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OPINIÓN
TRIBUNA ,  

La tentación del pesimismo

José Luis González Quirós*.-  26/04/2011

Las dos últimas legislaturas de la democracia no han supuesto un balance nítidamente positivo, por decirlo de manera suave. Más allá de las discusiones sobre las causas, parece evidente que nuestra situación global es peor que hace ocho años. El desempleo ha alcanzado cifras insoportables, especialmente entre los jóvenes, y, lo que seguramente es peor,  sin que se vislumbre ninguna expectativa de empleo para ellos, por lo que estamos asistiendo a una auténtica ola emigratoria de profesionales bien preparados. La sensación de que la crisis económica va a ir para largo y que sus consecuencias no tienen remedio a corto plazo se ha instalado entre nosotros como una evidencia  incontestable.

La rivalidad territorial ha aumentado y la cohesión ha disminuido; el independentismo aumenta en Cataluña, y la sensación de que en Andalucía se dilapida el dinero de todos no deja de crecer. Han surgido nuevos partidos regionalistas, como el de Álvarez Cascos. Las listas electorales del PSOE y el PP parece que van a estar trufadas de personas con problemas judiciales, pese a lo remolonamente que la Justicia entra a ver lo que pasa en la casa de los partidos, lo que nos obliga a reconocer que la corrupción ha vuelto por donde solía, y más. El clima político es casi irrespirable, y han desaparecido hasta las mínimas apariencias de consenso y de sentido del Estado. El comportamiento de los políticos y la funcionalidad del sistema empiezan a ser percibidos por un número creciente de españoles como un problema muy grave.

Cuesta trabajo reconocer un aspecto que haya mejorado, aunque sea mínimamente, y hay evidencia de que eso no ha pasado ni en las universidades, ni en la educación, ni en la Justicia, asuntos medulares que continúan a la buena de Dios y sin que parezca haber esperanza alguna de mejora, ni a medio, ni a largo plazo. Y lo peor, tal vez, es que sean mayoría los españoles que sienten el futuro como una negra amenaza, de manera que es obligado reconocer que el pesimismo se ha vuelto a instalar en nuestros corazones.

Una vieja costumbre española

Empieza a ser imprescindible que quienes no creemos ya en los Reyes Magos exijamos a los políticos que nos traten como si fuéramos adultos razonables, para poder dejar atrás, de una vez por todas, la tentación del pesimismo

Pues bien, aunque parezca que el pesimismo es la consecuencia de un estado de cosas, se trata, en realidad, de una vieja costumbre española. El libro de Rafael Núñez Florencio, El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, publicado hace unos meses, analiza con minuciosidad y rigor este rasgo tan habitual de nuestro estado de ánimo en el último siglo, aunque sus raíces estén, en hábitos culturales más veteranos. Hay dos cualidades de este pesimismo que no ayudan en nada a que las cosas mejoren: la primera es que el pesimismo favorece su propio éxito como profecía  que se autocumple, en la terminología de Merton, y la segunda es que el pesimismo, que se extiende tanto por la derecha como por la izquierda, por emplear los términos convencionales, no contribuye en nada a que podamos analizar con cuidado las causas de nuestros males, ni a que tengamos la paciencia necesaria para ponerles remedio razonable.

Nos puede la exageración, de manera que la izquierda tiende a reformar las cosas a palos, que según ha escrito Peces Barba, en un artículo reciente, es el único lenguaje que algunos entienden, y la derecha a declararse incapaz de mover un ápice el estado lastimoso de nuestra cultura política, a dar por perdidas algunas batallas antes siquiera de empezarlas.

Nos enfrentamos a unas elecciones decisivas con un largo prólogo en las municipales del mes que viene. Me parece que los políticos incurrirán en una irresponsabilidad difícil de perdonar si no se atreven a ponerse sus galas más atractivas y a ofrecer a los españoles un panorama esperanzador. Cada uno a su manera, naturalmente, porque hay un  peligro muy cierto en que el disimulo se imponga, en que las propuestas sean calcadas, y, por tanto, demagógicas, de manera que ello obligue a que el elector tenga que acudir, como único argumento para tomar su decisión, al fondo de rencor que sienta hacia el adversario, a dejarse llevar por el esos dos minutos de odio que se administraban a todos en el universo totalitario de 1984, la utopía negativa de Orwell.

Sería ideal que los partidos aprendiesen a hacer una pedagogía política eficaz, en la que el insulto al contrario debería estar rigurosamente prohibido, pero seguramente éste sea un deseo  bastante cándido. De todas maneras, me consuelo pensando que van a ser muchos los que se den cuenta de que si los partidos no tiene nada ilusionante que proponer es porque consideran que sus electores son como animalillos mecánicos a los que hay que enviar, únicamente, impulsos muy elementales, porque creen que los listos están en política para vivir a costa de los tontos que les votan. Lo peor de esta actitud es que favorece su éxito, de manera que empieza a ser imprescindible que quienes no creemos ya en los Reyes Magos exijamos a los políticos que nos traten como si fuéramos adultos razonables, para poder dejar atrás, de una vez por todas, la tentación del pesimismo.

*José Luis González Quirós es analista político

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 9 COMENTARIOS

9 .- Políticos, jueces, y financieros corruptos a la carcel, YA !
Rebelión !

garra8

26/04/2011, 21:10 h.

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8 .- Sr Quiros, las cosas son como son y no hay que darle mas vueltas...Este pais es el número uno de la champions...en paro,en bajas pensiones, en educación, en trabajo mileurista, en bienestar, etc. Son evidencias...Y por qué??? Tenemos dos partidos que son la prolongación de los dos que se enfrentaron en la guerra, más o menos....Unos ofreciendo lo que no tenemos y otros...qué le diría yo...., de otro siglo.

Pervierten la democracia, ofrecen, no lo que necesita el pais, si no lo que les asegura su poltrona....La corrupción EXPLICITA ya se acepta a nivel institucional y va a las elecciones...El Estado es un desmadre, la Administración.....Les sugiero una cosa....Empecemos de CERO, pero en serio....Lo que no funcione, a la basura....Implantemos una nueva mentalidad en la gente.."El Estado no garantiza NADA [como casi ya es..], el que no mueva el culo, allá el.., sin subvenciones.." Falta una revisión pendiente, pero es que afecta a casi TODO......No nos extrañemos que no tengamos ningún atractivo para los vascos, catalanes, etc. Yo soy de Segovia y es que no veo ninguna.....Y mis hijos, ya en el extranjero...Eso es lo que hay. Y mientras tanto, LA CORRUPCION, de elecciones.....

ibn gabirol

26/04/2011, 19:27 h.

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7 .- #5 Buen comentario.
La solucion rapida y clara aunque nada sencilla: Cambio de Constitucion.
Solo con esto se arreglarian la mayoria de nuestros problemas. Ahora bien ¿quien le pone el cascabel al gato si todos son gatos?. Sera verdad que España esta historicamente pendiente de una revolucion.Cambio de Constitucion

slocum

26/04/2011, 18:04 h.

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6 .- Comenta el articulista que nuestro pesimismo viene de principios del XX, aunque yo creo que hay que remontarse mucho más atrás.
No obstante, viendo la realidad de los acontecimientos que son y han sido, dicho pesimismo es y era, razonable.
El pueblo español -mal que le pese a algunos- no tiene un pelo de tonto y suele ver venir el desastre, cuya confirmación nos lleva al escepticismo, al individualismo y al sálvese-quien-pueda.
De la ilusión generalizada de la época de la Transición, desgraciadamente ya no queda nada. Por lo que o vamos a una segunda transición en la que vistos los males de la primera, los corrijamos radicalmente o el sálvese-quien-pueda, el individualismo y el escepticismo nos traerá otra Dictadura.
Cosa que no se ha producido ya, meramente porque el "entorno" internacional no lo hacía viable. Sin embargo, una Dictadura no tiene porqué ser como las habidas en el XX, como el propio Orwell anticipaba. De hecho, algunas de las características de 1984 ya se dan aquí y ahora en España.
La desesperanza que se palpa en estos foros indica que nos sentimos como ratitas en una trampa de la que no sabemos salir por mucho que corramos arriba y abajo buscando la salida.

Hernan Cortes

26/04/2011, 17:50 h.

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5 .- Buen artículo Sr. Quirós,

Tenemos sectores exitosos, dinámicos en nuestra sociedad y economía. Una parte de la fustración procede justo del desajuste entre realidad como la transmiten los partidos y como la perciben buena parte de los ciudadanos.

El pesimismo tiene aquí una sorprendente buena prensa. La generación del '98 que tanto contribuyó literariamente no fue precisamente lo mejor para proponer remedios al fatalismo y plantear medios de avance. Más economistas en la reflexión post-98 nos habría sido mejor.

Esta crísis es una gran oportunidad para plantearnos qué venimos haciendo y qué podemos aprender del modo en que hemos intentado hacer las cosas estos últimos 35 años. Qué hicimos bién, qué mal. Es la oportunidad de cambiar para lanzarnos a por el XXI con entusiasmo, reformas mediante. Mi personal conclusión es que ha llegado la hora de menos autoritarismo, menos intervencionismo, menos miedo al futuro y más confianza en nosotros mismos.

Atte.
JGM

Joaquin Gomez Moya

26/04/2011, 17:38 h.

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