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BIOGRAFÍA
Lorenzo Bernaldo de Quirós - 20/01/2010
La victoria de Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales del pasado domingo cierra el largo período de hegemonía política del centro izquierda chileno, simbolizado por la concertación, la coalición de socialistas y democristianos que ha gobernado Chile desde hace veinte años. De alguna manera los comicios han sido una demostración de la madurez democrática alcanzada por la república austral, que ha asumido sin traumas y en un clima de civismo ejemplar la alternancia en el poder. El centro-derecha no gobernaba Chile desde la victoria de Alessandri en 1958. En medio de una América Latina convulsa y con un horizonte cuajado de incertidumbre, Chile emerge como un país que ha logrado conjurar los dos males crónicos del Cono Sur: la inestabilidad política y económica, y la incapacidad de consolidar un modelo de capitalismo democrático; una lección y un ejemplo para el resto de los estados iberoamericanos.
El triunfo del centro-derecha supone la culminación de la transición a la democracia del país iberoamericano iniciada en 1990, la normalización del juego político entre dos fuerzas competitivas que aceptan las reglas del juego, el marco institucional vigente. Desde esta perspectiva, la vuelta de los liberal-conservadores al poder, después de una larga estancia en el purgatorio, supone la definitiva normalización política de un país que ha sabido conjurar sus demonios familiares, cerrar las heridas del pasado y aceptar el cambio, la legitimidad del adversario como los factores esenciales sobre los que ha de asentarse una convivencia democrática en paz y libertad. Los chilenos han logrado interiorizar su historia reciente y transformarla en un elemento de cohesión en vez de división.
Piñera ha ganado por el cansancio de los electores de una concertación agotada y sin ideas tras veinte años en el poder. Los intentos de identificar al centro-derecha con el pasado pinochetista no han tenido un impacto movilizador en un país en el que las jóvenes generaciones quieren mirar al futuro y han vivido la democracia desde su edad madura. Pero también porque ha logrado articular un discurso de “cambio tranquilo” que ha puesto fin al dominio de la izquierda sin generar tensiones. Desde esta óptica, la concertación ha muerto de éxito y, sobre todo, porque se apoderó de ella una fatiga reformista que comenzó a producirse en la Presidencia de Lagos y se ha acentuado en la de Bachelet.
Menos flexibilidad del mercado laboral
Aunque la gestión económica realizada por la concertación desde 1990 no alteró en lo sustancial el modelo legado por Pinochet y el cuadro macroeconómico de las últimas dos décadas es ejemplar si se compara con de de otros estados de la región, lo cierto es que los gobiernos social-cristianos introdujeron contrarreformas, por ejemplo en el mercado laboral, que redujeron su flexibilidad. También aumentaron la burocracia y el gasto público, incrementaron la interferencia del sector público en la actividad productiva y acentuaron las estrategias redistributivas. En el estudio Doing Business de 2009, elaborado por el Banco Mundial, y que evalúa el entorno tributario regulatorio, Chile cayó catorce puestos respecto al año 2008, y aunque todavía se encuentra entre los países con mayor libertad económica del mundo, ésta ha retrocedido de manera significativa desde 1990. Esto se ve reflejado en la caída de la productividad, que registró un paupérrimo aumento del 0,12 durante el mandato de Lagos y una caída de 2,7% en el de Bachelet.
En este contexto, la plataforma programática ofrecidas por Piñera constituye un retorno a las estrategias de disciplina macroeconómica, rebajas impositivas y liberalización económica que están en la raíz del éxito chileno y cuya aplicación se ha visto debilitada e incluso ha sufrido retrocesos en los últimos veinte años. El equipo del nuevo presidente está cuajado de liberales con una alta formación académica, con una profunda vocación reformista, convencidos de que el mantenimiento de las ganancias sociales y económicas obtenidas por Chile desde los años setenta del siglo pasado exigen avanzar y profundizar en las políticas liberales. El liberalismo chileno tiene una gran ventaja competitiva y es que Chile ha sido un laboratorio en el que se ha contrastado un hecho: la libertad económica eleva el bienestar de todos. Esa fue la causa del despegue chileno, del espectacular aumento del PIB per cápita y de la transformación del país en una de las economías más dinámicas del mundo durante las últimas décadas.
Desde la óptica iberoamericana, la profundización de Chile en su modelo de capitalismo democrático constituye un espejo en el que han de mirarse los demás estados de la región. Cuando la tentación populista se extiende por la antigua América española, la experiencia chilena y su éxito constituyen un ejemplo vivo y activo de que no existe ninguna maldición genética que impida a Iberoamérica formar parte del primer mundo, de ese espacio de democracia, libertad y prosperidad que es una aspiración y un proyecto para millones de personas en la región. Piñera y Chile son los contrapesos de Chávez y Venezuela, la demostración empírica de a dónde conducen las políticas liberales y de a dónde llevan los populismos demagógicos de una izquierda autoritaria. Ahora Piñera y su gobierno tienen la obligación de no defraudar las expectativas creadas.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- #1 Enhorabuena a todos los chilenos.
Por esa álternancia con limpieza en el poder y porque el debate previo, superado el pasado político de unos y otros, se haya centrado en los aspectos que interesan y preocupan a los chilenos.
Pero enhorabuena también, porque Chile, en la misma medida que Costa Rica, aunque este país sea mucho más pequeño e influyente, marcan una diferencia notable con respecto a todos los demás países, tanto de la América Central como la del Sur.
Y esa diferencia, en desarrollo social y económico [siendo este último mayor en Chile] debida a gobiernos de diferente signo en cualquiera de esos dos países, se debe a haber antepuesto la razón y la inteligencia a la demagogia política, al populismo y al adoctrinamiento barato y empobrecedor que otros países de su área siguen padeciendo.
Chile y Costa Rica han sabido adelantarse a los demás países de su área, renunciar a caudillismos revolucionarios que empobrecen países y tener una idea clara de que les conviene a todos y hacia donde ir.
Ojalá aprendiéramos de la lección que Chile nos da ahora.
1 .- Soy chilena y como tal no puedo más que llenarme de orgullo [ al igual que todos mis compatriotas]por la forma en que se desarrollaron las últimas elecciones en nuestro país. Felicito a Lorenzo Bernaldo de Quirós quien en un excelente columna resumió exactamente lo que cada chileno siente hoy.