Javier Ybarra Ybarra*.- 04/02/2011
Si no fuese porque en las revueltas de Egipto acaban de irrumpir los presuntos mercenarios del poder para plantar cara a los jóvenes que las inauguraron, podría decirse que los métodos de las viejas revoluciones -donde era impensable que los partidos más moderados y cuerdos pudieran dominar a los elementos más extremistas- han dejado de existir.
Las viejas revoluciones debían manifestarse en toda su crudeza hasta el final, agotando su elemento de rabia violenta antes de sucumbir a la derrota. Esta era la Ley de la Revolución y éste el pensamiento de De Maistre: “La voluntad de la Providencia obra siempre de una manera oculta y misteriosa en todas las revoluciones”. Hoy, los dos grandes herederos de la Revolución Industrial del XIX, Internet y el móvil, han logrado que todo sea diferente.
Tras el éxito relativo de las revueltas en la margen izquierda del Nilo, da la impresión de que las creencias dominantes -islamistas y laicas- han cedido su protagonismo a las “políticas competitivas” capaces de sacar al país de la pobreza. Las apelaciones a izquierdas y derechas son ya un asunto del pasado. La Red y la telefonía móvil han despolitizado a la juventud.
Resulta curioso que a Mubarak vayan a derrotarlo las fuerzas de la competitividad, los precios elevados y el paro, algo parecido a lo que va a ocurrir con el destino de nuestro presidente
Hasta ahora habíamos creído que la sociedad no es plástica y que su forma no puede cambiarse en un instante. Sin embargo, la potencia con la que las nuevas tecnologías han irrumpido entre la juventud ha hecho que se obre el milagro del cambio repentino y que todo exista para acabar siendo un libro mucho antes de lo previsto.
Aquella definición que, el 19 de noviembre de 1961, escribiera Jean Daniel en el primer número de Le Nouvel Observateur -“la izquierda es una patria. Se es de ella o no se es. Eso es todo”- ha dado paso a esta otra que el genial periodista pronunció años después: “Si hoy me pidiesen una definición más acorde con el capitalismo y con las fuerzas del mercado, diría que un hombre de izquierdas es aquel para el que los valores de solidaridad están siempre por encima de la competitividad”. Resulta curioso que a Mubarak vayan a derrotarlo las fuerzas de la competitividad, los precios elevados y el paro, algo parecido a lo que va a ocurrir con el destino de nuestro presidente.
La crisis económica que afecta sobre todo a los jóvenes del mundo árabe ha dejado en el olvido las viejas luchas doctrinarias. Dice Bertrand Russell que “en los siglos XVI y XVII las guerras entre católicos y protestantes inundaron Europa, pero la victoria final no correspondió a ninguna de las dos partes, sino a aquellos que juzgaron que semejantes disputas carecían de importancia”.
Jonatham Swift, autor de Los Viajes de Gulliver, satirizó el conflicto como guerras de gigantes y enanos. “Si el mundo”, dice Russell, “se dividiera entre comunistas y fascistas, la victoria final sería de aquellos que se encojen de hombros y dicen: todo eso está muy bien, pero comprenderás que debo seguir cultivando mi jardín”. El límite último del poder de las doctrinas está hoy marcado por el tedio, la pereza y el deseo de tranquilidad.
*Javier Ybarra es autor del libro 'Nosotros, los Ybarra'.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
3 COMENTARIOS
3 .- Con la que está cayendo y aquí todo el mundo quieto-parado. Qué queda de esa raza que un día conquistó el mundo? cómo se puede consentir que nuestras vidas sean controlados por unos golfos politicastros?
una revolución norteafricana en Espana?
2 .- Maravilloso contraluz entre las ideologías y la realidad, el cultivar el jardín. Puede que estemos ante un precipitado de sentido común y que la Humanidad tenga una temporada de tranquila sensatez. Desde ella, ser exigente en el hoy, ahora, y no hipotecar de nuevo el presente para un futuro mejor.
1 .- Resumen de su artículo: Ni si ni no sino todo lo contrario, ni chicha ni llimonà.