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José Luis González Quirós* - 16/02/2010
Una de las cargas más pesadas que ha debido soportar durante tiempo la autoconciencia de los españoles ha sido, precisamente, la de considerarnos un caso especial, y desgraciado, en la historia de las modernas naciones europeas. Un acierto de la transición, y del notable trabajo de los historiadores en ese período, fue que aprendiésemos a considerarnos como parte de un espacio de normalidad, a reconocer que las vacilaciones y errores de nuestra historia social y política también habían sido comunes en nuestro entorno. Vinieron después unos años de prosperidad en los que España pareció empezar una andadura ejemplar, pero fueron años breves tras los que se volvió al despeñadero de la memoria histórica e, inmediatamente, al fracaso económico.
Tal vez no sean rigurosamente indisolubles los empeños por desollar la conciencia del pasado y los errores de política económica, pero ahora forman un bloque berroqueño que supone que nuestro destino consista en soportar una conciencia inmaculada, y una pobreza secular. El caso es que, sea o no cierto el análisis precedente, hemos venido a dar en una situación en que, junto al ahondamiento de una división civil, política y territorial que bien podríamos haber abandonado para siempre, padecemos una crisis económica que se resiste inmisericorde a los exorcismos de un gobierno biempensante, sometido a un ataque agudo de verborrea e improvisación, y que trata los fenómenos económicos como si fueran maldiciones de un enemigo cruel y malévolo, envidioso de nuestra inocencia y rectitud moral.
De nuevo, pues, volvemos a añorar una cierta normalidad política que parece estarnos vedada. Querríamos ser como Alemania o Francia, países en que el gobierno (y la oposición) tienen claro que hay algo que está por encima de sus respectivas ensoñaciones ideológicas, a saber, el interés de la nación. Estas gentes de allende el Pirineo son capaces de olvidarse de sus diferencias cuando se insinúa un enemigo común, mientras que nosotros permanecemos fieles a nuestras esencias mientras el paro, la destrucción, la descomposición social y el hambre avanzan.
Partir de la realidad
Ante una situación como ésta, caben básicamente dos actitudes. La primera de ellas, típicamente española, es la de hacer una objeción a la totalidad: condenar el sistema, lamentar nuestro sino, y echarse a llorar. No seré yo quien niegue que el sistema tenga defectos, los tiene, y no son pequeños; pero, para tratar de arreglarlos, hay que partir de la realidad, no de las ensoñaciones, de donde estamos, no de donde nos gustaría estar.
Hay otra actitud que me parece más inteligente. Hay que preguntarse, en primer lugar, quién es el primer responsable de lo que pasa, averiguar, como dice Vargas Llosa, “cuándo comenzó a joderse el Perú”. No hay que saberlo por espíritu de venganza, sino por sentido común, porque allí dónde se tomó el mal camino hay que empezar a desandarlo, y si el que cogió el estandarte e indicó el rumbo no rectifica, ya sabemos lo que hay que hacer con él. Traduciendo todo esto a la peripecia política, lo que quiere decir es que hay que exigir de Zapatero una rectificación en toda regla, lo que debería traducirse, necesariamente, en una de estas opciones: la dimisión del jefe de gobierno, la convocatoria de elecciones, o la formación de un gobierno nuevo mediante el pacto político de los partidos o la moción de censura constructiva.
Muchos pensarán que nada de esto va a hacerse y que en eso consiste precisamente el defecto del sistema, en que no deja salidas frente a situaciones de excepción. Pero se equivocan: sí que hay salidas, lo que ocurre es que el interés miope del gobierno y de su presidente, trata de resistir como pueda a ver si, de manera milagrosa, las cosas se arreglan o se lleva las culpas cualquiera que pase por allí. La principal responsabilidad está en las filas del PSOE que son las que pueden impulsar a Zapatero a hacer aquello que no quiere hacer. Es posible que no lo consigan, pero deberán tener muy claro que el precio que pagarán será muy alto, un país que no les perdonará por mucho tiempo, ni su ceguera, ni su egoísmo.
Quienes traten de negar que la situación sea de excepción deberían tener por suficientes una serie objetiva de datos: el crecimiento imparable del desempleo, la parálisis económica, el déficit y el crecimiento de la deuda, la inquietud de nuestros socios europeos por nuestro caso, la actitud del Rey, tal vez inequívoca, pero chapuceramente ejecutada, la desesperanza de los ciudadanos y su rechazo de las razones y querellas de los políticos, etc.
Nuestra anomalía consiste, únicamente, en haber elegido políticos mediocres, en habernos dejado seducir por malas razones, en haber creído en que podríamos seguir atando los perros con longaniza. Ya sabemos que no es así. No incurramos en arbitrismos, en milagrerías. Hay que exigir a los políticos que cumplan con su deber hacia España, hacia nosotros. Sabemos cómo hacerlo, porque no podrán engañar a todos para siempre.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
63 COMENTARIOS
63 .- Hay que democratizar de una vez España, tarea pendiente... y seleccionar mucho mejor a los politicos... y hace falta unidad y cohesión, estar unidos en lo fundamental: todos! Sin fisuras. Se quiera o no. A fortiori. Es absurdo estar peleando mientras España se hunde, es de subnormales profundos. ¿lo somos?
62 .- No es verdad que elijamos políticos mediocres, porque, sencillamente, es sistema político que ellos mismos se han otorgado no lo permite. No es posible elegir a lo políticos ya que ellos se eligen entre sí. Lo único que podemos elegir es el partido, del resto carecemos del más mínimo control.
Tenemos entonces políticos mediocres, de eso no cabe ninguna duda, fruto del sistema político que ellos mismos han creado, la partitocracia. Un sistema post-franquista en el que ha habido un reparto del poder entre facciones políticas, pero nunca democracia.
61 .- #31
Le respondo a usted y de paso a Mr. Agudo ya que, de alguna manera, ambos coinciden en mi sectarismo e ignorancia hístórica. Bien, voy a pasar por alto a los mercenarios marroquies de Franco, a los 100.000 hijos de San Mussolini y a Legión Condor, y hasta los besos de Salazar. También voy a pasar por alto el pedigrí social de los oficiales. Y quedarme con el mapa de España según el resultado de las elecciones del 36. Y con un adjetivo muy querido por Calvo Sotelo, el del Bloque Nacionalista, que con tanto cariño se aplica a Zapatero: INANE. ¡Sabré lo que es fascismo!
60 .- Bien por su columna pero ,los españoles de a pie no podemos hacer nada solo esperar a que las armas vuelvan a las calles y pongamos a esos tipejos bajo tierra ...
59 .- Desde luego, uno de los principales problemas que tiene el país es la más que mediocre clase política que padecemos el pueblo español. Empezando por el mediocre "curriculum vitae" de nuestr Presidente, queaparte de la política no se le reconoce ningún trabajo en la empresa privada o pública, no sabiendo ningún idioma, lo que hace que enlas reuniones internacionales se encuentre más solo que la una, y terminando por la neasta Constitución de los Reinos de Taifas que nos dimos, pues hace que no tenga futuro nuestro país. La vrdad, es que si fuera joven, trataría de emigrar a naciones consoidadas como Alemania, Francia, Holanda, Dinamarca, etc...
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