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TRIBUNA
Afganistán, Hamid Karzai, talibanes, elecciones, guerra
@José María Robles Fraga* - 12/10/2009
Se acaban de cumplir ocho años de la intervención internacional en Afganistán y este conflicto olvidado sigue mandándonos muertos envueltos en nuestras banderas sin que nadie parezca, de Washigton a Londres, Paris, Berlin o Madrid, saber a ciencia cierta qué hay que hacer para salir bien de este empeño. Esta larga guerra pareció además desaparecer en algun momento del radar de los políticos y de la atención de los medios incluso antes de que la atención occidental de desviara hacia Iraq, como si en 2002 hubiesemos acabado con los talibanes y solo quedase esperar entonces un golpe de suerte y la detención o la muerte de Bin Laden. Pero, para desgracia nuestra, ni los talibanes habían desaparecido ni habían sido derrotados, sencillamente se habían escondido en Pakistán y se habían llevado con ellos a Bin Laden y Al Qaeda.
Sólo logramos, por una mezcla letal de desinterés y malas decisiones, agravar y retardar la reaparición de la amenaza talibán y, con ella, la de un Estado afgano que pudiera servir de base otra vez a Al Qaeda, y de paso desestabilizar a Pakistán, que, por si lo hubiesemos olvidado, es el único Estado musulmán con la bomba atómica. Los errores de la comunidad internacional, la mala voluntad de sus vecinos y la complejidad misma de una sociedad tribal en guerra desde la invasión soviética, han conseguido que sigamos en 2009 preguntándonos todavía cómo arreglar una guerra que se nos esta yendo de las manos y que nuestras opiniones públicas entienden cada vez peor.
Los talibanes fueron expulsados de Kabul sin poner un soldado americano o europeo en el suelo afgano, comprando y financiando a caudillos de la guerra y dejando escapar a Bin Laden y a sus lugartenientes principales hacia las zonas fronterizas de Pakistán. Eso es lo que conseguimos por intentar ganar esa guerra con el menor gasto y coste posible. Cuando, mucho más tarde, la coalicion internacional empezó a entrar en las zonas pashtunes del suroeste, nos encontramos con la sorpresa de que en esos años de vacío, desinterés y ausencia, casi un tercio del pais había acabado bajo el control de los grupos taliban o sus aliados y que cada ofensiva occidental producia el efecto de hacerlos aparecer en lugares hasta ese momento pacíficos, como por ejemplo la Provincia de Bagdhis, que es donde están los soldados españoles.
Los talibanes en fuga de 2002 acabaron así por trasformarse en una insurgencia extendida en gran parte del país y reforzada desde sus bases en la frontera paquistaní, capaz quizás no de derrotar a nuestras fuerzas, pero sí de hacernos mucho daño e impedir cualquier esfuerzo de desarrollo, estabilidad y seguridad.
Para entender lo que pasa, en medio de la niebla y el caos del combate, hay que empezar por el principio, por lo más básico, que es recordar para qué estamos allí, esto es, las razones por las que mueren nuestros soldados en un lugar tan alejado y extraño para nosotros, uno de los pocos por los que nunca pasó español alguno en la historia. La discusión sobre si se trata de una guerra o una mision de amor y buenas intenciones es sencillamente ridícula, y casi macabra, en medio del funeral del último de los soldados de España que ha dado su vida por la patria.
La discusión sobre si se trata de una guerra o una misión de amor y buenas intenciones es ridícula, y casi macabra en medio del funeral del ultimo de los soldados de España que ha dado su vida por la patria
Estamos en los montes y llanuras de Herat, Bagdis y Kabul para impedir que Afganistan pueda volver a ser utilizado contra nosotros y nuestros aliados como base del terrorismo islamista y como sede de una organización terrorista mundial que nos atacó ya una vez y que ha seguido intentándolo una y otra vez desde las bombas de Atocha en 2004. Para eso estamos en Afganistán y por eso arriesgan alli sus vidas los nuestros. Todo lo demas, la reconstruccion, el desarollo, la gobernación etc,etc... es importante, sin duda, pero no lo primero ni lo más relevante.
Podríamos también de paso pedir que se hablase de Afganistán y de lo que España puede hacer allí en sus justos terminos, tratando de explicar en un imprescindible esfuerzo didáctico a nuestros ciudadanos lo que hacemos y, también, lo que hacen nuestros aliados, si queremos que los españoles nos apoyen en un esfuerzo costoso y arriesgado como pocos. Parece a veces, al escuchar algunos debates y comentarios, como si los españoles estuviesen aislados en Afganistán afrontando un enemigo misterioso del que no se supiese nada, solos ante el peligro en nuestras trincheras afganas y sin pertenecer a coalicion internacional alguna, como si España y los demás europeos pudiesen siquiera actuar por su cuenta y riesgo y luchar en orden separado contra los enemigos talibanes. Siempre me ha maravillado mucho que, y sirva esto de ejemplo de esa opacidad generalizada, siga sin haber medios españoles permanentes en la zona, salvando el despliegue modestísimo de EFE y la presencia de algunos enviados especiales que tratan de cubrir esa enorme region yendo de un país a otro.
¿Qué falta, pues, por hacer o qué debemos hacer que no estamos haciendo? Pues sencillamente empezar otra vez por el principio y saber cuál es el sentido de esta guerra y cuáles son por tanto sus objetivos finales que es lo mismo que decir qué es lo que significa la palabra victoria para nosotros. No le tocará a España definir los términos de l a victoria y tampoco, ya puestos, a Europa, sobre todo si siguen sus gobiernos empeñados en no tener una comun politica en Afganistan y, por tanto, en no pesar como debemos en el debate estratégico sobre Afganistán y Pakistán, que en estos momentos se decide en Washington; pero sí en cambio podremos acelerar la victoria frente a los enemigos talibán en nuestras zonas de actuación y mejorar la situación de seguridad de las poblaciones a nuestro cargo.
Contener la ofensiva talibán
Hay que contener la ofensiva talibán en Herat y Baghdis, ahora que se acerca el invierno y se paralizarán las incursiones enemigas, y todavía tenemos una oportunidad de preparar mejor a nuestros soldados para los combates de la primavera, que seran sin duda más duros aún. Para ganar hay pues que frenar primero la expansion talibán y hacerlo formando más y mejores unidades afganas, mientras dotamos a nuestros soldados de los mejores blindados, aviones, helicópteros y de la mejor información posible. Todo retraso burocrático en esa mejora material sería, a estas alturas, sencillamente inaceptable en el escenario afgano, por no decir otra cosa.
Lo segundo, y no menos importante, es olvidarse de la discusion nominal sobre la naturaleza de la misión y del conflicto que sólo sirve para no hablar de lo fundamental que son las misiones y las reglas de enfrentamiento de nuestras tropas. No tiene ningún sentido que estando, por ejemplo, con los italianos en la zona de Herat, seamos incapaces de acordar con ellos misiones y normas comunes que multiplicarían, no me cabe duda, la utilidad y efectividad militar de italianos y españoles. Parece lógico que si entramos juntos y saldremos juntos de Afganistán, peleemos juntos mientras estemos allí.
En fin, que ha llegado el momento de tomarse esta guerra en serio, que no es ni Vietnam ni Iraq, aunque haya perogrullos que se diviertan con esas comparaciones. Afganistán es el escenario de guerra más complejo y duro posible, y en el que se puede todavía perder si no hacemos nuestros deberes bien y no sabemos que lo que nos estamos jugando es nada más y nada menos que la seguridad misma de nuestras ciudades y de nuestros hogares. Nos toca pasar por una acelerada cura de realidad afgana, tan acelerada casi como la de nuestros dirigentes. Esta por desgracia no es ya una guerra virtual o un conflicto lejano que podemos ignorar, sino una crisis muy real en la que nos jugamos mucho más que las buenas intenciones de nuestros gobiernos.
*José María Robles Fraga es diplómatico, ex embajador español en Pakistán.
Opiniones de los lectores (4)
4.
manoto»12/10/2009, 14:09 h.
Totalmente de acuerdo con su ultimo parrafo en donde queda muy claro lo mucho que nos queda por hacer al pueblo español,en su conjunto y representado principalmente por los dos grandes partidos Psoe,en el gobierno y PP tratando de saber "exactamente" donde estan sus heridas del Gurtel.
pero,pero,pero es de verguenza ajena ver en el Gato a un diplomatico español discutir y ponerse a la altura ¿intelectual? de un tal Neira.
3.
fireman»12/10/2009, 12:40 h.
"Plataforma para que concedan el Nobel de la Paz a George Bush". Si Obama lo tiene con su guerra afgana, ¿por qué no Bush que tuvo su guerra iraquí?
2.
duende»12/10/2009, 10:12 h.
¿Empezar otra vez y volver al principio? En ese caso deberiamos reconocer que nunca habriamos sufrido ataques islamistas si no hubiesemos entrado en la guerra de G.W Bush para derrotar un gobernante incómodo, y nunca hubieramos sufrido ataques islamistas si no hubiesemos seguido cómo perros de compañia la otra guerra de venganza Norte Americano contra un enemigo inventado. Recuerden se, en los ataques de 11 Septiembre no hubo NINGUN AFGANO si no muchos Saudís.
¿Que raro no? Nos venden la muerte como unica respuesta a una amenaza creado por nosotros mismos. Nos siguen matando y gracias a la 'cooperacion' internacional los españoles también ahora somos los enemigos de un pueblo que solo quiere sacar de su territorio los invasores.
Nos siguen vendiendo la guerra cómo unico remedio contra la inseguridad, el terrorismo y el islamismo, cosas que no han surgido de la nada, si no como resultado de la 'cooperacion' internacional. Afganistan y toda la region del Caspio tiene una importancia estrategica energetica que no tiene parangon, ni nada que ver con enemigos misteriosos que actualmente están ganando contra la mayor potencia del mundo.
1.
pedrita»12/10/2009, 09:44 h.
Pero no podemos tomarnos esta guerra en serio, si nuestro gobiernos nos engaña y dice que vamos en misión de paz...Una guerra, no es una misión d epaz...que yo sepa, y tanto los militares como sus familias deben saber a lo que se enfretan...Porque aunque ser militar es una profesión, la cual admiro y respeto mucho, hay gente que se cree que formar parte del ejercito ofrece la posibilidad de aventura, amistad, ideales, formación y una carrera remunerada, pero no se dan cuenta que también ponen en juego sus vidas para servir a su país
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