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OPINIÓN
TRIBUNA ,  José Penalva

La argucia discursiva de Ángel Gabilondo

José Penalva - 02/03/2010

Este artículo forma parte de una serie sobre la cuestión educativa en España realizada por José Penalva, cuya primera entrega ya fue publicada por este diario bajo el título Los exámenes son cosas de derechas.

 

Es cierto que la mayoría de los ministros de Educación que ha ‘padecido’ España en las últimas décadas carecen de las nociones básicas sobre educación. También, que al actual ministro los pedagogos áulicos le pasan las cuartillas que debe memorizar para el telediario. Pero Ángel Gabilondo tiene una estrategia que le diferencia de sus predecesores. La argucia discursiva del actual ministro de Educación parece ser la de evitar el enfrentamiento con las tesis políticas de la derecha, de un lado, y a la vez seguir afirmando en su literalidad las tesis educativas de la logse-loe. ¿Cómo puede ser tal cosa posible? La respuesta es más sencilla de lo que parece.

 

A la hora de proponer una reforma educativa, hoy por hoy todos los políticos echan mano de los pedagogos. Por pedagogos, me refiero a los profesores de las Facultades de Educación, esos “expertos”. Por políticos, me refiero a todos los políticos, tanto sociatas y peperos, como nacionalistas y laicistas. Ahora bien, en el mundo de la pedagogía vigente en España no existe más religión que la Logse-Loe (y sus dogmas correlativos: constructivismo, enseñanza participativa y consensuada,…). Dicho en Román Paladino: dentro de la pedagogía española, el actual paradigma educativo (dominado por los principios de la Logse-Loe) aparece como intocable, incuestionable. Por tanto, no hace falta ser un lince de la metafísica para saber que si el Ministro predica tales principios, los peperos no lo podrán rebatir. Porque, ¿a dónde echarán mano los peperos a la hora de proponer una reforma alternativa si no a la misma pedagogía, con sus mismos principios pedagógicos dominantes?

 

¿Es exagerado decir que el 100% de los pedagogos siguen a los líderes áulicos? Yo creo que más del 90% de los pedagogos españoles de hoy en día no conoce más principio y religión que la dicha. ¿Y qué pasa con el restante 10%?, preguntarán ustedes. Pues que están mirando para otro lado, no vaya a ser que tengan problemas cuando el noventa-por-ciento se siente en el tribunal que juzgue su acceso al puesto de trabajo. De ese modo la auto-denominada pedagogía progresista ha configurado un sistema de producción de ideas “a prueba de revoluciones”. …y aquí paz y… angelitos al cielo. Por eso Ángel, el hermano del hermano, que no tiene un pelo de tonto, ha sabido dar con la tecla y elevarse a las alturas de la jerga pedagógica, y evitar el lenguaje de enfrentamiento (el lenguaje picapedrero pepeblanquiño, cuando era pepeblanquiño). ¿Para qué usar del marro si se les puede ganar en el terreno del lenguaje?

 

De este modo se entiende que el 19 enero de 2010 Gabilondo (hermano) afirmara que la educación no necesita “evaluaciones convencionales y memorísticas, sino más bien innovadoras”, y que el 1 de febrero dijera que “la autoridad del profesor crecerá con democracia y clases amenas, más participación y más proximidad con el alumno”. Traducido al Román Paladino, lo que el ministro quiere decir con esta última declaración es que existe un problema de falta de autoridad porque los profesores no saben aplicar los principios de la enseñanza consensuada, participativa, dialogante,… principios que profesa la teoría de la enseñanza constructivista, el gran dogma. En resumidas cuentas, para Ángel Gabilondo la respuesta a los problemas del sistema educativo es más Logse y más Loe. Y los peperos, a verlas venir y tragar.

 

Las declaraciones del ministro no hacen sino seguir al pie de la letra las creencias educativas de los padres de la reforma de 1990. En efecto, la “enseñanza dialogada y participativa” tipo Logse parte de la idea de la centralidad del niño en el proceso de enseñanza. La idea parece razonable, y, además, tiene importantes valedores en otros países. Pero el problema está en que, en la interpretación de los padres de la Logse, la primacía del niño (sustentada en una inocencia concebida en términos de “bondad natural”, semejante al mito del “buen salvaje”) adquiere un carácter beligerante contra la autoridad del profesor. Sirva como ejemplo estas palabras de Mariano Fernández Enguita (2002), otro de los padres de la Logse: «Para que la sociedad más amplia o la comunidad inmediata puedan decidir qué educación quieren es imprescindible que no puedan hacerlo en su lugar los profesores y profesoras. Las prerrogativas y competencias de los grupos profesionales son, en todo caso, límites u obstáculos a la democracia».

 

El profesor como causante de todos los males

 

Esa opinión no es rara avis en el corral pedagógico. Es una idea ya consolidada en buena parte de la pedagogía española la afirmación de que el fracaso escolar se debe a que el profesorado es autoritario (no participa en cauces democráticos), individualista (incapaz de trabajar en colaboración), inadaptado (incapaz de afrontar los nuevos cambios sociales) y sin creatividad para efectuar una enseñanza constructiva y significativa (Logse dixit). De ese modo, durante toda la década de 1990 el profesor de Enseñanzas Medias ha sido denostado por buena parte de pedagogos (pedagogos que no han estado en un colegio o un instituto en su vida, aparte de su escolarización). El profesor ha sido considerado como el culpable de todos los males del sistema educativo. La culpabilización del profesorado ha estado tan normalizada que se llega a utilizar un lenguaje manifiestamente frívolo y exento de respeto.

 

Ese es el trasfondo ideológico de la enseñanza cercana al alumno, de la democracia en las aulas y las clases amenas made-in-Logse que propone el Ministro. Y con ello seguimos sufriendo la consecuencia de una generación de pedagogos —los pedagogos áulicos— que vivieron su juventud viendo morir en la cama al caimán, y que en la década de 1980 —quizá envalentonados tras bailar sobre la tumba del caimán— veía al profesor de Enseñanzas Medias —especialmente a los Catedráticos de Instituto— como un reducto del autoritarismo de la dictadura. Así, el profesor se convirtió en el nuevo culpable de las desigualdades sociales y de la exclusión social. De ahí que, desde los inicios de la reforma, los pedagogos áulicos la hayan emprendido sin piedad contra la condición profesional del profesor, hasta dejarlo casi totalmente desprotegido hoy en día.

 

Y una vez vencido el flanco de la autoridad del profesor, ya era fácil para la pedagogía instaurar el reinado de la relatividad del conocimiento: las materias escolares —afirman desde el inicio de la reforma— son imposiciones culturales que anulan la individualidad del alumno; las Lenguas Clásicas son inútiles y no aportan nada valioso al alumno; la misma inutilidad se afirma de las Humanidades, de las que se dice que son un reducto del pasado eclesial de España y contrario al espíritu de la Ilustración y de la Ciencia moderna. Con otro par. Y de ahí devino el rechazo de algunas asignaturas, especialmente las humanísticas, que han sido arrinconadas sistemáticamente desde el inicio de la reforma: primero, las Lenguas Clásicas; luego, la Historia, y ahora estamos en el proceso de eliminación de la Filosofía, que no sólo de la Religión. Y de ahí derivó el principio psico-pedagógico de la adaptación a los niveles psicológicos del alumno: lo importante ya no es qué se enseña (conocimiento), sino cómo se enseña (didáctica). «En resumen —dice J. Delval en 1990—… Los problemas de la escuela no radican en lo que se enseña, sino en cómo se enseña, y mientras no se entienda esto todo esfuerzo de cambio será baldío. Creo que este es un punto fundamental si queremos cambiar algo en la educación.»  Y vaya si querían cambiar algo en la educación.

 

Todas esas creencias en torno a la educación fueron sintetizadas por los padres de la Logse, dando lugar al principio del “aprendizaje dialogado y participativo”, eso que hoy viene a afirmar en su declaración Ángel Gabilondo.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 17 COMENTARIOS

17 .- #15 Si la solución que les damos a los jóvenes es emigra de España, ya apaga y vámonos. Aunque la verdad, en muchos casos sólo se explica por auténtica devoción por tu tierra el que personas muy preparadas quieran quedarse donde nacieron, en donde les ofrecen trabajos y salarios que son un insulto para su formación.

toledano

16 .- #13 Lo de que el problema son los padres en muchas ocasiones es cierto, pero ¿de qué lado son los políticos que ...
- persiguen la familia tradicional?
- atacan los valores tradicionales?
- han convencido a muchos padres de que hay que ser "amigo" de los hijos y dejarles hacer lo que les dé la gana?
- han convencido a los padres de que educación sexual es únicamente darle al hijo un preservativo y que no se repriman en absoluto?
- han convertido en delito los cachetes?

LA Confidential

15 .- 14 Toledano. Comprendo la posible desmotivación de los chavales, viendo el porvenir que tienen actualmente. Pero su trabajo es estudiar y formarse, porque nadie conoce el futuro ¿no le parece? Si los mayores les damos la razón, pues apaga y vámonos. Le estorba a nadie tener una formación superior ó de formación profesional superior?. Habrá que tener esperanza de que la situación mejore. Y perfeccionar siempre idiomas, que son básicos en la sociedad actual.Si una persona preparada tiene problemas para conseguir un buen trabajo, qué no tendrá uno que no tenga ni un bachillerato? Por cierto, europa está cerca.

DelirantaRococo

14 .- #13 "La CEOE propone un nuevo contrato temporal para jóvenes sin coste de despido" con un salario máximo en SMI. ¿Esfuerzo para ésto?

toledano

13 .- Maravillosamente explicado, señor Penalva. Solo falta correlacionar ese desarme de la autoridad del profesorado con la renuncia a la autoridad paterna, para concluir que llevamos décadas vaciando de sentido trascendente la vida de nuestros hijos, y sustituyendo la cultura del esfuerzo, el meritaje y el tempo de maduración, por un carpe diem irresponsable y miope, que hacen individuos sin horizontes, con prisa por ser felices, pasto de la propaganda y las garras de gobiernos totalitarios, y que llevará a eXpaña a la confusión de ideales, a la multiculturalidad en compartimentos estancos y a una moderna Torre de Babel. Aquí cabemos todos, en un tiempo récord, y con muchos derechos propios [las obligaciones son de los demás].

Es decir, que llevamos décadas desandando un camino que llevó mucho trazar. !Ay, la revolución del proletariado!

observando

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