publicidad

  

OPINIÓN
TRIBUNA ,  

Economistas, políticos y sociedad: confianza triangular

Antonio Nogueira*.-  17/05/2011

Cada profesión suele tener una mentalidad propia y diferentes ideologías en liza. Es decir, diversas ideologías pueden rivalizar entre sí por hacerse con el control de una profesión, al mismo tiempo que en ésta es posible que predomine una mentalidad que, con variables o no, permea e influye en cada oficio.

La mentalidad se define para una profesión en su conjunto, mientras que las ideologías ayudan a comprender cuál es la posición de un determinado grupo de profesionales ante los problemas del mundo. Como ha señalado Mauro Guillén, “un economista puede ser autoritario, paternalista, calculador o tener un afán prescriptivo, pero eso no prejuzga que sea monetarista o keynesiano”.

Este mismo autor indica que entre los expertos económicos predomina una mentalidad que se subdivide, a su vez, en tres componentes análogos: 1º, la mentalidad de cálculo (el “non disputemus, sed calculemus”, de Leibniz); 2º, la mentalidad prescriptiva (“esta es la única política económica posible” sería su expresión más común); y 3º, la mentalidad de imperialismo científico, manifestada en el despliegue del aparato axiomático y matemático propio de la economía, en contraste con otras ciencias sociales, como son la ciencia política, la  historia o el derecho, entre otras.

Acerca de esta mentalidad generalizada, Kenneth Arrow ya resumió en The Limits of Organization (1974) que “el economista profesional se considera a sí mismo como el guardián de la racionalidad, el atribuyente de la racionalidad a los demás y el preceptista de racionalidad al mundo social”.

Predicadores

Un largo periodo de reformas moderadas implica el riesgo de que tanto los reformadores como la población se cansen de las reformas ante la ausencia de cambios visibles

En su célebre ensayo El economista como predicador George J. Stigler analizó cómo los economistas aconsejaban a las sociedades de su tiempo acerca de la conducta adecuada, descubriendo Stigler que aquellos más bien predicaron poco, entendiendo dicha predicación como una clara y motivada recomendación o denuncia de una determinada política social. Y es que para Stigler, salvo Adam Smith, los demás grandes economistas (David Ricardo, John S. Mill o Alfred Marshall) apenas se ocuparon en inclinar a los individuos hacia motivaciones elevadas o conductas meritorias. Esta situación, no obstante, no ha sido obstáculo para que el economista, según Stigler, no haya intentado mitigarla llegando a un público más amplio, ordenando los asuntos de naciones desordenadas, puesto que, citando a Mill “un disparate no deja de ser un disparate cuando hemos descubierto las apariencias que lo hicieron plausible”.

De este modo, los economistas deberían liberarse de ciertas cautelas, de cierta pasividad frente a la actividad política, que les permitiera criticar los objetivos de cualquier sociedad ilustrada. Asimismo, Stigler criticaba la tendencia entre economistas de refugiarse frecuentemente en la denuncia de políticas permanentemente equivocadas, si no va acompañada a su vez de una teoría de los errores, y reconocía en las conclusiones del ensayo que “somos bien recibidos  en la medida en que predicamos lo que la sociedad desea oír”.

Esta cuestión relativa a la comunicación o no entre el pueblo, los políticos y los economistas, ha sido afrontada recientemente por Pedro Schwartz, para quien los buenos consejos que éstos últimos puedan a dar, aunque ampliamente desoídos, no se debe a una mala voluntad o ceguera irracional de los dos primeros, sino a los defectos de la propia democracia, la cual necesita separar la buena política del populismo. Schwartz no se llama a engaño pues “los votantes en su mayoría no son liberales clásicos; sus preferencias reveladas son a favor de políticas anti-mercado o al menos que limiten los efectos de la libre competencia”, Si a los electores les convence poco el liberalismo, menos aún podría exigírseles a los políticos éste dentro de su agenda. Pese a ello, Schwartz se muestra optimista pues “la lenta domesticación de los intervencionistas es sin embargo posible porque los ciudadanos son capaces de aprender que sus preferencias no son siempre realizables y que les conviene más elegir la libertad”.

Todos los autores citados han planteado, por consiguiente, un modo de intervención pública de los economistas que no llegue a cumplir aquella admonición de  Lord Robbins que decía: “ser sólo economista equivale a no serlo o ser muy poca cosa”. O según también indicaba  Arthur Pigou, sería inadecuado para un economista refugiarse exclusivamente “en las ecuaciones del equilibrio general buscando en ellas paz y sosiego y huyendo de la polémica diaria e incómoda sobre las decisiones de política económica quedando así abandonada así en las manos incompetentes e irresponsables de los arbitristas”.

Mercado más eficiente

En la actualidad una mayoría de foros y tribunas especializadas proponen una serie de  reformas orientadas hacia un mercado más eficiente, para paliar los efectos de la crisis financiera desatada en 2008, provocando así una reducción transitoria del consumo agregado pero mejorando las condiciones de equilibrio entre oferta y demanda. No obstante, tales reformas en ocasiones tienen un coste social importante, pues de entrada perjudican a amplios grupos sociales, poniendo en peligro la dinámica política que condujo a ellas. Lo que se ha evidenciado empíricamente es que los ciudadanos aceptan los “tratamientos de caballo” que una estabilización económica supone si prevén un futuro personal más prometedor tras la severidad del ajuste.

En los años noventa así ocurrió para el caso de Polonia, Brasil, Argentina o Perú. En su informe de 1990 Transition from the Command to a Market Economy la OCDE manifestaba que si bien un enfoque gradualista puede causar menores tensiones sociales, un largo periodo de reformas moderadas implica el riesgo de que tanto los reformadores como la población “se cansen de las reformas”, ante la ausencia de cambios visibles.

Se trata, en definitiva, de encontrar una «triangulación de confianza», entre la sociedad, los economistas y la clase política,  puesto que los partidarios del `tratamiento de choque´ suelen estar convencidos de la mínima tolerancia al sacrificio por parte de la ciudadanía y sus dirigentes. Igualmente los políticos, -como señala el experto en transiciones económicas Adam Przeworski- optan por estrategias radicales siempre que confíen en la palabra de los tecnócratas que les aseguren que la economía habrá iniciado la recuperación en la siguiente fecha significativa del calendario electoral. Más allá de imperialismos prescriptivos o de apriorismos ideológicos entre unos y otros, se echa en falta un debate en serio sobre todo esto.

*Antonio Nogueira es economista.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 6 COMENTARIOS

6 .- Si un político hace una acción de política económica que es una mala idea, esperar 4 años para " castigar " mediante el voto,dicha acción es mucho tiempo si se esta en una crisis compleja y de mucha magnitud. Seria mejor contar con instituciones de expertos independientes no politizadas que hiciesen saltar las alarmas para poder actuar con previsión

Ramon13

18/05/2011, 16:51 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

5 .- ¿Por qué los economistas son los culpables de todos los males? Cuando la economía va mal, a los primeros que se les mira es a los economistas que deberían haberlo previsto, pero cuando la economía va bien es que los gobiernos han llevado sus políticas en la dirección correcta. Cuando estudiaba la carrera, en clase de Política Económica, me marcó una frase que mi profesor nos dejó cuando comparaba las teorías del positivismo y del normativismo y que venía a decir que, mientras el economista dice como es la economía, el político dice como debe ser. Un término medio en las políticas económicas se podría considerar aquel situado entre Adam Smith y J. M. Keynes, o sea, la mano invisible sería la del gobierno regulando con sutileza el mercado, pero sólo cuando la ocasión lo requiriese. El problema, los políticos con ideas de bombero, y que me disculpen los del gremio de bomberos, que ofertan disparates a precio de saldo y a cuenta del contribuyente sin atender a lo que los técnicos, economistas, le puedan aconsejar. Este país lo que necesitaría sería 4 años sin políticos para poner un poco de orden económico entre tanto desbarajuste y luego, volver a empezar de cero.

esternocleidomastoideo

18/05/2011, 12:59 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (1)

|

#

4 .-
Financieros, políticos y periodistas, estos últimos para el masaje, y puedes estar seguro, tener la absoluta confianza de que van a estrangular al contribuyente.

Amigo Sancho

18/05/2011, 12:47 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

3 .- los economistas podemos dar muchos consejos...pero no tenemos poder real.
las politicas nos vienen impuestas, muchos hemos alzado la voz hace muchos años sobre el desmantelamiento industrial de ESPAÑA, y en cambio ha seguido
¿que industria tenemos?¿sin industria como abosorver el paro?¿es que tiene que ser la construccion el motor>?
asi nunca saldremos hacia adelante

sesincero

18/05/2011, 11:12 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (1)

|

#

2 .- Me quedo con el argumento de Pedro Schwartz, para quien los buenos consejos que los economistas puedan a dar, aunque ampliamente desoídos, no se debe a una mala voluntad o ceguera irracional de los dos primeros, sino a los defectos de la propia democracia, la cual necesita separar la buena política del populismo

Creo que no solo cuestion de teorias economicas, porque hay relaciones geoestrategicas que por presion de paises o grupos de paises acaban invalidando las teorias mas validas. Sabiendo que muchos de los graves problemas actuales vienen de los desequilibrios globales, creo que hay ser mas pragmaticos y dirigirse a la creación de empresas, creacion de valor y creacion de empleo. Y entendiendose por pragmatismo hacer todo lo que sea necesario para crear empleo, aplicar la maxima flexibilidad posible. Despues ya tendremos tiempo de crear nuevas normas.

Ramon13

17/05/2011, 19:53 h.

 Responder

|

 Marcar como ofensivo

|

 Me gusta (0)

|

#

MÁS COLUMNAS DE OPINIÓN

TINTA DE VERANO

Walt Disney nació en Mojácar

Agustín Rivera

DIARIO DE ROBINSON

La huella de Madoff sigue viva en Mallorca

Matías Vallés

los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados
Ediciones anteriores      Suscripción al boletín                                              Anúnciate
Auditado por Ojd