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OPINIÓN
TRIBUNA ,  

La juventud y la política: pasotas y comprometidos

Jorge Moruno Danzi*.-  19/03/2011

Cuando queremos medir la calidad democrática de nuestras sociedades en general y de España en particular, se suele tomar como referencia –entre otros-, el índice de participación en unas elecciones. Por lo tanto, si deseamos conocer el grado de compromiso que mantiene la juventud española en relación a la política con mayúsculas, los índices de votación, vendrían a hacer de vara de medir.

Sobre esta premisa se basan todos análisis institucionales y estudios propios de la corriente principal –mainstream-, pero ¿son del todo ciertos?, ¿son suficientes para conocer el nivel de politización de la juventud? Existe una multiplicidad de cuestiones, que exceden un marco analítico que trata los hechos como si de un mecanismo funcional, en ausencia de modificaciones se tratara.

Maquiavelo, padre de la política moderna, ofrece entre sus grandes aportaciones, la consideración del conflicto como una parte intrínseca del propio desarrollo político y no como algo anecdótico. Un conflicto, que la ciencia política más al uso ha creído saber desterrar, gracias a la gestión institucional, a su canalización a través de medios claramente identificables y reflejados en las constituciones y regímenes políticos en vigor. En consecuencia, la relación entre participación política y ciudadanía, de interacción democrática, viene únicamente definida por los cauces institucionales que contiene el marco constitucional. Desde esta perspectiva, se niega toda capacidad de cambio histórico y se asimila una perfecta combinación y equilibrio constitución formal y constitución material, que además tiene un carácter perenne en el tiempo.

Un discurso retórico

El binomio jóvenes-voto, como sinónimo del interés por la política, no tiene ningún fundamento que no sea puramente retórico. Pueden darse casos en los que una persona acuda a votar, pero no por ello, significa que se interese por la realidad política; más allá del trámite de diez minutos que lleva depositar la papeleta. Al contrario también puede ocurrir; jóvenes que no participan en las elecciones pero que mantienen una efervescente actividad política o social en el transcurso de su vida cotidiana.

¿Son necesariamente pasotas los jóvenes que no votan y comprometidos los que sí lo hacen? Ninguna de las dos opciones guarda una conclusión determinista y además no son incompatibles entre sí. Es entonces, cuando debemos ampliar nuestro foco de estudio e incluir otras formas de expresión política, más allá de la oficial, que a menudo son denostadas como una política del abismo, fuente de anomia y caos. La llamada política contenciosa, es decir, la política que actúa desde los márgenes de la oficialidad y excede el marco institucional, viene a ser cada vez más central, en una época de creciente desafección hacia la política representativa.

Tanto es así, que en el último informe sobre el estado de la democracia en Catalunya, se han incluido estudios que abarcan formas no oficiales de hacer política, con la intención de comprender la actualidad de los tiempos que corren.

Muchos jóvenes no participan en las elecciones, pero mantienen una efervescente actividad política o social en el transcurso de su vida cotidiana. El binomio jóvenes-voto, como sinónimo del interés por la política, no tiene ningún fundamento que no sea puramente retórico

Los niveles de disruptividad –de ruptura con la normalidad-, en los distintos casos estudiados, arrojan indicadores para nada despreciables si realmente se quiere comprender la actividad política de los jóvenes y la población en general. Ejemplos como el movimiento universitario contra el llamado Plan Bolonia, o el movimiento por una vivienda digna, desmienten en gran medida, el pasotismo de una juventud hundida en el botellón y el ocio en general.

La creación pasajera de instituciones que cuentan con un nomos -normas- propio, en la manera de gestionar las decisiones políticas, se encuentra en las antípodas de un rechazo en la participación de las cuestiones comunes, de la política. Algo muy distinto de la lectura hecha desde las instituciones, puesto que, se acerca más al rechazo de una forma concreta de entender la política, que a la política en sí misma. El ejemplo tunecino o el  egipcio, vienen a cristalizar la magnitud de la política contenciosa y la influencia en la realidad de altos niveles de disruptividad; pero no es una particularidad del mundo árabe.

Rechazo institucional

En Grecia, los niveles de desafección hacia la política representativa nunca han sido tan altos, lo que no impide que la politización entre los jóvenes haya crecido desmesuradamente casi de manera paralela al rechazo institucional.

Hace unos días, miles de jóvenes portugueses salieron a la calle bajo el lema “generación en apuros”, sin el apoyo de los partidos, y cuando así sucede, el partido tiene que adaptarse a las formas de la política de movimiento y no al revés. Este mismo periódico, se hacía eco de una campaña lanzada en las redes sociales por una asociación universitaria de la Complutense, llamada Contrapoder, que camina en la misma línea discursiva que la de los portugueses: “No vas a encontrar trabajo fijo en la puta vida. Sin curro, sin casa, sin pensión: no hay futuro para la generación precaria”.

Estas y otras campañas, como la prevista en España para el 15 de mayo, que abogan por “una democracia real ya”, cuentan ya, con más de 6.500 asistencias confirmadas en Facebook. Una idea que no se limita al caso español, como demuestra el movimiento violeta en Italia o la reciente la campaña inglesa donde todo un conjunto de entidades llaman a la movilización en Londres para el día 26 de marzo.

Sin duda, las redes sociales de internet facilitan y sirven de multiplicador de la difusión de las demandas y aun no siendo la causa de ninguna movilización, si que pueden entenderse como un síntoma de la insuficiencia democrática de los actuales cauces instaurados. A fin de cuentas, la imposibilidad de erradicar el antagonismo, es algo que Maquiavelo ya atisbó cuando escribe sus discursos sobre la obra de Tito Livio: “Toda ciudad debe arbitrar vías por donde el pueblo pueda desfogar su ambición, sobre todo las ciudades que quieran valerse del pueblo en los asuntos importantes”

 

*Jorge Moruno Danzi es sociólogo

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 3 COMENTARIOS

3 .- todo muy bonito. Resumo la cuestión enunciando el que, para mi, es el principal problema. El problema de fondo. Y es un problema que no tiene un solo culpable, más bien es algo que se alimenta por ambas partes: por un lado es culpa de los jóvenes y por otro de la generación trincona, esa que nunca envejece, que sabe embrutecer y dominar a la masa. No me extiendo más. El problema: no somos capaces de ver como generación que la generación trincona actua como si fuese un hito evolutivo, fin en si misma. No debe nada a la anterior ni deja nada a la siguiente. Hay que quitarlos de en medio, sin miramientos. No hay otra.

salud

no logo

22/03/2011, 09:45 h.

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2 .-

Lo curioso es que, viendo a través de los ojos de la juventud el grado de degeneración e hipocresía que ha alcanzado la anormalidad de vida de una sociedad, ésta sigue aferrada a su profunda imbecilidad de 'hay que votar como buen ciudadano' y 'esfuérzate para poder ser con suerte un jodido mileurista'...

Es mucho más penosa la actitud de la generación 'senior', de la que el articulista da buena muestra, al no querer reconocer los muchos errores de concepción de su propia generación, que nos han conducido a la miseria moral y económica y que se siguen manteniendo a ultranza a pesar de su evidente invalidez...

Deseo y apoyaré cualquier movimiento que tuerza y rompa el brazo de esa nuestra cultura basada en la falsedad, el engaño y la puerca hipocresía...


Dr. Aragonz

22/03/2011, 09:10 h.

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1 .- Es muy sencillo. lo veo todos los días en mi universidad: los universitarios no leen la prensa, ni lo valoran. No sólo no saben nada de historia, sino que no le sinteresa lo que está ocurriendo. Hagan la prueba, pregúnteles por Mubarak o gadaffi.

agricol

20/03/2011, 12:41 h.

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