Miguel Ángel González Manjarrés*.- 20/10/2010
1. En Francia, cuando la fiesta nacional, hacen sardinadas, celebran verbenas y tiran fuegos artificiales. Cosas de un Estado que de tan ceremonioso causa burla en los burlones, acostumbrados a que las cosas marchen y puedan ellos quedarse en la cama con la seguridad de que la vida sigue. Una vida bella: que el Estado funcione para poder seguir criticándolo y, así, ir tirando sin perder coherencia. La cosa cambia en España, tierra de acomplejados. Para empezar,
2. La patria, a estas alturas, ya sólo logra ponernos los pelos de punta con las victorias deportivas. Así debe ser en una buena democracia: que funcionen las cosas sin sentimientos y que los sentimientos se dejen para el balón. Sólo el nacionalismo necesita ganar los campeonatos cada poco y alimentar su negocio con la asadurilla removida del personal. O, si acaso, se aprovecha un accidente y se hace piña de almas, como con los mineros chilenos: allí han rezado juntos y, cuando han salido a tierra, han cantado juntos el himno de la patria. Repóquer de sinrazón. Una democracia auténtica tendría que haber aplaudido a los ingenieros que inventaron los artilugios del rescate y lograron su eficaz funcionamiento. Pero la razón no da titulares ni suscita emociones y, por tanto, no es válida para una nación como Dios manda. La razón, el aguafiestas de las naciones.
Las honras a los muertos por la patria suelen tener aquiescencia general y contribuyen sin duda a la irritación vellosa
3. Las honras a los muertos por la patria suelen tener aquiescencia general y contribuyen sin duda a la irritación vellosa. Los abucheos a Zapatero han disgustado a muchos por haberse producido mientras las honras fúnebres. Las honras a los muertos por la patria se contemplan con semblante muy serio y gestos de hipócrita magnífico. Pero la defensa del rito, la defensa seria y racional, periodística, hace caer la caretilla y enseña las trazas de la pura banalidad, tan peligrosa cuando se desatan los sentimientos y se buscan culpables. Y la gente, en plena crisis, mira la pantalla, piensa en sus cosas y dice ¡pandilla de ladrones!, mientras paga en negro al fontanero con unas pocas risas.
4. La nación, se dice, suele fundarse en unas gentes que tienen ciertas afinidades por vecindad histórica. Pero las gentes, en la manada, tienden a arrasar: si no se hacen deportes o toros con que se dé vía de escape a tales ganas de arrasamiento, el vecino correrá serio peligro. De ahí las sanguinarias guerras civiles o las obsesiones de los pueblitos con las cosas propias del Estado al que quieren rehuir y, si pudieran, aniquilar. O, de ahí, como se ha visto con
*Miguel Ángel González Manjarrés es profesor de la Universidad de Valladolid.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
6 COMENTARIOS
6 .- #5 Me he dejado el XIX.
5 .- Es muy difícil crear nación sin referentes históricos modernos. Francia lo tiene bien, cuenta con la Revolución, la República y Napoleón. Alemania con su unificación, Bismarck y la caída del muro. España sin embargo lo que tiene son guerras civiles en el siglo XVII, XVIII y el XX y no sé encontrar referentes modernos.
4 .- #3
Efectivamente, sin Arias Cortina no hay democracia ni patria ni socialismo.
3 .- #1 Sin patria no hay democracia.
2 .- Dos artículos hoy sobre el mismo tema ¿Estará cambiando la línea editorial?
España se muere como señala el otro artículo del día sobre el tema, y a nadie le importa. Es más, muchos estarán felices por ello, pero no se dan cuenta en su ignorancia que cuando un país muere, otro, con su propio gobierno, viene a ocupar su lugar, y nada nos garantiza que ese futuro sea mejor que el actual.
Bueno, sin Zapatero cualquier cosa es mejor, pero sin España seremos moros, franceses o europeos. Esto último no sería malo si no fuera porque nada nos asegura que siendo apátridas en la Unión Europea nuestros intereses, incluso los particulares y personales, estarían mejor defendidos que los de holandeses o daneses.