciudadanía calidad de la institución a la cual representa y si no da una sensación de imparcialidad e independencia yo no puedo confiar en ese tipo de jueces.
Lo siento pero no puedo y ello conlleva a que no confíe en la justicia o que piense que las leyes no sirven para nada y eso es duro asimilarlo y más por personas que consideramos que el respeto a la ley es fundamental.
Un saludo y buenas noches.
90 .- #89 3ª causa: Famoso caso Gurtel, totalmente de acuerdo que hay que investigarlo, sólo faltaría pero hay que hacerlo dentro de la legalidad y no politizando el asunto y encima poniendo el Estado de derecho en un tris de irse al traste. Las conversaciones entre abogado y cliente no pueden ser violadas y menos salir a la luz, Sólo se pueden autorizar en materia de terrorismo , lo que se hizo en este caso es un ataque a las garantías de los ciudadanos y su libertad de poder hablar libremente con su abogado.
Hay cosas que no se pueden permitir y que un juez tiene que tener muy claro que no se pueden hacer. Es delito todo lo que hizo, eso lo dirán los juzgados yo no soy quien para juzgar a nadie pero desde fuera el tema apesta y si este señor quiere seguir como juez primero tiene que someterse a la justicia y dejar que dicha justicia trabaje para saber si hubo o no hay delito en sus actuaciones.
Es mi opinión y por supuesto no pongo en entredicho su valía en muchísimas causas que ha llevado a cabo pero sinceramente cualquier otro juez en su puesto también tendría que haberlo hecho, es su trabajo, hacer cumplir la ley pero no aplicarla según le venga en gana y según le convenga.
89 .- #88 . E incluso parece ser que en base a esa ley rechazó una querella para investigar a Santiago Carrillo por los crímenes de Paracuellos. Totalmente de acuerdo ese rechazo, estaba esa ley por medio, pero entonces no puede la misma ley aceptarla unas veces y otras pasar de ella.
No y no. Y encima que pida un certificado de defunción de Franco, de chiste vamos. De chiste
2ª causa, la famosa solicitud de fondos, algo que efectivamente puede hacer, sólo faltaría que no pueda pedir dinero pero hacerlo de la manera como lo hizo casi en forma de chantaje me parece muy fuerte, según parece ha dejado muy claro por escrito que lo hacía como magistrado de la Audiencia Nacional. Ufff con el poder que tienen cualquiera si puede no le deja dinero.
Eso no se puede hacer, lo siento pero no se puede hacer.
[continua]